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sábado, 5 de enero de 2013
jueves, 27 de diciembre de 2012
De sumisas burguesas, bofetadas, y realidad
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| Ilustración: Paramnesia |
Hace una temporada que mis incursiones en el chat vuelven a ser frecuentes (pero no con el nick de descalza, quede claro). Gracias a este medio tengo la oportunidad de compartir los puntos de vista de otras personas sobre este mundo porque, por suerte, de vez en cuando surge alguna conversación interesante, con respeto por ambas partes y sin mayor interés que el de charlar.
Sin embargo este post no surge de esas buenas conversaciones, sino de las mantenidas últimamente con dos personas con el rol de Dominante, que no dejan de ser curiosas. Ambos saben que ya pertenezco a Alguien.
El primero de ellos, al que llamaremos B1, me sorprendió hace unos días con un pensamiento un tanto particular. Según él, yo era bastante burguesa como sumisa. Parece ser que exijo demasiado si tras alguna humillación o algún uso o, simplemente porque sí, necesito que con gestos, un abrazo, un beso o con palabras, me refuercen y me valoren.
Sí, soy burguesa porque no aguantaría 24 horas del día, 7 días a la semana que me trataran como a un escombro, a una cualquiera, como a una zorra, una cosa, un animal, sin más.
Soy burguesa porque, a pesar de tener un nivel de autoestima adecuado,ese nivel no es infinito, y no se alimenta simplemente de pensar, ni siquiera comprobar, que mi Amo está satisfecho una vez me ha usado, cedido, violado, humillado, azotado.
Soy burguesa porque mi autoestima necesita de vez en cuando que me recuerden que mi entrega es valiosa, y que continúo siendo persona además de esclava.
Soy burguesa porque pienso que una esclava debe ser alguien completo, con sus ideas, sus apetencias, sus necesidades, a pesar de que sepa que todo esto está en manos de mi Amo.
Está claro que B1 no quiere burguesas. Si alguna de las lectoras es una sumisa/esclava plebeya, pasen por su despacho, por favor.
El segundo del que hablaré, B2, parecía ser una persona con la que poder tratar cualquier tema. Hasta que un buen día, sin venir a cuento, sus pies comenzaron a explorar terreno fuera del tiesto, confundiendo respeto con sumisión hacia él, llegando a darme una bofetada... ciber, de acuerdo, pero bofetada.
Podréis imaginar mi cara de asombro ante semejante demostración de "dominación" ¿Quién es nadie para tocarme, si no es mi Amo ni ninguna persona autorizada por Él? Y sin embargo, algo me dice que ante un café humeante y real, su comportamiento no variaría.
Es por ello que suelo ser reticente a encuentros cara a cara con personas conocidas por el chat. Antes bien, miro muy y mucho con quién, y rehúyo las grandes quedadas. Y quizá también por este motivo, encuentro placenteras y valoro mucho las charlas que surgen mirando a los ojos de aquellos/as, contados con los dedos de la mano, con los que de vez en cuando me gusta compartir unas horas de realidad.
Huellas:
BDSM,
pensamientos
domingo, 2 de diciembre de 2012
Preguntas
Como a todos, en mayor o menor medida, a veces me da por hacerme preguntas. De algunas, nunca encuentro la respuesta, por eso vuelven a mí, de manera recurrente, cada cierto tiempo. Estas son algunas de las que se me pasan por la cabeza hoy:
1ª Por qué necesito el BDSM.
No es que me guste, no, es que lo necesito. El BDSM me aporta riqueza en muchos aspectos: a nivel de modo de vida, a nivel de afectos, a nivel sexual... Y sin embargo, no a todo el mundo le surge esta necesidad, y por eso ciertas personas son vainillas, y otras no lo somos.
Además, lo llevo en mí desde que tengo uso de razón, aunque dicho así, suene exagerado. Otra cuestión distinta es que no supiera ponerle nombre hasta hace unos pocos años. El BDSM no se contempla como opción, como modo de vida, y no es algo a lo que se pueda acceder fácilmente, aunque reconozco que internet es un gran paso para ello, por muchos contras que tenga.
Pero alguna vez, esporádicamente, eso sí, lo veo como una complicación. Me da por ponerme en el lugar de las personas que me rodean, si lo supieran. Otras veces me apetecería hablar de algo relacionado con este mundo, pero sé que no sería comprendida, y quizá ni respetada. En alguna ocasión incluso sería juzgada, directamente, pero esto es algo que ni me lo planteo, porque siempre existirán personas que juzguen gratuitamente.
2ª Por qué he tenido suerte.
Cuando entré en estos mundos, nunca esperé encontrar a una persona que me llevara tan bien en todos los sentidos, con la que sintiera tanta complicidad y coincidiera en tantos gustos y aspectos, que mirara más allá y viera a la persona en su totalidad, y la valorara, pero sin que se olvidara de esa pequeña esclava, que también necesita ser atendida.
No acerté a la primera, pero sí a la segunda. O, más bien, Él acertó conmigo. Muchas veces pienso en lo caprichoso que es el destino, y bendigo el día en el que a Él se le ocurrió hablarme, y a mí contestarle. Algo ha llovido ya desde entonces, y hemos tenido que pasar algunas pruebas bastante duras. De ellas, hemos salido victoriosos, y nos han servido para reafirmarnos aún más en lo que somos, en dónde estamos, y en qué queremos.
Aún continúo sin comprender bien por qué ha surgido esta especie de hechizo entre ambos, con lo grande que es el mundo, y la cantidad de Amos y sumisas que hay en él. No termino de averiguar por qué yo y no otra, he sido la que ha recibido este regalo. Pero bienvenido sea mil veces.
Porque parece que está hecho a mala leche. Si yo siento esto casi desde antes de nacer, ¿por qué he tenido que descubrirlo tan tarde? Solo buscaba o, más bien encontraba, relaciones vainilla. Y creía que eso era lo único, que es lo que suele pasar con aquello que llamamos "normal", por el desconocimiento de la existencia de otras opciones.
No veía más allá. Y sin embargo, siempre me faltaba algo. Creía que era yo, que era cosa mía, y que era la única a la que le pasaba. Pero no, ni mucho menos, aunque cada uno vivamos esto de manera muy distinta.
50 sombras de Grey, aunque no sea estrictamente BDSM, y como novela deje mucho que desear, quizá ayude a orientar a aquellos y aquellas que andaban perdidos, para que encuentren su camino. Internet, como decía antes, también puede servir de ayuda. Que se contemple la posibilidad al menos, la existencia del BDSM como opción, es todo un avance.
Y creo que por hoy ya está bien de preguntas sin respuesta. Así que, que tengáis buen día.
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sentimientos
viernes, 23 de marzo de 2012
Esclava de profesión, esclava de vocación
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| Foto: Anthelian |
Esclava de vocación, es callar ante tu Dueño, porque te fías de Él, y aceptar que te ayude a llevar la casa, los niños, dejarte tiempo para que seas tú misma.
Esclava de profesión, es aceptar que tu pareja tome las decisiones importantes por ti, que sea él (o ella) quien lleve los asuntos de los recibos, el dinero, porque aceptas que él sabe y tú no.
Esclava de vocación, es aceptar que tu Dueño se implique en las decisiones importantes para ti, que aunque controle tus recibos, tu dinero, y demás asuntos, se interese porque sepas lo que haces, o te conviertas en su consejera en esos mismos asuntos.
Esclava de profesión, es cuando tu pareja, amigos, madre, y demás elementos sociales, deciden cómo debes vestir para poder ser aceptada. Siempre.
Esclava de vocación, es cuando tu Dueño decide cómo debes vestir en un momento determinado para servirle, y en otros simplemente te deja ser tú misma, o prefiere que le sorprendas.
Esclava de profesión, es cuando, sin estar entre la espada y la pared, acatas cualquier decisión de tus superiores, sin cuestionártela, callando para ti tus opiniones, y evitando sugerencias.
Esclava de vocación, es cuando, sin estar entre la espada y la pared, cuestionas las decisiones de tus superiores, opinas, y aportas sugerencias. O cuando, estando entre la espada y la pared, cuestionas las decisiones de tu Dueño, opinas, aportas sugerencias y, aunque no estés de acuerdo, acatas.
Esclava de profesión, es cuando obedeces solo a tus propios egoismos y sentimientos, te conviertes en dueña y señora de tu pareja, y deseas que sea únicamente tuya, sin excepciones.
Esclava de vocación, es cuando obedeces a tu vocación de esclavitud, entendiendo que aunque seas mujer, compañera, amiga, y puta de tu Dueño, no dejas de ser su esclava. Que se abra la relación, no significa que vaya a dejar de quererte y cuidarte. Si lo hace, habrás perdido un mal amo, y habrás ganado descanso.
Esclava de profesión, es cuando obedeces las convenciones de lo que está bien y lo que está mal, sobre todo en cuanto a las relaciones sociales, el modo de vivir, y el sexo.
Esclava de vocación, es cuando las convenciones de lo que está bien y lo que está mal, sobre todo en cuanto a las relaciones sociales, el modo de vivir, y el sexo, son fruto de reflexiones propias entre tu Dueño y tú.
Esclava de profesión, es cuando tienes miedo de tu pareja, porque de vez en cuando te hace daño, en su más amplio sentido.
Esclava de vocación, es cuando confías al 200% en tu Dueño, porque sabes que jamás te hará daño, sino que contarás con su protección siempre. Pero también sabes que es recíproco, y que tú también debes actuar así.
