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lunes, 3 de junio de 2013

Postura


Lo necesitaba, pero no lo sabía, se me había olvidado. Hemos esperado, más unidos que nunca, pero en un área extraña de tierra de nadie. Por supuesto, hemos seguido siendo y actuando como Amo y esclava, aunque seamos mucho más que eso.

Y sin embargo, ha sido algo tan sencillo y, antaño tan habitual, como postrarme a sus pies, lo que definitivamente me ha devuelto a mi esencia, el pistoletazo que marca el nuevo camino pero con los zapatos de siempre o... con los pies descalzos de siempre.

Ha sucedido cuando menos lo esperaba. Ni siquiera fue una orden: fue un deseo, lo que es mucho peor, porque ante una orden, es fácil rebelarse, la propia naturaleza de la orden te lo pide; pero un deseo, sobre todo si es del Amo, solo se puede desear cumplirlo, no existe rebelión posible.

Aunque nunca he dejado de servirle de distintos modos, la que llamamos mi postura me pareció un concepto abstracto de repente. "Es fácil", respondí entre sonrisas que intentaban camuflar mi pequeño dilema. Pero no lo era. Mi postura significaba que realmente seguía permaneciendo, además de todo lo demás, su esclava. Que mi Amo y yo somos iguales, pero diferentes. Que mi orgullo, en fin, debía seguir siendo flexible ante su voluntad y doblegarse sin titubear.

Pero titubeé. Un segundo, nada más. Con la mirada, porque no me atrevía a decir nada, porque no quería decepcionarle. Mi orgullo se había endurecido. Él lo supo, y repitió su deseo acompañado de una dulzura que no daba lugar a vacilación alguna.

Y la esclava le sirvió, esta vez, como nunca antes lo había podido hacer.


lunes, 11 de febrero de 2013

Harta. El objeto de la discordia.

El objeto de todos los males

Tengo un Amo que no es un Amo, es el demonio encarnado. De hecho, para ser fieles a la verdad, yo no tengo un Amo, sino que Él me tiene a mí, esa es la fuente original de todos los males. Si fuera al revés, otro gallo nos cantaría.

Porque la cuestión no es que Él no tenga idea buena, sino que además, reincide en la idea mala con gusto y regusto. El Señor no se conforma con delinquir una vez... noooooo, qué va. Si delinquimos y gusta, repetimos, como con las natillas. ¡Con la variedad que existe en el BDSM!

Pues bien, servidora está harta, cansada y hasta los mísmisimos ovarios de los caprichos del Señor. Y es que, haciendo recuento, resulta que siempre que nos vemos, mi Señor Amo se las apaña para que el resto de la humanidad vea mi culo. Da igual si vamos en Metro, si estamos en medio de un pueblo, si en la playa aún queda gente, si el museo está que no cabe un alfiler... Siempre da igual, tiene que enseñar MI culo. Bueno, vale, es suyo también (je, tengo un Amo con dos culos, superad eso), pero la que lo lleva y sufre las penas soy yo.

¿Que llevo panties con el vestido? Él sube el vestido y baja los panties. ¿Acaso se me ha ocurrido ponerme pantalones? Abajo que van, por muy descarado que sea. ¿Que no llevo nada debajo de la falda por imperativo divino? ¡Adivina qué toca, masoca!

Una, he de reconocerlo, tiene su puntillo exhibicionista. Así que me da relativamente igual que enseñe fotos mías a sus amigotes y amigotas. Pero una cosa es esa, porque a sus amigotes no les conozco (aún, ni creo que me queden ganas si no es enmarascada y con un muro de por medio), y otra muy distinta ponerme en evidencia delante de media España. Sitio por el que pasamos, sitio que mi culo acaba visitando también "al natural".

Él dice que  claro, que con ese culo que Él tiene (y que llevo yo, que más quisiera Él, que lo siento mucho, pero no tiene na), que tiene que lucirlo y enseñarlo para que el resto de la humanidad también disfrute, que compartir es vivir, y que, qué narices, le gusta presumir de ello.

Que no digo que no, que me parece muy bien, pero que hay formas y formas. Y es que el Señor me ha hecho cada una... y no quiero ni imaginar las que me quedan aún.