Esclava de profesión, es cuando das sexo a cambio de obtener amor.
Esclava de vocación, es cuando das todo, sin esperar recibir, pero te encuentras regalada con el cuádruple de lo que entregaste.
Esclava de profesión, es cuando das sexo a cambio de obtener amor.
Esclava de vocación, es cuando das todo, sin esperar recibir, pero te encuentras regalada con el cuádruple de lo que entregaste.
Y tú, ¿en qué lado te encuentras?
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miércoles, 16 de marzo de 2011
Salir de la Mazmorra
Siempre he sido de las que defienden que el BDSM debería salir de la mazmorra. O del armario, si así nos entendemos mejor.
Sin embargo, a veces pienso en que parte de su encanto consiste precisamente en eso, en que es un gusto un tanto minoritario, especial, diferente. Y por un momento, imagino cómo sería esto de que el BDSM se "popularizara" y saliera de la mazmorra.
Por ejemplo, vas al parque a dar un paseo, y puedes ver a unas cuantas sumisas en falda, sin bragas debajo cuando sopla una racha de viento.
O a los sumisos con el collar puesto, por la calle, llevados de la correa por sus correspondientes Dueñas. O Dueños.
O cuando estuvieras en un restaurante, y vieras a una sumisa comer con su plato en el suelo.
O cuando comprobaras que puedes meter mano a las dos mujeres que tienes a tu lado, en el metro, bajo la atenta mirada de su Dueño, sabiendo que te estaría permitido y no pasaría nada (nada que no fuera placentero, se entiende).
O si fueras a coger el coche y, en el garage, vieras a un Amo azotando a un par de sumisos.
O Belen Esteban de Dómina con Karmele...
O Belen Esteban de Dómina con Karmele...
...No, decididamente, no es solo que no lo vea, es que le quita bastante morbo a la situación.
¿Será que soy un poco elitista?
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domingo, 20 de febrero de 2011
Las dudas
José Jiménez Aranda. Esclava en venta.
Soy una persona a la que le gusta reflexionar sobre aquello que le atañe de vez en cuando; como no podría ser de otra manera, pensar sobre estas cosas conduce a la presencia de dudas porque, por gracia o por desgracia, no todo tiene respuesta y, aunque la tenga, no siempre se la encuentro.
Una de mis dudas recurrentes es por qué soy esclava y no, por ejemplo, una mujer vainilla más. Nunca encuentro respuesta satisfactoria.
Otra de esas dudas es si podría vivir sin el BDSM. Tampoco lo sé. Supongo que sí, sabemos de personas que se van de este mundo. Pero algunas de ellas vuelven. Y normalmente, tanto para una cosa como para otra, suelen encontrar una razón poderosa. Si lo llevas dentro de ti... ¿es posible "apagar el interruptor"?
También me pregunto por qué somos tantos lo que tenemos esta necesidad, bien desde un rol, bien desde el otro. Y, aunque reina la heterogeneidad, existen muchos puntos de encuentro.
Estas son, entre otras, las dudas que yo llamo genéricas, siempre estarán ahí. Pero a pesar de ellas, tengo claro lo que soy y lo que quiero. Podría compararlas a las del tipo quién soy, de dónde vengo, y a dónde voy. De hecho, quizá sean las mismas, pero bajo otro punto de vista; preguntas inherentes a (casi) todo ser humano.
Después me aparecen las pequeñas dudas, las del día a día. Por ejemplo, si conseguiré estar a la altura la próxima vez que me lo exija mi Dueño (siempre me responde que lo hago con creces, pero la duda está ahí, la puñetera).
O qué pasaría si un día mi Dueño me prohibiera algo que me gustara mucho (me refiero a cosas como actividades sociales, compras de algún tipo, aficiones...). Lo respetaría, claro, pero ¿cómo me lo tomaría? ¿Me costaría mucho?
También de vez en cuando, me da por preguntarme qué pasará dentro de veinte años, cuando sea carne de botox para los que rigen las modas, y además mi visión de la vida haya cambiado, fruto de la experiencia.
O qué pasará si, por algún motivo, yo no puedo estar al lado de mi Dueño o Él al mío.
Estas dudas, aunque menos trascendentales que las primeras, me atrevería a afirmar que son mucho más molestas. No las genero adrede, surgen solas. Quizá por mi manera de ser, bastante independiente, bastante cerebral, muy previsora, necesito tener controlado mi entorno en la medida de lo posible (vaya, ¿eso no era cosa de Dominantes? ¡Si es que quién me mandaría a mí meterme en esto!). Eso me hace siempre andar barajando todas las posibilidades que puedan existir y, claro, como no conocemos el futuro, lo que no encuentra respuesta se convierte en duda.
No me enorgullezco de ellas precisamente. Como sumisa, como esclava que confía totalmente, no deberían ni siquiera asomarse. Supongo que es falta de madurez y experiencia por un lado y, por otro, la rebelión de mi independencia ante esa cesión bestial que realizamos cualquier esclava, cualquier sumisa, cuando nos entregamos a Alguien.
Soy feliz siendo lo que soy, si no, no estaría aquí. Pero en ocasiones, admiro la entrega sin dudas que a veces puedo ver por ahí (aunque quizá sea algo ficticio...).
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viernes, 28 de enero de 2011
Sexualidad de sumisa vs. sexualidad sumisa
Sexualidad de sumisa, que no sexualidad sumisa. Es diferente. Andaba yo pensando en los movimientos a favor de la sexualidad de la mujer, como reacción lógica y esperable ante la dominancia masculina en este terreno, y pasotismo e ignorancia ante la sexualidad femenina por parte de todo el mundo y a lo largo de la historia.
Me parece que es cierto, que es así por desgracia, por eso siguen existiendo días como el de la Mujer Trabajadora. Claro que, luego está la otra cara de la moneda, porque este tipo de movimientos, tienen dos lecturas. Te dicen que la mujer no debe ser sumisa del hombre en el terreno sexual, que debe tenerse en cuenta a sí misma, hacernos valer, hacernos ver, hacer notar que nosotras también tenemos necesidades: el morbo, la variación de juegos, los famosos preliminares, que sepamos qué es un orgasmo... esas cosas.
Y entonces cómo no hacerse preguntas: ¿es que al ser esclava no estoy disfrutando de mi sexualidad? ¿Estoy haciendo algo incorrecto? ¿Me estoy despreciando y depreciando? Si no leemos atenta y correctamente, es tan fácil caer en esto...
Pero si soy capaz de hacerme preguntas, soy capaz de darme respuestas. No siempre es así, pero esta vez he tenido suerte. Al menos, he encontrado respuestas que me satisfacen.
Como persona, como mujer, he aprendido acerca de mi sexualidad, superando ideas culturales negativas sobre ello, indagando, probando, tomándolo como algo natural. O, al menos, eso he intentado. De la misma manera, ya como persona adulta, como mujer siempre, he decidido que para satisfacerme en esta parte de mí es necesario entregarlo, entregarme. Y así entraríamos en lo de siempre, aunque yo creo que va quedando cada vez más claro: sí, el placer del Amo está siempre por encima del de la sumisa. Pero si a las sumisas o esclavas, no nos satisfaciera, no lo seríamos, no estaríamos aquí (excluyo situaciones patológicas).
Si a mí me gusta complacer a la Persona a la que pertenezco, he decidido que obtendré mi placer por esa vía. Y, por supuesto, a esa Persona le tiene que gustar poseerme y cómo le complazco.
Si algo cambiara y, por cualquier motivo, esto dejara de ser así, seguramente llegaría un momento en que no podría soportarlo más (al fin y al cabo, ¡no he dejado de ser persona!), y pediría mi liberación. O incluso es posible que el Amo lo captara y decidiera que lo más conveniente para los dos, fuera liberarme (opciones que, dicho sea de paso, ahora mismo no me apetece ni nombrar). Parece contradictorio, porque todos sabemos qué tipos de juegos se pueden dar aquí: control del orgasmo, azotes, cesiones, bondage, exhibiciones... Acciones que, a priori, podría parecer que sólo satisfacen al Amo. Incluso a veces nos quejamos mientras se llevan a cabo. Pero todas sabemos que es con la boca pequeña. Porque cuando tengamos una queja seria, utilizaremos la palabra de seguridad, o si no es necesario llegar a tanto, lo hablaremos después.
Es curioso, entonces, que tantas feministas se erijan en favor de una única verdad, y pidan a gritos que no sigamos juegos de sumisión o, incluso, que nos erijamos como Dominantes, única y exclusivamente. Me siento realmente ofendida cuando veo o leo algo relacionado con estos temas y tratado de esta manera. ¿Quiénes son estas señoras para hablar en mi nombre?
Cierto que sigue existiendo la sexualidad sumisa: la sexualidad no reconocida de la mujer, la sexualidad maltratada, donde a la mujer no le está permitido disfrutar nunca (¿hablamos de ablaciones?), donde la mujer es violada y vejada de múltiples maneras con total impunidad por parte de los poderes establecidos. Y por esto es conveniente continuar la lucha.
Pero eso no es lo mismo que la sexualidad de sumisa: me someto porque me gusta, porque así lo decidí, porque existen Personas a las que también les gusta recibir esa entrega, saben apreciarla, manejarla correctamente, sin despojarme de mi dignidad de persona o, incluso, potenciándola.