Aquí la que suscribe, ha intentado alguna vez rebelarse in situ ante tamaña desfachatez (por muy Amo mío que sea, no deja de ser una desfachatez) pero os aseguro que fue peor el remedio que la enfermedad, porque si dejándome hacer, ve mi culo media España, negándome lo ve España entera y parte del resto del mundo.

Así que, después de resistirme un par de veces, he desistido y simplemente obedezco y rezo mientras, por que no lo vea nadie, que al Amo no le dure el capricho mucho tiempo, y que todo pase pronto.

¡Ese Sindicato, por favor, dónde está cuando lo necesitamos!


domingo, 30 de diciembre de 2012

Sobre grados de humildad

David Samson
Todos sabemos que la religión católica guarda ciertas similitudes con el BDSM. Y si algunos no habíais caído, ya estáis abriendo los ojos. Ciertamente no es la única religión que practica con arte perfeccionado durante milenios el sometimiento, pero por estos lugares de Dios, es la más conocida y, aunque no mucho, la más practicada también.

Leyendo, leyendo, una llega hasta los doce grados de humildad que describió San Benito. Y como con la Navidad una se vuelve algo más pía, he decidido que en el BDSM también deberíamos tener algo así. Los describiré en femenino, porque soy mujer. Si algún sumiso/esclavo quiere adaptarlos a su sentir, puede hacerlo, citando la fuente, claro.

Al igual que los grados descritos por el santo, estos también van de menor a mayor, de más fáciles a más complejos. Es una escalera que se sube bajando:
  • XII: Es humilde en su porte externo.
El duodécimo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no solo sea humilde en su interior, sino que también lo manifieste en su porte externo a aquellos que le observan. Esto incluye el entorno laboral, familiar, con el Amo, sin Él, de viaje, sentada, caminando, o de pie. Tendrá siempre inclinada la cabeza y los ojos fijos en el suelo.
  • XI: Habla con sencillez.
El undécimo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava, al hablar, lo haga suavemente, sin risas, con humildad, seriedad y pocas palabras, sin voces.
  • X: Es recatada en el reir.
El décimo grado de humildad consiste en no ser de risa fácil y pronta, pues está escrito que "el necio ríe a carcajadas".
  • IX: No habla si no es preguntada.
El noveno grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no deje hablar a la lengua y, guardando silencio, no hable hasta que le pregunte.
  • VIII: No obra por su cuenta.
El octavo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no haga más de lo que le proponen las normas comunes de su Señor, y el ejemplo de sus hermanas o hermanos mayores, si los hubiera.
  • VII: Se considera la última.
El séptimo grado de humildad consiste en creerse la última de las/os hermanas/os, no solo de palabra, sino en lo más profundo de su corazón.
  • VI: Acepta de corazón todas las privaciones y tareas más humildes.
El sexto grado de humildad consiste en contentarse con aquello que su Señor le da, aunque lo considere despreciable y no le agrade.
  • V: Confiesa humildemente.
El quinto grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no oculta a su Señor, en humilde confesión, todos los malos pensamientos ni el mal hecho a escondidas.
  • IV: Sufre con paciencia las injurias sin quejarse.
El cuarto grado de humildad consiste en armarse interiormente de paciencia cuando, al obedecer, se le presenten situaciones difíciles e ingratas, o incluso hirientes.
  • III: Es obediente a su Señor hasta la muerte.
El tercer grado de humildad consiste en que, por reverencia y sumisión a su Señor, la sumisa/esclava se someta a Él con total obediencia, imitándole, de quien dice el apóstol "se rebajó hasta someterse a la muerte".

  • II: No viene a hacer su voluntad.
El segundo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no ama la propia voluntad, ni satisface otro deseo suyo que no sea el de estar a disposición plena de los deseos de su Señor.

  • I: Se abstiene por sumisión a su Señor, en todo momento, de cualquier falta.
El primer grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava tiene siempre presente la sumisión y respeto  a su Señor, sin dejarlo en el olvido. Recuerda siempre las normas que Él le ha dado.

Nota: Ni mi Dueño ni yo somos particularmente protocolarios. Estos doce grados, si se toman literalmente, sin duda lo son. Sin embargo, creo que de cada uno de ellos, pueden extraerse enseñanzas aplicables en ciertos momentos o situaciones. Qué aproveche.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Te he reñido

The Great Wukong
Hoy ha tirado de la correa, fuerte, ha frenado a su perra, le ha parado.

Su perra, que va siendo adiestrada, no se ha revuelto, sabe la que le espera si lo hace. Ha acatado, aunque deseaba explotar. Después, Él le ha acariciado la cabeza, buena chica, y ha sido el más dulce entre los dulces, porque se ha puesto en su lugar, y también comprende, aunque eso no significa que permita ciertos comportamientos.

Ella sabe cuándo comienza a sobrepasarse, y cuándo puede notar ese tirón. Pero, digamos, no lo puede evitar en ese momento.

Ella nota su poder, la tensión amarrada de su cuello, controlando esa furia que ella sola no puede acallar. Otra pequeña fuerza, en forma de ira, va creciendo exponencialmente cuando se nota encadenada, limitada, coartada. Y esa... sí que debe controlarla.

A ella le gusta sentir su mando, su autoridad, aunque se vuelva a ver como una niña que está siendo regañada, sin poder decidir por sí misma en ese momento, a sabiendas de que la obediencia, esta vez, prima sobre todo lo que desee y su instinto más primario le empuje a hacer.

No es una mujer que pueda discutir en igualdad de condiciones, no en esa ocasión. Es posible que hace cinco minutos haya regañado a su Dueño por alguna imprudencia de Él, pero ahora las circunstancias son otras; ahora se trata de la esclava que busca servir, la perra que debe encontrar su aprobación, la mujer que quiere alcanzar su bien.

La mujer independiente, eficaz, inteligente, tiene que arrodillarse ahora y facilitar el camino a la esclava, que pugna por demostrar que lo es, por someterse a la persona en la que confía ciegamente. Por un instante, ella se ve desde fuera, y comprueba como dos caracteres con el mismo cuerpo, pugnan por alzarse el uno sobre el otro.

Se revuelven en el barro de manera silenciosa, a cámara lenta, mientras el Amo tensa la cuerda, esperando pero firme. Él intuye qué sucede, y deja que todo pase. Ella, por fin, muestra a la esclava, a la perra, a la mujer rendida, sin demasiado entusiasmo.

El regocijo viene después, cuando nota su mano acariciando el cuello, la cabeza, sus palabras sanadoras, y comprende que, por fin, ha hecho bien, y lo ha logrado.

Luego se queda pensando... Es duro, pero es lo que desea, justo como lo necesita. Él, complacido y risueño, lo sabe y, travieso, se lo recordará después: "te he reñido..."


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Entrega verdadera



Porque a veces lo increíble existe. Ya van dos mujeres árabes, que buscan una novia a su marido, se preocupan porque sea del agrado de él, que esté acorde con las expectativas de ambos, y se encargan de organizar la boda que incluirá al nuevo miembro en el matrimonio.

Supongo que la mayoría de los presentes en el mundo vainilla alucinarán con esta noticia, y criticarán a esta mujer porque considerarán que esa manera de actuar le degrada. Es posible que también muchos de los que amamos el BDSM caigamos en esa misma opinión.

A mí, sin embargo, me parece la más grande muestra de amor y de confianza en el otro. Cierto es que lo miro desde el punto de vista de la sumisión, de la mía, en concreto. Como también es verdad que estoy muy segura de lo que tengo, y de quién me tiene y de qué manera.

La primera vez que leí algo así, fue en la autobiografía Flor del Desierto, de la modelo somalí y embajadora de la ONU, Waris Dirie. De por sí, recomiendo su lectura, porque toca muchos temas, en particular la represión a la que está sometida la mujer en Somalia. Ella relata que creció en una familia nómada, compuesta fundamentalmente por numerosos hermanos, su padre y su madre. En una de las partes de la historia, la madre se encuentra demasiado mayor para realizar las labores que se le suponen, así como el de dar descendencia. Así que decide buscar una muchacha jovencita y fuerte como nueva esposa para su marido.

La encuentra, y el marido monta en cólera en un principio, porque él la quería a ella, no deseaba casarse con otra, aunque sí tuviera ojos para la carne joven. Sin embargo, acepta casarse con ella. Esta resulta ser extremadamente vaga y caprichosa, para disgusto del clan familiar. Las maneras en que deciden reeducarla no son especialmente de mi agrado (no hay consenso, es demasiado salvaje). Pero me hizo pensar en cómo la madre, la primera esposa, decide mejorar el bienestar de su marido y agradarle. Luego los planes se trastocaron, porque cierto es que una tercera persona en una relación de dos, puede afectar de mil maneras, positivas o negativas.