Y eso no es todo. No sólo me refiero a la parte física y fisiológica de todo esto. Resulta que, como a otras muchas, también me gusta entregar lo demás: mi tiempo, mi pensamientos, mi día a día. Señoras feministas, sean justas a la hora de exigir igualdad, que esa igualdad sea real, tan real como para que me dejen decidir qué quiero hacer con mi vida en general y mi sexualidad en particular. Dejen de mirar con ojo crítico todo aquello que no coincide con sus reducidas miras. ¿Por qué no se las oye cuando en un anuncio vemos a una mujer en actitud dominante con uno o varios hombres, pero sí al contrario?
Tenemos una historia a nuestras espaldas que aún pesa mucho, pero con actitudes desiguales y discriminaciones positivas nunca vamos a superarla.
En fin, lamento la parrafada, pero me apetecía escribirlo. Buen fin de semana.
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martes, 25 de enero de 2011
No me hice sumisa/esclava, nací sumisa/esclava
Ayer leía esta noticia sobre personas adultas que ceden fotos a esta web: nací así, nací gay. En esas fotos, salen ellos y ellas, cuando eran niños, en poses o con vestimenta que indica que se sentían cómodos actuando y vistiendo como el género opuesto. Sé que no todo el mundo cree en la genética hasta cierto punto, yo la primera, por lo moldeable que son muchos rasgos gracias al ambiente en el que crezcas. Existen muchas mujeres sumisas que no saben que lo son, o que lo descubren tarde. No es algo raro.
El caso es que muchas también recordamos fantasías que teníamos cuando aún no levantábamos metro y medio del suelo. Echando la vista atrás, una comienza a comprender muchísimas cosas.
Nos meten un montón de ideas falsas y prejuicios en la cabeza y, cuando una tiene cerca de seis o siete años, ya se los sabe y se los cree todos a pies juntillas, sin cuestionarlo, con la inocencia y la confianza en las "personas mayores". Así que esas fantasías que creaba en mi cabeza y que me excitaban, me hacían sentir culpable también.
Pero aún así, volvía. No había sexo explícito, no sabía ni lo que era eso. Pero me imaginaba atada o secuestrada por hombres y me gustaba, me masturbaba.
Conforme fui creciendo, las fantasías cambiaron, se ampliaron las situaciones, evolucionaron según iba aumentando mi conocimiento sobre el sexo, y continuaban y continuan con un componente BDSM.
Una mañana de preadolescencia, encontré tirada en la basura de papel para reciclar, una revista... un tanto curiosa. Estaba llena de fotos. Una por página, sin artículos, en blanco y negro y en color, con mujeres en potros, mujeres atadas, mujeres sometidas. Y me asombró comprobar que existía más personas a parte de mí, que tenían fantasías parecidas a las mías. Y... aún me sigue quedando la duda de quién llevaría y hojearía esa revista en mi casa.
Y entonces pasó un tiempo largo de adolescencia tardía y larga. Pasaron parejas, pasaron algunas experiencias, y yo seguía fantaseando.
Otra mañana, ya de adulta, mirando una de tantas páginas en internet, buscando fotos con palabras como 'esclava', 'ataduras', y cosas así, di con las siglas BDSM. Al principio no las hice mucho caso, me servían para encontrar las fotos y los videos que me gustaban. Hasta que me dio por investigar un poco más, y se abrió ante mí todo un mundo organizado en una pequeña gran comunidad de gente de lo más variopinto, pero con algo en común.
Conforme comencé a adentrarme, fui descubriendo y descubriéndome (y continúo, ¡y lo que me queda!) y todo aquello que sentía de pequeña, comenzó a encajar perfectamente. Las piezas del puzzle habían comenzado a mostrar la verdadera imagen.
Realmente claro que me hice sumisa/esclava. Una no nace sabiendo (por fortuna), y además, siempre tiene la facultad de elegir, lo haga bien o no. Pero... creo que siempre ha existido algo de fondo que me impulsaba a ello.
Me gustaría lanzaros la pregunta, seais sumisas, sumisos, Amos o Amas. ¿Nacisteis así, os hicisteis, u os descubristeis después?
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sábado, 18 de diciembre de 2010
Un premio...
Esta mañana, al abrir el blog, me he encontrado con una sorpresa que, al principio, no sabía si sería agradable o no. iara nos había otorgado a unas cuantas personas el Premio de la Certeza Absoluta. Cierto es que, al comprobar el nombre del premio, una se queda un poco desubicada porque ¿qué será eso de la certeza absoluta?
Tengo pocas certezas en mi vida pero siempre continúo buscando nuevas porque las necesito. Muchas no podría haberlas expresado mejor iara, cosa que le agradezco mucho. Otras veces, aunque quiera, me es imposible dar con alguna. Así que asumo que debe ser así, y continúo viviendo con esa incertidumbre.
Efectivamente, como explica iara, tengo la certeza de que mi Dueño es Dominante (parece de perogrullo, pero me he encontrado con algunos...), de que me posee, de que reconoce y valora mi entrega, de que nos cuidamos mutuamente, de que soy esclava... Y pueden parecer frases manidas o sentimientos demasiado explicados, pero son los clavos que me sujetan cuando, por alguna razón, caigo y me encuentro en el vacío.
La cuestión es que este premio es para otorgarlo a otras mujeres, sean Dominantes, sumisas o sWitchs (o eso me pareción entender). Así que yo se lo entrego a: Aura, Carmen/Siestoy, Angzalais, Malíssima {DT}, Kaya, Carmesí, Andrea.
Al igual que iara, por sus mismas razones, tampoco me he equivocado y he puesto la inicial de sus nombres en mayúscula. Y a todas ellas, además de darles un beso, les recomiendo leerse el post original de iara, que es bastante más claro que el mío.
Buen fin de semana.
Efectivamente, como explica iara, tengo la certeza de que mi Dueño es Dominante (parece de perogrullo, pero me he encontrado con algunos...), de que me posee, de que reconoce y valora mi entrega, de que nos cuidamos mutuamente, de que soy esclava... Y pueden parecer frases manidas o sentimientos demasiado explicados, pero son los clavos que me sujetan cuando, por alguna razón, caigo y me encuentro en el vacío.
La cuestión es que este premio es para otorgarlo a otras mujeres, sean Dominantes, sumisas o sWitchs (o eso me pareción entender). Así que yo se lo entrego a: Aura, Carmen/Siestoy, Angzalais, Malíssima {DT}, Kaya, Carmesí, Andrea.
Al igual que iara, por sus mismas razones, tampoco me he equivocado y he puesto la inicial de sus nombres en mayúscula. Y a todas ellas, además de darles un beso, les recomiendo leerse el post original de iara, que es bastante más claro que el mío.
Buen fin de semana.
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viernes, 10 de diciembre de 2010
El tiempo de mi felicidad
Leyendo una entrada de carmen/siestoy, he recordado esta canción de Ella Baila Sola.
Es una canción que suele aparecer en mi cabeza de vez en cuando, me parece que la letra no tiene desperdicio alguno. A mi Dueño le dedico las líneas en azul, pero a carmen/siestoy, le hablo en los párrafos en amarillo. Aunque hago una puntualización: la felicidad sí puede ser un estado normal, pero es cierto que hay que saber atraparla cuando llega.
Y sin más, la canción:
El Tiempo de mi Felicidad
Hoy me desnudo para ti y así sabrás por fin qué pienso;
destaparé mi corazón, conocerás mis sentimientos;
no tengo nada que esconder, que lo que soy lo grito al viento.
Y si me dedicas una mirada de fe,
que no me importa lo que otros puedan creer:
que yo comiera de tu mano otra vez.
Y ahora, ¿qué esperas que crea yo?
Hoy te he visto esperando que vuelva a ti,
que me olvide del pasado, que vuelva a reír.
La felicidad no es un estado normal,
y cuando llegue quiero poderla atrapar.
No es el momento, pero algún día vendrá
el tiempo de mi felicidad.
Hoy necesito sonreír, quiero crear mi mundo aparte.
En mi cabeza sólo hay los restos de una vida de antes.
Hoy he querido descubrirte los secretos de mi arte.
Y si me dedicas una mirada de fe,
que no me importa lo que otros puedan creer:
que yo comiera de tu mano otra vez.
Y ahora, ¿qué esperas que crea yo?
Hoy te he visto esperando que vuelva a ti,
que me olvide del pasado, que vuelva a reír.
La felicidad no es un estado normal,
y cuando llegue quiero poderla atrapar.
No es el momento, pero algún día vendrá
el tiempo de mi felicidad. (x4)
Es una canción que suele aparecer en mi cabeza de vez en cuando, me parece que la letra no tiene desperdicio alguno. A mi Dueño le dedico las líneas en azul, pero a carmen/siestoy, le hablo en los párrafos en amarillo. Aunque hago una puntualización: la felicidad sí puede ser un estado normal, pero es cierto que hay que saber atraparla cuando llega.
Y sin más, la canción:
El Tiempo de mi Felicidad
Hoy me desnudo para ti y así sabrás por fin qué pienso;
destaparé mi corazón, conocerás mis sentimientos;
no tengo nada que esconder, que lo que soy lo grito al viento.
Y si me dedicas una mirada de fe,
que no me importa lo que otros puedan creer:
que yo comiera de tu mano otra vez.
Y ahora, ¿qué esperas que crea yo?
Hoy te he visto esperando que vuelva a ti,
que me olvide del pasado, que vuelva a reír.
La felicidad no es un estado normal,
y cuando llegue quiero poderla atrapar.
No es el momento, pero algún día vendrá
el tiempo de mi felicidad.
Hoy necesito sonreír, quiero crear mi mundo aparte.
En mi cabeza sólo hay los restos de una vida de antes.