Y volviendo a la noticia que ha originado este post, no estoy de acuerdo en que la mujer saudí tenga que pedir perdón por su esterilidad. Eso es algo que se ha dado de esa manera, y nadie debe disculparse. Además, a no ser que se haya confirmado mediante pruebas, el culpable puede ser el marido. Sin embargo, el acto llevado a cabo me parece precioso, valiente por lo inusual incluso entre su propia gente, y generoso. Supongo que esa mujer será una sumisa de vocación, y no solo por los valores culturales que se le hayan transmitido. Alguien que es sumisa a la fuerza, sin consenso, y que está mal tratada y es maltratada, no actúa así.

Ojalá que sean felices y consigan sus deseos.

viernes, 28 de enero de 2011

Sexualidad de sumisa vs. sexualidad sumisa



Sexualidad de sumisa, que no sexualidad sumisa. Es diferente. Andaba yo pensando en los movimientos a favor de la sexualidad de la mujer, como reacción lógica y esperable ante la dominancia masculina en este terreno, y pasotismo e ignorancia ante la sexualidad femenina por parte de todo el mundo y a lo largo de la historia.

Me parece que es cierto, que es así por desgracia, por eso siguen existiendo días como el de la Mujer Trabajadora. Claro que, luego está la otra cara de la moneda, porque este tipo de movimientos, tienen dos lecturas. Te dicen que la mujer no debe ser sumisa del hombre en el terreno sexual, que debe tenerse en cuenta a sí misma, hacernos valer, hacernos ver, hacer notar que nosotras también tenemos necesidades: el morbo, la variación de juegos, los famosos preliminares, que sepamos qué es un orgasmo... esas cosas.

Y entonces cómo no hacerse preguntas: ¿es que al ser esclava no estoy disfrutando de mi sexualidad? ¿Estoy haciendo algo incorrecto? ¿Me estoy despreciando y depreciando? Si no leemos atenta y correctamente, es tan fácil caer en esto...

Pero si soy capaz de hacerme preguntas, soy capaz de darme respuestas. No siempre es así, pero esta vez he tenido suerte. Al menos, he encontrado respuestas que me satisfacen.

Como persona, como mujer, he aprendido acerca de mi sexualidad, superando ideas culturales negativas sobre ello, indagando, probando, tomándolo como algo natural. O, al menos, eso he intentado. De la misma manera, ya como persona adulta, como mujer siempre, he decidido que para satisfacerme en esta parte de mí es necesario entregarlo, entregarme. Y así entraríamos en lo de siempre, aunque yo creo que va quedando cada vez más claro: sí, el placer del Amo está siempre por encima del de la sumisa. Pero si a las sumisas o esclavas, no nos satisfaciera, no lo seríamos, no estaríamos aquí (excluyo situaciones patológicas).

Si a mí me gusta complacer a la Persona a la que pertenezco, he decidido que obtendré mi placer por esa vía. Y, por supuesto, a esa Persona le tiene que gustar poseerme y cómo le complazco.

Si algo cambiara y, por cualquier motivo, esto dejara de ser así, seguramente llegaría un momento en que no podría soportarlo más (al fin y al cabo, ¡no he dejado de ser persona!), y pediría mi liberación. O incluso es posible que el Amo lo captara y decidiera que lo más conveniente para los dos, fuera liberarme (opciones que, dicho sea de paso, ahora mismo no me apetece ni nombrar). Parece contradictorio, porque todos sabemos qué tipos de juegos se pueden dar aquí: control del orgasmo, azotes, cesiones, bondage, exhibiciones... Acciones que, a priori, podría parecer que sólo satisfacen al Amo. Incluso a veces nos quejamos mientras se llevan a cabo. Pero todas sabemos que es con la boca pequeña. Porque cuando tengamos una queja seria, utilizaremos la palabra de seguridad, o si no es necesario llegar a tanto, lo hablaremos después.

Es curioso, entonces, que tantas feministas se erijan en favor de una única verdad, y pidan a gritos que no sigamos juegos de sumisión o, incluso, que nos erijamos como Dominantes, única y exclusivamente. Me siento realmente ofendida cuando veo o leo algo relacionado con estos temas y tratado de esta manera. ¿Quiénes son estas señoras para hablar en mi nombre?

Cierto que sigue existiendo la sexualidad sumisa: la sexualidad no reconocida de la mujer, la sexualidad maltratada, donde a la mujer no le está permitido disfrutar nunca (¿hablamos de ablaciones?), donde la mujer es violada y vejada de múltiples maneras con total impunidad por parte de los poderes establecidos. Y por esto es conveniente continuar la lucha.

Pero eso no es lo mismo que la sexualidad de sumisa: me someto porque me gusta, porque así lo decidí, porque existen Personas a las que también les gusta recibir esa entrega, saben apreciarla, manejarla correctamente, sin despojarme de mi dignidad de persona o, incluso, potenciándola.

Y eso no es todo. No sólo me refiero a la parte física y fisiológica de todo esto. Resulta que, como a otras muchas, también me gusta entregar lo demás: mi tiempo, mi pensamientos, mi día a día. Señoras feministas, sean justas a la hora de exigir igualdad, que esa igualdad sea real, tan real como para que me dejen decidir qué quiero hacer con mi vida en general y mi sexualidad en particular. Dejen de mirar con ojo crítico todo aquello que no coincide con sus reducidas miras. ¿Por qué no se las oye cuando en un anuncio vemos a una mujer en actitud dominante con uno o varios hombres, pero sí al contrario?

Tenemos una historia a nuestras espaldas que aún pesa mucho, pero con actitudes desiguales y discriminaciones positivas nunca vamos a superarla.

En fin, lamento la parrafada, pero me apetecía escribirlo. Buen fin de semana.

sábado, 22 de enero de 2011

Cómo ser la sumisa/esclava perfecta

Últimamente no hago más que dar con textos que hablan de cómo es el Amo perfecto, o cómo debe ser una sumisa, tanto desde el punto de vista del Amo, como de las propias sumisas. Y como a mí también me gusta opinar, y aquí opina hasta el apuntador, no voy a ser yo menos, faltaría más. Así que, ahí van:

Duda, deja que las dudas pasen por tu mente, no vas a poder evitarlas, son parte de ti, y también son parte del encanto, aunque sean duras y cueste superarlas.

Desobedece. Adrede no, mujer, que no es eso. A escondidas tampoco, qué gracia va a tener si no. Pero desobedece, porque saldrá de ti también en alguna ocasión. No somos perfectas, por fortuna, y no siempre vamos a poder estar a la altura de lo que se nos exige en cada momento. Aunque luego realmente, sólo por el hecho de haberlo intentado, sí alcancemos ese listón sin ser conscientes. Y porque cometer errores, a veces, también es bonito.

Vive tu vida. O, bueno, Su vida, pero vívela a tu manera. No dejes que Él sea el centro de tu Universo. Se aburrirá, y no podrás regalarle otras experiencias y una vida a parte de la Suya. Él es tu centro, claro que sí, pero por eso necesitas darle lo que Él por sí mismo no podrá obtener.

A parte del respeto mutuo, el humor, y todas esas cosas, habla. Cuéntale todo lo anterior, tus dudas, tus desobediencias, si es que Él no las ha visto ya antes. Y no digas siempre toda la verdad, sobre todo si no te la preguntan, para poder seguir siendo tú, juguetona, sin dejar de ser como a Él le gusta. Pero no le mientas. Nunca.

Sigue luchando. No te abandones. Que pertenezcas a Alguien, no significa que puedas relajarte. Ahora te toca seguir trabajando por que la ilusión no se pierda, todo funcione, que Él pueda seguir estando orgulloso, tú también, y los dos estéis bien. Tú también eres responsable de Él, de los dos.

Pasa de todos los consejos que leas. De estos también. Cada persona somos un mundo, y cada relación más aún, un universo completo. Así que, excepto las consabidas siglas SSC, no existen normas escritas. Y de las que leemos por ahí, ¿quién no ha roto alguna, alguna vez? ¿Quién no se ha dejado llevar por la imprudencia en ciertas ocasiones? ¿Quién no se ha dejado hacer o ha hecho algo de lo que siempre renegó?

Sé imperfecta. Aunque, en fin, esto es inevitable. Tu Amo también lo es, y es importante ser consciente de ello también.

Esto mismo también se puede aplicar a otro tipo de relaciones D/s, como Ama/sumiso, Ama/esclava, Tutor/sumisa, Amo/esclavas... Lo he escrito como Amo/esclava, porque es mi situación.