Hoy he querido descubrirte los secretos de mi arte.
Y si me dedicas una mirada de fe,
que no me importa lo que otros puedan creer:
que yo comiera de tu mano otra vez.
Y ahora, ¿qué esperas que crea yo?
Hoy te he visto esperando que vuelva a ti,
que me olvide del pasado, que vuelva a reír.
La felicidad no es un estado normal,
y cuando llegue quiero poderla atrapar.
No es el momento, pero algún día vendrá
el tiempo de mi felicidad. (x4)
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miércoles, 8 de diciembre de 2010
El Amo adecuado
Es cierto que no suelo dar muchas vueltas buscando las razones que me llevan a mi esclavitud. Supongo que me cansé de no encontrar una respuesta clara y, en fin, aunque la hubiera, tampoco creo que cambiara mucho las cosas.
Además de eso, he comprobado la importancia de que esa esclavitud vaya a parar al Receptor adecuado. No me refiero sólo a servir a un buen Dominante, sino a que ese Dominante sea el adecuado. Yo puedo pertenecer a un buen Amo, pero quizá no se ajuste a lo que yo requiera como persona sumisa o al cómo lo ofrezca.
Ya sé que esto parece algo muy evidente y no es una novedad para muchos y, sin embargo, yo tuve que descubrirlo por mí misma: no es lo mismo un buen Amo, que el Amo adecuado.
Supongo que no existen signos universales para tener la certeza de si se está con el propicio o no. Incluso es probable que cambien para la misma persona con el tiempo y/o con las circunstancias. Yo voy descubriendo los míos propios: de momento, me siento en paz, en mi sitio. No tengo esos juegos a 'gato y ratón' que odio tanto: las cosas claras, y el chocolate espeso. Siento que mi entrega es valorada, y que mi Dueño sabe llevarme. Que cada uno sabemos cuál es nuestro sitio, y eso no nos impide compartir otros aspectos de la vida que, a los ojos de otros, entrarían en lo vainilla o en un mundo ajeno a la relación D/s.
No hace mucho, mi Dueño me preguntaba: "¿te estoy usando ahora?" Estábamos paseando los dos tranquilamente, disfrutando del atardecer, de los paisajes, de la compañía, de la charla. La respuesta afirmativa salió automáticamente de mi boca, pero la pregunta abrió otra puerta en mi cabeza. Lo que vi al otro lado de la puerta volvía a parecer una perogrullada, y sin embargo necesité esta llave para abrirla: si le pertenezco por entero, disfrutar de la charla con su esclava es usarme. Y usarme no significa que yo no lo disfrute, aunque prevalezca siempre Su placer sobre el mío.
Y, en fin, para terminar, sé que no tiene mucho que ver, pero me apetece ponerlo... De paso, dejo el debate abierto: ¿qué versiones de las existentes preferís? (exceptuando la de Andrea Bocelli, Manowar y similares).
Nessun dorma
Nessun dorma
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jueves, 25 de noviembre de 2010
Sadismo vs. maltrato en el BDSM
Parece que sigue sin estar muy clara la diferencia entre el sadismo y el maltrato, dentro del universo BDSM. Perdón, quiero decir que esa diferencia continúa difusa para muchos de esos/as... bien, llamémosles dominantes, así, con minúscula. Los sumisos y sumisas que la sufren, terminan por darse cuenta (a veces, demasiado tarde, por desgracia) y distinguiéndolo gracias a esa experiencia en carne propia.
Sé que este tema se ha debatido mil veces en chats, foros y blogs de la red, pero mientras se siga dando, creo que es necesario revisarlo de vez en cuando.
Las siglas SSC (Sensato, Seguro y Consensuado) se supone que deben regir cualquier relación BDSM que quiera encuadrarse como tal, a falta de cualidades obvias que pueden estar sin demostrar, tanto en el/la Dominante como en el/la sumiso/a, a saber: la responsabilidad, la escucha, la expresión de los propios sentimientos y apetencias, el respeto, la prudencia... y alguna más que quizá pasé por alto.
Cuando una relación BDSM conlleva un componente importante de sadomasoquismo, la línea fronteriza entre el sadismo como tal y el maltrato, puede no estar tan clara. Aunque pienso que en las primeras veces, convendría seguir unos cuantos consejos (no los llamo normas, porque cada relación es un mundo, y no soy quién para erigirme como adalid de la verdad):
* Si es la primera vez para la parte Dominante y la parte sumisa, conviene ir con extremo cuidado. Y, ante la duda de una determinada práctica, pedir consejo o dejarlo a la más mínima sospecha de que algo no va bien.
* Si es la primera vez para la parte sumisa, es necesario extremar el cuidado. En una primera vez, nos estamos descubriendo, nunca sabemos realmente qué somos capaces de aguantar o de hacer, aunque hayamos fantaseado mil veces con ello.
* Si la parte sumisa da la consigna de seguridad o dice 'basta', es que es 'basta'. Y no hay más que hablar hasta que termine todo.
* Cualquier práctica sádica que lleve a la parte sumisa a terminar en el médico o, peor aún, en el hospital, no debería ser repetida. Si has llegado a ese extremo, no solo eres inexperto/a, sino algo peor, un/a imprudente, y eso no deja libre a la parte sumisa de posteriores riesgos. Si tu dueño/a te ha hecho un daño considerable, has de acabar con esas prácticas. En ocasiones, no hay segundas oportunidades.
Dicho esto, creo que ahora debo comentar otro aspecto importante que no tiene que ver tanto con lo meramente físico. Si bien, es posible que sea una visión un tanto limitada por las condiciones de mi rol. Cuando la parte sumisa se entrega a la parte Dominante, significa que se confía totalmente, que está segura de que la parte Dominante la respetará, la escuchará y sabrá cuidar de ella; que cuando llegue el dolor, se lo entregará al/a la Dominante como un regalo más, pero que el/la Amo/a sabrá hasta dónde llegar, cómo llegar, y cuándo parar.
Y ese Amo/a no dañará a su sumiso/a por varias razones: no sólo para que "repita" con Él/Ella, o no le deje; no sólo porque tema hacerle demasiado daño, no. No dañará a su sumiso/a porque es su propiedad. Y las propiedades es necesario cuidarlas, mimarlas, hacer que se sientan bien, sobre todo si se trata de sumisos/as. El/la sumiso/a pasa a ser una parte del/la Dominante. ¿Qué clase de persona maltrataría una parte de su cuerpo? Desde luego, un/a buen Dominante, no.
Quizá estés siendo víctima de un tipo de maltrato enmascarado tras las siglas BDSM y... lo sepas. Tus amigos te lo comentan, tú no te sientes a gusto, te sientes mal y sufres. Sólo se te pasa cuando ese al que llamas 'Amo' te enreda entre caricias y palabras tan zalameras como falsas. Y el sufrimiento regresa cuando esas mismas palabras caen en el olvido otra vez más, y te dueles de distintas maneras: presentas lesiones o infecciones considerables, te sientes y estás anulado/a como persona, te has convertido en un ser completamente dependiente de él/ella.
Esta será otra entrada más, de esas que lees buscando sin buscar información sobre lo qué es y no es maltrato en BDSM. Piensa sólo un par de cosas: ¿la entrega, el amor, o como quieras llamarlo, son justificante suficiente para este tipo de (mal)trato? ¿Crees que los demás no comprenden lo que sientes por tu Amo, aunque pertenezcan a este universo canela?
Si un/a sumiso/a sigue con un dueño/a así, ha de plantearse que tiene un problema serio, de soledad, baja autoestima o similares.
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Sé valiente, y atrévete a mirar por encima de esa venda.
Cuando una relación BDSM conlleva un componente importante de sadomasoquismo, la línea fronteriza entre el sadismo como tal y el maltrato, puede no estar tan clara. Aunque pienso que en las primeras veces, convendría seguir unos cuantos consejos (no los llamo normas, porque cada relación es un mundo, y no soy quién para erigirme como adalid de la verdad):
* Si es la primera vez para la parte Dominante y la parte sumisa, conviene ir con extremo cuidado. Y, ante la duda de una determinada práctica, pedir consejo o dejarlo a la más mínima sospecha de que algo no va bien.
* Si es la primera vez para la parte sumisa, es necesario extremar el cuidado. En una primera vez, nos estamos descubriendo, nunca sabemos realmente qué somos capaces de aguantar o de hacer, aunque hayamos fantaseado mil veces con ello.
* Si la parte sumisa da la consigna de seguridad o dice 'basta', es que es 'basta'. Y no hay más que hablar hasta que termine todo.
* Cualquier práctica sádica que lleve a la parte sumisa a terminar en el médico o, peor aún, en el hospital, no debería ser repetida. Si has llegado a ese extremo, no solo eres inexperto/a, sino algo peor, un/a imprudente, y eso no deja libre a la parte sumisa de posteriores riesgos. Si tu dueño/a te ha hecho un daño considerable, has de acabar con esas prácticas. En ocasiones, no hay segundas oportunidades.
Dicho esto, creo que ahora debo comentar otro aspecto importante que no tiene que ver tanto con lo meramente físico. Si bien, es posible que sea una visión un tanto limitada por las condiciones de mi rol. Cuando la parte sumisa se entrega a la parte Dominante, significa que se confía totalmente, que está segura de que la parte Dominante la respetará, la escuchará y sabrá cuidar de ella; que cuando llegue el dolor, se lo entregará al/a la Dominante como un regalo más, pero que el/la Amo/a sabrá hasta dónde llegar, cómo llegar, y cuándo parar.