Dejo un video de Luz...



No sé como salí,

no sé como emergí
de aquel mar de dudas,
el agua era oscura.

No podía flotar,
no podía encontrar
lugar donde asirme,
no vi tierra firme.

Aquí estoy bien,
aquí estoy bien,
todo lo que quiero está aquí
y si me lo pides me quedo,
y si me lo pides me quedo.

No sé qué hay más allá,
no me he parao a pensar
si el viento canalla
me roba la playa.

Solo quiero sentir
que tú sigues aquí,
me envuelvo en tu aliento
viviendo el momento.

Aquí estoy bien, aqui estoy bien,
todo lo que quiero está aquí
y si me lo pides me quedo,
y si me lo pides me quedo...

domingo, 17 de octubre de 2010

Sumiso vs. esclavo


Acabo de leer un post de rotti{URS}, sumiso de URSULA, dos personas a las que admiro mucho. Mi intención era contestarle en un comentario de su entrada, pero a Blogger le parece que son demasiadas letras, y no me lo permite. Así que voy a exponerlo aquí.

Voy a discrepar desde mi postura como esclava.
"Un esclavo ante una tarea diaria inacabada esperara el castigo, los sumisos esperamos quizás algo de indulgencia."

Ante una tarea inacabada, puedo esperar también indulgencia. ¡A saber por qué no la he terminado! Y, además de esclava, sigo siendo persona, es decir, imperfecta.
"Los límites de un esclavo en principio son más que elevados que los nuestros, el compromiso con su Dominante son mayores, ya que al Dominante se le permite un control más amplio e integro de sus vidas."
Mis límites no son más elevados que los de un sumiso. Simplemente, se los entregué a Él para que los gestione. Aunque sí que es posible que mi compromiso, por tanto, sea mayor con mi Dueño, exige una confianza total (pero no ciega. Siempre ven más cuatro ojos que dos, y eso Él lo agradece).
"El esclavo desarrolla su entrega en el absoluto (yo no tengo el control de nada), su único objetivo es como hacer más feliz y en como ser mejor para su Ama. En cambio los sumisos tendemos a pensar en el conjunto de los dos en esa ecuación."
Yo sé que si no soy feliz, no podré hacer feliz a mi Dueño. Y mi Dueño lo sabe también. Otra cuestión distinta es que sea Él quien tenga la última palabra en todo.
"Un esclavo no tiene deseos propios, un sumiso si. Cuando su Ama, hace algo más allá, lo percibe como un premio, no como una necesidad cubierta."
¿Que un esclavo no tiene deseos propios? Madre mía... ahora resulta que voy a ser un robot. ¡Claro que tengo deseos propios! Incluso mi Dueño me pregunta por ellos, le interesa saberlos. Pero también se los hago saber por iniciativa propia. Y, sí, efectivamente, considero un premio la satisfacción de alguno de ellos.
"Un esclavo ve la relación mas delineada y vacía de “atrezzos” como pueden ser los mimos por ejemplo, esto no quiere decir que no los agradezcan, pero si que lo ven y perciben como un lujo."
¿Los mimos un lujo? Ay, mi madre, ¡¡con lo mimoso que es mi Dueño!! ¿Si el Dueño es mimoso, entonces debe cohibirse con su esclava porque 'no toca'? Como esclava, necesito mimos, y eso implica que, si los veo como un lujo, no soy feliz. Y... mi Dueño no persigue mi infelicidad. Es más, te puedo decir que siendo sumisa, recibí muchísimos menos mimos. Irónico, ¿no?
"Están siempre preparados para hacer tareas no deseadas, preparados para empujar los límites, simplemente por el placer del Ama, esperando usar el total de sus habilidades, para complacerlos."
Y no, no estoy preparada para empujar mis límites. Me gustaría estarlo por mi Amo, eso lo tengo claro, pero soy humana y conozco perfectamente mis limitaciones... y mis límites. Sola, no puedo rechazarlos, por eso de prepararme se encarga mi Dueño.
"No esperan para nada que se les consulte, opinen o sientan (aunque lo sientan) simplemente no lo expresan a no ser que su Ama se lo requiera."
¿Que no espero que se me consulte, opine o sienta? Mi Dueño cuenta conmigo siempre que piensa en algo, que sabe que quizá me cueste o no me guste. Otra cuestión distinta es que opine como yo o no. Por otro lado, tampoco puedo reprimir mis opiniones ni sentimientos, y se los hago llegar. Para Él, además, conocerlos le otorga un mayor control sobre la situación, lo que siempre redunda en mayor seguridad para mí.