Y ese Amo/a no dañará a su sumiso/a por varias razones: no sólo para que "repita" con Él/Ella, o no le deje; no sólo porque tema hacerle demasiado daño, no. No dañará a su sumiso/a porque es su propiedad. Y las propiedades es necesario cuidarlas, mimarlas, hacer que se sientan bien, sobre todo si se trata de sumisos/as. El/la sumiso/a pasa a ser una parte del/la Dominante. ¿Qué clase de persona maltrataría una parte de su cuerpo? Desde luego, un/a buen Dominante, no.
Quizá estés siendo víctima de un tipo de maltrato enmascarado tras las siglas BDSM y... lo sepas. Tus amigos te lo comentan, tú no te sientes a gusto, te sientes mal y sufres. Sólo se te pasa cuando ese al que llamas 'Amo' te enreda entre caricias y palabras tan zalameras como falsas. Y el sufrimiento regresa cuando esas mismas palabras caen en el olvido otra vez más, y te dueles de distintas maneras: presentas lesiones o infecciones considerables, te sientes y estás anulado/a como persona, te has convertido en un ser completamente dependiente de él/ella.
Esta será otra entrada más, de esas que lees buscando sin buscar información sobre lo qué es y no es maltrato en BDSM. Piensa sólo un par de cosas: ¿la entrega, el amor, o como quieras llamarlo, son justificante suficiente para este tipo de (mal)trato? ¿Crees que los demás no comprenden lo que sientes por tu Amo, aunque pertenezcan a este universo canela?
Si un/a sumiso/a sigue con un dueño/a así, ha de plantearse que tiene un problema serio, de soledad, baja autoestima o similares.
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Sé valiente, y atrévete a mirar por encima de esa venda.
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miércoles, 17 de noviembre de 2010
A vueltas con el BDSM
Imagen de Clerc Renaud
Este post también va a ser una respuesta a una entrada escrita por FILOYNAVAJA. Aunque ya contesté en su blog, me apetece ponerla aquí, me parece interesante este intercambio de ideas y, de paso, completo la respuesta.
Coincido, siempre lo he hecho, en que es cierto que las canciones de Malú hacen mucho daño al Universo BDSM. Las relaciones D/s (como cualquier relación, pero en estas quizá sean más especiales) son más que puro sentimiento: existe una entrega de pensamiento y un sentimiento de pertenencia por la parte sumisa, que también es debido a cómo el Amo entra y se hace con su esencia, con aquello que va más allá de lo físico. Se puede conseguir de distintas maneras: desde conversaciones más o menos largas, más o menos profundas, a un control determinado sobre una acción cotidiana de la parte sumisa, pasando por distintas opciones que seguramente yo desconozca (cada maestrillo, tiene su librillo). Lo físico, a mi entender, siempre es más fácil de conseguir. Aunque si no va más allá, correremos el riesgo de que no sea duradero, o se convierta en algo superficial.
¿Esto elimina como opción el dolor físico que se puede vivir en las sesiones, encuentros, o como queramos llamarlos? No, como tampoco elimina la humillación que se pueda dar en un momento dado. Son cuestiones que no suelo tratar en mi blog de manera explícita, simplemente porque las considero bastante personales, aunque haga referencia a ellas, como cuando refiero en algún post que le ofrecí mi dolor Al que me posee, sin entrar en más detalles.
Sin embargo, ese dolor físico va más allá. Si cualquiera me lo infligiera, puedo asegurar que me defendería con uñas y dientes y, además, no yo no lo experimentaría como un placer. No me considero una masoquista al 100%. Es posible que ni siquiera al 50%, no lo sé. Lo que sí sé, es que el dolor (dependiendo de cuál, obviamente, todos sabemos que existen grados), me gusta cuando el destinatario final de esa entrega es mi Dueño.
Otra cuestión es el ciber. Prefiero los encuentros reales, por supuesto, y siempre que me son posibles. Pero ¿qué hacer cuando el Amo está lejos? El ciber se convierte en un complemento imprescindible de esos encuentros; se constituye como herramienta por la cual el Amo puede controlar a la esclava, saber ambos el uno del otro, seguirse conociendo mutuamente, que la esclava se sienta como tal aún en la distancia. Obviamente, la confianza mutua y la responsabilidad son vitales en este caso.
Y no puedo renegar del ciber, porque estuve más de un año así (espero que se haya comprendido la ironía de mi post anterior). Gracias a eso, no sólo desemboqué en el real, sino que aprendí a distinguir entre los Dominantes y los "dominantes", también aprendí a conocerme, y a saber qué quiero exactamente... y qué es lo que no quiero. Como todo, creo que es necesario utilizarlo sabiamente y en su justa medida. Mal utilizado, al igual que el real, es dañino.
Por último, simplemente decir que en el BDSM las únicas reglas que creo que nos unen, si es que nos encontramos unidos, son las marcadas por las siglas SSC y RACSA. La variabilidad interpersonal, y no digamos interrelación D/s, es tan amplia, que no creo que nadie poseamos la verdad o la autoridad para asentar unas normas. Aunque el debate sobre el estado de la cuestión creo que siempre nos puede enriquecer.
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sábado, 13 de noviembre de 2010
Que vivan los Amos ciber
A raíz de un post de carmen/siestoy que yo me tomé demasiado en serio en un principio, se me ocurrió que no sólo las sumisas ciber de las que ella habla son estupendas, sino que existen también una serie de Amos ciber que tampoco tienen desperdicio.
Por ejemplo, son fascinantes aquellos que te envían la foto de Harrison Ford esperando que, una vez que te den cam o quedes con ellos en real, no notes la diferencia.
O los que tienen gravísimos problemas con internet o el ordenador, cuando la sumisa está contándoles algo de su vida que considera importante. ¡Por favor, los Amos no tienen que aguantar esos rollos! Es entonces cuando se caen misteriosamente y no vuelven hasta el día siguiente (como mínimo). ¡Ay, es que el ordenador este me da muchos problemas, y eso que me lo regalaron ayer!
También encontramos a los que te cuentan, orgullosos, que tienen cinco, diez, o veinte sumisas. ¿Reales?, se pregunta una. Y no, amigo, que tenemos a la sumisa de la mañana, a la sumisa que tengo medio abandonada y muy dependiente, pero sólo hago caso cuando no tengo a nadie disponible, a la sumisa de la tarde, a la sumisa pajillera... Y una se sigue preguntando ¿y te da tiempo a atenderlas a todas? La respuesta siempre es un sí rotundo, aunque tarde diez minutos en contestar a cada una, o te conteste por peteneras, porque se ha confundido de ventana de messenger. Su teléfono debe de estar echando humo, porque cuando le preguntes por qué tarda, te responderá que tenía una llamada super importante.
Luego están los Amos coleccionistas: recolectan fotos o imágenes de cam de la incauta de turno, y después si te he visto, no me acuerdo. Deben de tener una base de fotografías propia mayor que la de Playboy. Si vas a su casa, es posible que tengas algo de reparo en tocar esas manchas extrañas del monitor.
¿No encuentras todavía a tu Amo ciber ideal? No te preocupes, mujer (u hombre), que también tenemos a los que te ordenan mil cosas durante el día, muy serios, y luego por la noche no recuerdan nada, que es cansado, y anda, hazte una pajilla para ellos que para eso estás. ¿Se te ha quedado cara de boba? No te preocupes, tus esfuerzos no son en vano, sirven para aumentar tu karma para tu próxima reencarnación.
Y, bueno, lo mejor de lo mejor, el Amo con múltiples sumisas, donde ninguna sabe de la existencia de la otra... ¡hasta que se descubre el pastel en un chat! Entonces tenemos fiesta y diversión a raudales durante unos días.
¡Ah, se me olvida! El Amo que busca el compromiso total, la entrega total de la sumisa, pero sólo ciber, ¿eh? Que la parienta y los niños ya le dan bastante trabajo, como para andar ocupándose de otra. Además, si le preguntas, nunca estará casado, o está a puntito de divorciarse o en trámites de separación. ¿No son un amor?
¡Ah, se me olvida! El Amo que busca el compromiso total, la entrega total de la sumisa, pero sólo ciber, ¿eh? Que la parienta y los niños ya le dan bastante trabajo, como para andar ocupándose de otra. Además, si le preguntas, nunca estará casado, o está a puntito de divorciarse o en trámites de separación. ¿No son un amor?
Seguro que me dejo a alguno más en el tintero, pero no pasa nada, basta con recordármelo, y los incluimos corriendo en la lista.
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domingo, 31 de octubre de 2010
Preguntas
A veces me da por pensar que, a pesar de la distancia, me parece increíble cómo he integrado en mi vida diaria las exigencias que conlleva el pertenecer a mi Dueño. En sí mismas, no son para nada estridentes, extrañas, ni irrumpen de manera brusca en mi rutina. A eso le añadimos Su comprensión y paciencia, y obtenemos una manera sutil, fuerte pero discreta, de una entrega que, sin querer, se va adueñando de cada minuto que vivo. Y, pensándolo friamente, qué mejor manera de conseguirlo.
La hermosa costumbre que voy adquiriendo, de consultarle mis decisiones, mi iniciativas, mis deseos, me parece natural. Pero, aún así, en alguna ocasión, recorren mi cabeza fugazmente dudas curiosas:
¿Por qué le obedezco? Tendría muy fácil decirle que hice esto o lo otro, sin que fuera cierto. Sobre todo en las ocasiones en que no he llevado a cabo algún deseo, o sé que una acción mía no va a ser de Su gusto. Pero le quitaría todo el sentido a la entrega. Y, a veces, también el morbo. Respondiendo de otro modo a la pregunta, le obedezco porque lo siento así... y porque me ha ganado como esclava, como amiga y como persona.