"El esclavo no establece límites en las actividades para con su Ama. Los sumisos, tenemos límites duros que un Dominante no puede cruzar del todo y límites suaves que pueden ampliarse… previa conversación al respecto. El esclavo se limita solo ha aceptar, ni tan siquiera sugerirá que no puede “jugar” de ese modo o con un determinado artilugio."
Verás, la diferencia es que yo le entregué todos los límites a mi Dueño para que Él los gestione. Y a mí Dueño le gusta que yo tenga iniciativa. Para todo lo demás, las muñecas hinchables están bien, no se quejan, no piensan... pero no creo que sea lo que Él busca.
"El esclavo nunca se planteara finalizar una relación, aunque disponga de los medios y herramientas para ello (las tiene porque se fijaron antes de la entrega de collar)"
Sé que es posible que esta relación tenga un final, porque Él decida romperla o porque un día quizá yo no quiera continuarla. Sin embargo, también soy consciente de que, en este último caso, tendría que pedirle a Él que me liberase, no podría irme sin más. Pero estos pasos tuve que seguirlos en su día como sumisa.
"El factor que nos diferencia son las visiones que tenemos de los límites de la sumisión, un esclavo no establece ninguno, un sumiso si, la diferencia esta en el factor personal… en uno existe… en el otro no."
El factor que nos diferencia, en mi humilde opinión, son los límites. Un esclavo deja los límites en manos de su Amo, lo que implica una mayor confianza, y exige de Él responsabilidad, cautela, paciencia. Un sumiso no, se guarda alguno para sí (lo que no implica que su Amo no tenga que ser responsable, cauto o paciente). Por otro lado, es posible que tengas razón y, como afirmabas al principio, también influya la manera de entregarse, de vivirlo... Pero estas son cuestiones tan personales, que no me atrevo a generalizar.

Y, efectivamente, una cosa no es mejor que la otra. A cada cual, lo suyo.

Un beso grande para ti, rotti{URS}, y también para tu Señora URSULA

PD: La otra opción es que quizá yo no sea esclava, y sin embargo, lo soy.

sábado, 2 de octubre de 2010

Todo llegó



El tiempo, travieso, convirtió en eternos los primeros días. Así que, cuando el último de esos días llamó a mi puerta, me pilló con la bata de guatiné y la pasta de dientes en la comisura. De esta guisa, no podría nunca hacer carrera. Así que, intentando mantener la calma, me propuse intentar caminar por ese día como si fuera cualquier otro.

Error.

Aunque intentara distraerme con detalles insignificantes en mi rutina diaria, como la aparición de un elefante rosa en mi entorno laboral, la visión de un bonsai gigante en mi nevera o un ataque de abejas reinas en mi clase de diseño, yo continuaba pensando en lo que sucedería unas horas más tarde.

De hecho, mis neuronas se me revolucionaron, y se convirtieron en una fábrica a destajo de dudas inútiles. Una manera como otra cualquiera de pasar los nervios, que no mejoraron con la intravenosa de cafeína. Sin embargo, descubrí mi as en la manga, en forma de varias certezas: sabía quién, qué y de Quién era yo. Esto último, sobre todo, barrió cualquier resto de estupidez que rondara por ahí, para dejar al descubierto la Confianza, a la que habían sepultado de mala manera esas dudas oportunistas.

Y las horas también pasaron. Y la distancia se iba reduciendo. Y yo sabía que mis nervios intentaban explorar el futuro inmediato inútilmente.

Toc-toc sobre la puerta, que se abre, y me encuentra con una cara bien conocida, a pesar de haberla visto escasas veces (sí, mi memoria, a veces, es como un perro fiel). Mi ser de sumisa, de esclava, se despierta ante Él; está deseando darse, pero otra parte de mí pide más tiempo. ¿Más aún? Más aún.

Mi Dueño, sabio, paciente, me lo da. Sabe que soy suya, no hay prisa, y estoy donde debo estar. ¿Estoy segura? Sí, lo estoy. Mi viaje al Paraíso acaba de empezar.