¿No me creará dependencia? Llega tarde esta pregunta, ya me la ha creado; me gusta verle, sentirle, oirle, leerle, quererle, desearle, saber de Él. Y, sin embargo, sigo siendo yo. Él valora mi iniciativa (muchas veces me la exige), me escucha cuando estoy en desacuerdo con algo, cuando tengo otra idea distinta, o cuando me parece que Él debería saber algo que pienso. Desde luego, esto no le convierte en menos Dominante. Más bien lo contrario. Me fascina cómo puede respetar y valorar ideas que se me ocurran, incluso ceder ante determinados argumentos, y aún así, no perder un ápice de su poder sobre mí. De una manera u otra, Él se mantiene en su posición y me mantiene a mí en la que me corresponde. Creo que es un equilibrio que no siempre es fácil de conseguir, es necesario estar muy seguro de uno mismo, de lo que uno es y lo que quiere, para lograrlo.
Me siento afortunada, en mi sitio, a gusto. Y espero que este delicado equilibrio envejezca como el buen vino.
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viernes, 22 de octubre de 2010
¿Enfermedad?
No hace mucho, le explicaba a un amigo que yo necesito ofrecer mi sumisión, bien como sumisa, bien como esclava. Que la sumisa que vive dentro de mí, debe expresarse también de vez en cuando.
Continuando la conversación, en un momento dado me afirmó que, aunque no comprendía muy bien esa necesidad mía, podía afirmar que yo no estaba enferma.
Esto me dejó fuera de combate. Yo daba por supuesto, que no lo estaba, no me era necesario que nadie me lo confirmara. Así que, como decían por ahí, aclaración no pedida, acusación manifiesta.
Así que, aunque ya conocía la normalización de estas prácticas por parte del DSM-IV, he vuelto a buscar referencias al respecto. No sólo he obtenido la confirmación, sino que me ha hecho gracia comprobar que la tan cacareada Vieja Guardia, al principio la formaban única y exclusivamente gays. O, al menos, eso dice la Wikipedia.
También he encontrado un artículo que, aún a riesgo de ser largo, copio y pego aquí:
Es el sadomasoquismo una patología mental?
DIMENSIONES PSICOLOGICAS DE LA ENTREGA MASOQUISTA
Por Dorothy C. Hayden, CSW
Hace algunos años, en relación a mis trabajos sobre la adicción al sexo, un grupo de sumisos empezaron a acercarse a mi para recibir tratamiento. Algunas de estas personas eran extremadamente renuentes a discutir las razones por las que buscaban terapia: también estaban tan avergonzados de sus fantasias y sus conductas, que me llevó años de trabajar con ellos hasta que pude saber sus verdaderos nombres, o sus números de teléfono. Aquellos pacientes que pudieron ser directos y abiertos acerca de sus conductas masoquistas y sus fantasías, estaban tan confundidos como yo. Uno de mis pacientes me dio por escrito, luego de meses de resistencia, una fantasía masoquista, y me dijo: “Aquí está. Esta es la razón por la que vine a terapia. Es terrible. Es enfermo. Lo odio, es mi fantasía favorita. No lo soporto, lo amo. Es asqueroso, no quiero terminarlo”.
Aprender acerca del mundo S&M fue una experiencia invaluable para mi. Tengo que admitir que, viéndolo desde la perspectiva de lo que yo conocía acerca de la naturaleza del individuo (self [1]), el masoquismo me intrigaba, dando por tierra con todo lo que era racional acerca de la naturaleza de la personalidad humana. La gente quiere ser feliz, y evitar el dolor y el sufrimiento. Buscan mantener e incrementar su control sobre si mismos y su entorno. Y desean mantener e incrementar su prestigio, respeto y estima. Visto desde la perspectiva de estos tres principios acerca del individuo, el masoquismo es una paradoja deslumbrante. El yo (self) se desarrolla para evitar el dolor, pero el masoquista busca el dolor. El yo (self) pugna por el control, pero el masoquista busca renunciar al control. El yo (self) apunta a maximizar su autoestima, pero el masoquista deliberadamente busca la humillación.
DESTAPANDO UN MUNDO
Escuché historias de latigos, varas, potros, CBT, cera caliente sobre piel desnuda, aparatos electrónicos diseñados para provocar el nivel preciso de dolor, la dificultad en hallar al Ama adecuada, y la sorprendente cantidad de “mazmorras” que existían a unas pocas cuadras de mi oficina en pleno centro.
Además, los hombres me hablaban de la frustración de no poder interesar a sus esposas o parejas (que tomaban estas actividades sexuales como perversas) en participar de las conductas sexuales que tanto deseaban. Sospecho que había un gran número de personas que sentían una tremenda vergüenza y aislamiento debido a sus deseos de sumisión masoquista. Decidí revisar la literatura clínica sobre el masoquismo, para munirme de un mejor entendimiento psicodinámico sobre por qué estos hombres, que tan asiduamente se sentían atados por la vergüenza, estaban tan dispuestos a ser dominados, heridos, torturados por fuertes mujeres dominantes.
Esto es lo que mi investigación reveló: de acuerdo al Manual de Diagnóstico y Estadística de la Asociación Psiquiátrica Americana (la biblia de los psicólogos) [DSMIV , por su sigla en inglés [2]], cualquiera que participa regularmente en sexo masoquista está mentalmente enfermo, por definición. Hay una larga tradición de considerar al masoquismo como la actividad de individuos mentalmente enfermos. Freud describió el masoquismo como una perversión. Uno de sus seguidores relacionó el masoquismo con el canibalismo, la criminalidad, la necrofilia y el vampirismo. Otro dijo que todos los neuróticos son masoquistas. En breve, la perspectiva clínica siempre consideró a los masoquistas como seriamente desquilibrados.
EL ENFOQUE TERAPEUTICO
Krafft-Ebing, el psiquiatra del siglo XIX que acuño el término, incluyó el masoquismo bajo el amplio título de “Patalogía General”, en su famoso volumen Psychpath Sexualize, en 1876. El masoquismo se volvió un fenómeno patológico, sexual y psicopático todo a un tiempo.
“Por masoquismo, entiendo una perversión particular de la vida psico-sexual, en la cual el individuo afectado, en sentimiento sexual y en pensamiento, es controlado por la idea de estar completa y incondicionalmente sujeto a la voluntad de una persona del sexo opuesto, siendo tratado por esta persona como un Amo – humillado y abusado. Esta idea está matizada por un sentimiendo de lujuria; el masoquista vive en fantasías, en las que crea situaciones de este tipo, y frecuentemente intenta llevarlas a cabo. Debido a esta perversión, su instinto sexual se vuelve más o menos insensible a los encantos naturales del sexo opuesto – incapaz de una vida sexual normal – físicamente impotente”.
Prácticamente es un dogma del pensamiento psicoanalítico, que el masoquismo es la condición sexual en la que el castigo es necesario antes de poder alcanzar la satisfacción. Freud entendió que el fenómeno resultaba de un “sentimiento inconsciente de culpa”, como una “necesidad de castigo de parte de una autoridad paternal”. En sus escritos de 1919, Freud fundó el génesis y el punto de referencia del masoquismo en el complejo de Edipo. El masoquismo, según él, empieza realmente en la sexualidad infantil, cuando el deseo de una conexión incestuosa con la madre o el padre debe ser reprimido. La culpa aparece en este momento, en conexión con los deseos incestuosos. La figura paternal se convierte entonces en el dador de castigos en vez de amor, y aparece en deseos de golpizas y azotes. La fantasía de ser golpeado resulto así el punto de encuentro entre el sentido de la culpa y el amor sexual. Más allá de que implique dolor literalmente o no, el castigo deseado por el masoquista es disfrutado en sí mismo. Tanto el castigo como la satisfacción, ambos producen placer –y humillación. Freud, refiriéndose al masoquismo como una “perversión”, lo enterró para siempre en el ghetto de lo aberrante y “desviado” (deviant).
Mi investigación, sin embargo, no concordaba con mi realidad clínica. Las personas que se me presentaron no eran inmaduras ni inferiores. De hecho, parecía suceder lo contrario. Los masoquistas suelen ser exitosos de acuerdo a los estándares sociales: profesional, sexual, emocional y culturalmente, en matrimonios o fuera de ellos. Frecuentemente se trata de individuos con un carácter fuerte, de gran personalidad, capaces de hacer frente a las dificultades, y con un sentido ético de la responsabilidad individual. Un famoso estudio del “perfil sexual del hombre en posiciones de poder”, descubrió, para sorpresa del investigador, una gran actividad sexual masoquista entre exitosos políticos, jueces y otros hombres importantes e influyentes.
DE LA PATOLOGÍA AL ESTILO DE VIDA
Me resultó evidente que las teorías de la Psicología referentes al masoquismo eran obsoletas. En la década del 60, la homosexualidad fue eliminada del DSMIV, y fue reconocida no como una patología, sino como una elección de un estilo de vida.
Entiendo que lo mismo debería ocurrir con el masoquismo y que, como la homosexualidad, debe ser eliminada del apartado “psicopatologías”, y debe ser visto como lo que es: una elección de una forma de vivir la sexualidad. Es el objetivo de este artículo sugerir formas de entender el masoquismo, sin recurrir a teorías sobre la salud mental.