Me siento única, en mi lugar, cómoda, pero también alerta, preparada para aquello que Él desee de mí. Y aquello que Él deseaba de mí, me sorprendió, me excitó, me sacudió de arriba a abajo, me cortó, le ofreció mi dolor, mi temor y mi deseo. Expresarme como sumisa, como esclava ante Él, reconocerle como lo que es, me resultaba natural. Mi rol lo vivía como tal, sin necesidad de aditamentos. Lo detallaría más pero... prefiero recrearlo en mi memoria.

Cuando parecia que todo había pasado a un tranquilo momento de stand by, resurgió...y esta vez en compañía. Un chico justo en frente de mí, me miraba con curiosidad, riendo, y lo comentaba con su amiga en otro idioma. Yo miraba a mi Dueño, que continuaba su labor con media sonrisilla traviesa.  ¿Por qué esto sí lo cuento? Porque me sorprendí a mí misma dejándome hacer en una situación que otrora hubiera negado con rotundidad; porque me encontré, además, devolviéndole, desafiante, la mirada al chico con un mensaje: "sí, es mi Dueño y le pertenezco. Por eso usa su derecho sobre mí." Aunque, eso sí, también comprendí que disimular en ciertas circunstancias este tipo de placeres, pasa a ser misión imposible.

Después llegó otro momento que temía... ¿cómo reaccionaría yo? ¿sería capaz de llevarlo bien? ¿cómo se comportaría mi Dueño? ¿Cómo...? Y la comodidad y el placer de una conversación entretenida, terminó barriendo estas dudas también.

Gracias, mi Dueño.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Tu gata.

 

Acabo de encontrar esta imagen, y acabo de recordar todo otra vez. Gracias.

viernes, 20 de agosto de 2010

¿Sumisa o esclava?

Foto: André Brito

En este camino que empecé hace tiempo, o no tanto, según quien lo juzgue, las distintas experiencias han ido perfilando lo que soy y lo que no. Llegó un momento en que me definí a mí misma como sumisa, no como esclava, aún sin saber motu proprio en qué consistía exactamente eso de la esclavitud D/s: si aparecían la persona y momentos adecuados, ¿sería capaz de serlo?

Ayer, durante una conversación, vi mucho más claro la respuesta a la pregunta anterior: No. No puedo ser esclava. Y que me disculpen las que lo sean y sus Dueños si les molesta mi argumentación.

Cuando mi Amo aceptó poseerme, me entregué con confianza plena. Pero... ¿qué implicaciones acompañan a esta confianza, y cuáles no?

Según mi criterio, mi confianza en Él entraña que sé que no persigue mi mal (ya me explicó una vez que provocarme daño sería provocárselo a Él mismo) y, por tanto, sus órdenes tampoco y no debe haber duda para acatarlas. Confianza en Él también significa que conozco que no me oculta nada importante que me ataña, ni me miente, pudiendo abandonarme a Él en mi entrega. Si yo fuera Dominante, creo que afirmaría que todo esto puede aplicarse del Amo hacia su sumiso, adaptada cada  razón a su rol . Que me corrijan si estoy equivocada.

Sin embargo, como sumisa, mi confianza no conlleva acatar absolutamente todos los deseos de mi Dueño sin cuestionármelos. Y eso no significa que no vaya a obedecerle. Sencillamente, asumo que ni Él ni yo somos perfectos; mi Amo puede equivocarse en un momento dado o no medir bien las consecuencias de un determinado capricho suyo.Yo puedo interpretar un deseo suyo erróneamente o bloquearme en un momento dado. Pero hablando, dicen, se entiende la gente, y los Amos y las sumisas no somos la excepción.

Esa confianza, además, no es sinónimo de eliminación y anulación de los pensamientos y personalidad de la sumisa. Como sumisa y persona, tengo mis opiniones, mis circunstancias, mis creencias y mis valoraciones morales. Algunos pueden moldearse y adaptarse según los deseos de mi Dueño, otros son intocables. ¿Constituyen límites en el proceso de mi educación? Tan límites como el que yo sea mujer y no hombre, que tenga determinada edad, que no sepa hablar quechua, o que este viviendo en esta época  y sociedad y no en otras. Son inherentes a mí, son yo.

Puede sonar subversivo, no lo sé. Forman las razones por las que creo que nunca me convertiré en esclava, si tengo bien entendido este concepto. Y, sin embargo, me gusta la sumisión.