Las preguntas, sin embargo, permanecían. Me dejaba perpleja el por qué tantos hombres, criados en un cultura que valoraba la iniciativa, autosuficiencia y dominación masculinas, querían ser aliviados de estas cualidades, y rendir su voluntad a una mujer fuerte y dominante que podría torturarlos, controlarlos y humillarlos. ¿Cuál era la base de esta necesidad irresistible a rendirse y servir, a renunciar al control, a aceptar el dolor físico y la humillación emocional?
Al escuchar a mis pacientes a lo largo de los años, empecé a ver el masoquismo menos como una aberración sexual, y más como una metáfora a través de la cual la psique expresa su sufrimiento y su pasión.
Había una conexión indudable entre sufrimiento y placer, que me intrigaba.
Los clientes hablaban del extático placer de la sumisión, de la adoración, en el abandono salvaje y el escape de los restrictivos lazos de la “normalidad”.
El sufrimiento ritualizado parecía ser una manera de darle sentido y valor a las debilidades humanas. Después de todo, no hay solución de continuidad del sufrimiento en la vida humana. Nadie necesita ir en busca del dolor. El sufrir produce desesperanza, desazón, desilusión, pérdida, debilidad y limitación, son parte de la condición humana. Entiendo que hay algo como una necesidad, deseo o interés universal de rendirse completamente a ciertos aspectos de la vida humana, y que ese deseo asume muchas formas. Este apasionado deseo de rendirse forma parte en al menos algunas instancias del masoquismo. La sumisión, el perderse en el poder del otro, el ser esclavizado a un Amo, es la opción siempre disponible más cercana a ese “rendirse”.
EL “SUBESPACIO” (SUBSPACE)
Los sumisos hablan de una cualidad de liberación, libertad y esparcimiento del yo (self) en una Escena [3] , de forma similar al dejar caer las barreras defensivas. Hablan de la experiencia de completa vulnerabilidad. Creo que, enterrado o congelado, existe un deseo de que haya algo en el entorno que haga posible la entrega; una especie de capitulación del “falso yo”. El “falso yo” es una idea desarrolladla por un famoso psicoanalista, quien sostenía que la mayoría de los padres necesitan que sus hijos se comporten de formas circunscriptas, para que puedan (los hijos) recibir su amor. Para un niño, el amor paternal es una cuestión de supervivencia, y por lo tanto, el niño forja un “yo” que creen que asegurara el amor y la aprobación paternal. Este “falso yo” es usualmente el “yo” guardian. Una Escena, a veces, permite que años de barreras defensivas que sostienen al “falso yo” se derrumben. Lleva consigo un ansia por el nacimiento del ”verdadero yo”. En el fondo, queremos claudicar, “blanquear”, como parte de un ansia general de ser conocidos o reconocidos. La idea de rendirse puede ser acompañada por un sentimiento de terror o de alivio, o incluso éxtasis. Es la experiencia de estar “en el momento”, totalmente en el presente. Su objetivo último es el descubrimiento de la propia indentidad, del propio sentido de ser uno mismo, del sentido de completitud, e incluso del sentido de unidad con otros seres vivientes. El espíritu alegre, trasciende el dolor que lo provoca. El propio exquisito dolor es a veces parecido al éxtasis místico. En el contexto de esa entrega, ocurre una experiencia de sumisión auto-negada, en la cual la persona es cautivada por la pareja dominante. La intensidad del masoquismo es un testimonio vivo de la urgencia con la que una parte enterrada de la propia personalidad grita por ser liberada. La entrega no es más que la disolución controlada de las propias ataduras.
El anhelo más profundo es el ansia a alcanzar, conocer y aceptar; en un ambiente seguro que padres preocupados, disfuncionales o narcisistas no supieron proveer al niño, a edad temprana.
Las fantasías de violación, que son muy comunes, pueden tener muchos significados. Entre ellos, uno encontrará casi siempre, a veces profundamente enterrado, un anhelo de profunda entrega. El sumiso ansía y desea ser encontrado, reconocido, penetrado hasta su núcleo, de forma tal de ser real, o, como dice un analista, “comenzar a ser”.
RITUALES Y CREATIVIDAD
Además del ansia de entregarse a un sentido más real de si mismo, las conductas masoquistas tienen otro significado. La gente necesita y encuentra placer en la producción de fantasías. Pregúntenles a los empleados de Disneyland, que atienden tanto a adultos como a niños. Las Escenas tienen un tremendo potencial para potenciar la fantasía. Disfraces, rituales, escenarios, una variedad infinita de accesorios sexuales, y elaborados sets revelan la riqueza creativa de la vida interior, y hablan de la muy real necesidad humana de jugar y fantasear. Las fantasías con los vehículos de un completo espectro de sentimientos humanos: de controlar, de ser controlado, de incitar, de jugar, de complacer, y de encontrar respiro de los confines de la mundanidad de la vida ordinaria. Representan la suspensión de la realidad normal que es una necesidad ocasional de toda persona sana.
Probablemente, lo último que un masoquista aparenta es ser equilibrado. En conjunción con esta naturaleza paradójica, el masoquismo provee no tanto un estado de debilidad, sino un sentimiento de entrega, receptividad y sensitividad. El masoquismo es la la condición de entregarse completamente a una experiencia, que confronta vidas que, en nuestra sociedad occidental, son egoístas, constreñidas, racionales y competitivas. La fortaleza puede ser una carga terrible. Es una opresión, que puede ser aliviada en momentos de abandono, de dejarse caer y dejarse llevar. Así que difícilmente sea sorprendente que el llamado de las experiencias masoquistas sea tan fuerte en una cultura que sobrevalúa la fuerza del ego a expensas de una experiencia plena en todas las dimensiones de la vida psíquica.
En conclusión, creo que los terapeutas deben modificar radicalmente su enfoque al hacer psicoterapia con pacientes masoquistas. Mis colegas se quejan de que los masoquistas son difíciles de “curar”. Quiza se deba a que el paradigma desde el que estos terapeutas operan falla. El reconocimiento del valor y el sinigficado del deseo de sufrir humillaciones va en contra de la actitud predominante en psicología. El mayor impulso de las teoría y práctica modernas ha sido hacia la psicología del ego. Los valores en psicoterapia han sido apuntados, en su mayoría, a construir egos fuertes, racionales, y capaces de resolver problemas. Estos valores son sin duda importantes, pero siempre hay un precio a pagar para ganar fuerza, para ser racionales, para resolver problemas. Esto puede ser la causa de la insatisfacción que mucha gente siente luego de años de psicoterapia. Construir un ego fuerte es solo un lado de la historia; esto niega otras partes cruciales de la psique humana. La psicología moderna ha estado en gran medida centrada en ayudar a la gente a desarrollar su independencia, su fuerza, a alcanzar acciones decisivas y enfrentar adversidades. Lo que falta es prestar atención a otras dimensiones más sutiles del alma.
EL ENCANTO DE LAS SOMBRAS
El psicoanalista más afinado con los elementos faltantes del trabajo psicoterapéutico es Carl Jung. El masoquismo puede ser pensado como el ejercicio de lo que Jung llamo la “sombra” [4]. – la parte más oscura, mayormente inconsciente de la psique, que él no entendía como una enfermedad, sino como una parte esencial de la mente humana. La sombra es el túnel, canal o conector a través del cual uno alcanza las capas más profundas y más elementales de la psiquis humana. Yendo a través del túnel, o rompiendo las defensas del propio ego, uno se siente reducido y degradado. Usualmente, tratamos de llevar a la sombra bajo la dominación del yo. Abrazar la sombra, por otra parte, provee un sentido más completo del auto-conocimiento, la auto-aceptación, y un sentido más completo de sentirse vivo. La idea de Jung acerca de la sombra, involucra fuerza y pasividad, horror y belleza, poder e impotencia, rectitud y perversión, infantilismo, sabiduría y tontera. La experiencia de la sombra es humillante, y ocasionalmente aterradora, pero es una reducción a la vida esencial, que involucra sufrimiento, dolor, impotencia y humillación. La sumisión al dolor masoquista, la pérdida del control, y la humillación sirven para abrazar nuestra sombra más que para negarla. El resultado es alcanzar una vida interior que acepta y envuelve todos los aspectos de nuestro ser, y nos permite vivir con un profundo sentido de nuestro propio ser.
En conclusión, la comunidad psicoterapéutica necesita reexaminar la sumisión masoquista, para verla no como una patología, sino como un vehículo saludable para vencer rígidos mecanismos de defensa; para ceder el control a algo o alguien más grande que ellos; para alcanzar la libertad de la permeable e infatigable necesidad de cultivar, promover y asegurar el ego; para obtener algo de alivio del tener que tomar innumerables decisiones; para participar en sanas representaciones de las fantasías; y para la exploración, conocimiento y aceptación del lado “oscuro” o “sombrío” de sus personalidades. Además, muchos pacientes manifiestan haber alcanzado una pérdida de su auto-conciencia, que describen como éxtasis o bendición, en la que el individuo trasciende sus límites normales, y deja de ser consciente de si mismo según los términos usuales.
Un travestismo de nuestra profesión es que continuamos intentando “curar” un sistema de creencias y conductas que enriquece y vivifica la vida de tanta gente. El continuar “patologizando” al masoquismo al mantenerlo en el DSMIV como una psicopatología, y los esfuerzos de la mayoría de los terapeutas para “curar” al masoquismo, son en parte las causas de que continúe la vergüenza, soledad y baja autoestima de esta gente creativa, espontánea y valiente, que quiere recibir la dignidad de elegir su propia manera de vivir la sexualidad.
ACERCA DE LA AUTORA
Dorothy Hayden, MBA, CSW, recibió su título en trabajo clínico social de la Universidad de New York, y ha recibido entrenamiento clínico avanzado en el Centro de Graduados para la Salud Mental. Es psicoterapeuta de práctica privada en la ciudad de New York. Se la puede contactar a:
dhayden@nyc.rr.com
Dorothy Hayden, CSW
209 East 10th Street #14
New York, NY
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1.EL self es un concepto que no tiene un término equivalente en español. Por lo tanto es posible utilizar diversas acepciones. El sentido en inglés es el del “yo” más interno. Un yo hacia el cual nos volvemos reflexivamente. No tiene relación alguna con el concepto de yo del psicoanálisis. Se ha mantenido el término original entre paréntesis para que el lector pueda apreciar en su correcta magnitud las expresiones de la autora.
2.Para los americanos que se rigen permanentemente por normas estandarizadas el DSMIV es un patrón del cual no pueden apartarse. El uso del DSMIV se ha extendido a muchos países para facilitar diagnósticos.
3.Entiéndase “escena” como lo que nosotros llamaríamos “sesión”.
4.La sombra es uno de los arquetipos que forman parte del inconsciente colectivo
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domingo, 17 de octubre de 2010
Sumiso vs. esclavo
Acabo de leer un post de rotti{URS}, sumiso de URSULA, dos personas a las que admiro mucho. Mi intención era contestarle en un comentario de su entrada, pero a Blogger le parece que son demasiadas letras, y no me lo permite. Así que voy a exponerlo aquí.
Voy a discrepar desde mi postura como esclava.
"Un esclavo ante una tarea diaria inacabada esperara el castigo, los sumisos esperamos quizás algo de indulgencia."
Ante una tarea inacabada, puedo esperar también indulgencia. ¡A saber por qué no la he terminado! Y, además de esclava, sigo siendo persona, es decir, imperfecta.
"Los límites de un esclavo en principio son más que elevados que los nuestros, el compromiso con su Dominante son mayores, ya que al Dominante se le permite un control más amplio e integro de sus vidas."Mis límites no son más elevados que los de un sumiso. Simplemente, se los entregué a Él para que los gestione. Aunque sí que es posible que mi compromiso, por tanto, sea mayor con mi Dueño, exige una confianza total (pero no ciega. Siempre ven más cuatro ojos que dos, y eso Él lo agradece).
"El esclavo desarrolla su entrega en el absoluto (yo no tengo el control de nada), su único objetivo es como hacer más feliz y en como ser mejor para su Ama. En cambio los sumisos tendemos a pensar en el conjunto de los dos en esa ecuación."Yo sé que si no soy feliz, no podré hacer feliz a mi Dueño. Y mi Dueño lo sabe también. Otra cuestión distinta es que sea Él quien tenga la última palabra en todo.
"Un esclavo no tiene deseos propios, un sumiso si. Cuando su Ama, hace algo más allá, lo percibe como un premio, no como una necesidad cubierta."¿Que un esclavo no tiene deseos propios? Madre mía... ahora resulta que voy a ser un robot. ¡Claro que tengo deseos propios! Incluso mi Dueño me pregunta por ellos, le interesa saberlos. Pero también se los hago saber por iniciativa propia. Y, sí, efectivamente, considero un premio la satisfacción de alguno de ellos.
"Un esclavo ve la relación mas delineada y vacía de “atrezzos” como pueden ser los mimos por ejemplo, esto no quiere decir que no los agradezcan, pero si que lo ven y perciben como un lujo."¿Los mimos un lujo? Ay, mi madre, ¡¡con lo mimoso que es mi Dueño!! ¿Si el Dueño es mimoso, entonces debe cohibirse con su esclava porque 'no toca'? Como esclava, necesito mimos, y eso implica que, si los veo como un lujo, no soy feliz. Y... mi Dueño no persigue mi infelicidad. Es más, te puedo decir que siendo sumisa, recibí muchísimos menos mimos. Irónico, ¿no?
"Están siempre preparados para hacer tareas no deseadas, preparados para empujar los límites, simplemente por el placer del Ama, esperando usar el total de sus habilidades, para complacerlos."Y no, no estoy preparada para empujar mis límites. Me gustaría estarlo por mi Amo, eso lo tengo claro, pero soy humana y conozco perfectamente mis limitaciones... y mis límites. Sola, no puedo rechazarlos, por eso de prepararme se encarga mi Dueño.
"No esperan para nada que se les consulte, opinen o sientan (aunque lo sientan) simplemente no lo expresan a no ser que su Ama se lo requiera."¿Que no espero que se me consulte, opine o sienta? Mi Dueño cuenta conmigo siempre que piensa en algo, que sabe que quizá me cueste o no me guste. Otra cuestión distinta es que opine como yo o no. Por otro lado, tampoco puedo reprimir mis opiniones ni sentimientos, y se los hago llegar. Para Él, además, conocerlos le otorga un mayor control sobre la situación, lo que siempre redunda en mayor seguridad para mí.
"El esclavo no establece límites en las actividades para con su Ama. Los sumisos, tenemos límites duros que un Dominante no puede cruzar del todo y límites suaves que pueden ampliarse… previa conversación al respecto. El esclavo se limita solo ha aceptar, ni tan siquiera sugerirá que no puede “jugar” de ese modo o con un determinado artilugio."Verás, la diferencia es que yo le entregué todos los límites a mi Dueño para que Él los gestione. Y a mí Dueño le gusta que yo tenga iniciativa. Para todo lo demás, las muñecas hinchables están bien, no se quejan, no piensan... pero no creo que sea lo que Él busca.
"El esclavo nunca se planteara finalizar una relación, aunque disponga de los medios y herramientas para ello (las tiene porque se fijaron antes de la entrega de collar)"Sé que es posible que esta relación tenga un final, porque Él decida romperla o porque un día quizá yo no quiera continuarla. Sin embargo, también soy consciente de que, en este último caso, tendría que pedirle a Él que me liberase, no podría irme sin más. Pero estos pasos tuve que seguirlos en su día como sumisa.
"El factor que nos diferencia son las visiones que tenemos de los límites de la sumisión, un esclavo no establece ninguno, un sumiso si, la diferencia esta en el factor personal… en uno existe… en el otro no."El factor que nos diferencia, en mi humilde opinión, son los límites. Un esclavo deja los límites en manos de su Amo, lo que implica una mayor confianza, y exige de Él responsabilidad, cautela, paciencia. Un sumiso no, se guarda alguno para sí (lo que no implica que su Amo no tenga que ser responsable, cauto o paciente). Por otro lado, es posible que tengas razón y, como afirmabas al principio, también influya la manera de entregarse, de vivirlo... Pero estas son cuestiones tan personales, que no me atrevo a generalizar.
Y, efectivamente, una cosa no es mejor que la otra. A cada cual, lo suyo.
Un beso grande para ti, rotti{URS}, y también para tu Señora URSULA
PD: La otra opción es que quizá yo no sea esclava, y sin embargo, lo soy.
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sábado, 9 de octubre de 2010
Autosecretos
Foto: Mike Luvbight
Sumisa... Comprobar que una tiene mucho que descubrir de sí misma y que, en muchos aspectos, se trata de una completa desconocida. Existe un lado oculto en la imagen que te devuelve el espejo. Ese doble fondo consta de distintos compartimentos, cada uno con su llave particular y especial.
Una, que nunca supo de cerrajería, prueba con distintas llaves. Algunas dejan salir la necesidad de sumisión, la iniciativa para dar el paso y dejan vislumbrar el potencial sexual que anda por ahí (sí, en la D/s también se da el sexo, que en ocasiones parece un tabú hablar de sexo si el tema es el BDSM). Otras dejan salir a esa sumisa de manera natural, y la sitúan, por fin, en su rol, de manera íntegra y plena.
Y todas ellas, sin excepción, me muestran facetas inesperadas de mí, una suerte de Mr. Hyde pero sin el lado tenebroso que le acompaña; más bien, luminoso.
Desconozco si a otros/as sumisos/as o Dominantes les sucede lo mismo... ¿Quién me aclara la duda?
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martes, 5 de octubre de 2010
Igualdad
Pensaba que tenía asumido que el BDSM no siempre se comprende, por mucho respeto y mucha intención que pongan algunas personas vainillas (dicho así, parecen legión, pero no pasan de dos) con las que puedo hablar del tema.
Pero en una conversación con una de esas dos personas, he vuelto a comprobar que también resulta difícil que yo me haga a la idea de que, en realidad, la D/s va en contra de muchos conceptos que hoy en día resultan básicos si uno se quiere considerar a sí mismo como una persona "civilizada y moderna". Lo entrecomillo, porque podríamos debatir durante horas qué significado tiene esto exactamente, y mi intención está lejos de hacerlo en este post.
Le comentaba a esta persona que yo necesito un Amo, va en mi naturaleza: acumulo una hermosa colección de intentonas por abandonarlo y frustraciones hasta que logré autodiagnosticarme y saber qué me pasaba. Él, un hombre al que considero sensato y muy abierto, me respondió con un "bien, así que prefieres que te traten como a alguien inferior, en vez de establecer una relación de igualdad".
No tuvimos tiempo de continuar con el tema, pero me quedé pensando en si él llevaba razón o no. Desde luego, una relación D/s implica per se que Alguien manda y otro (u otra) obedece. Esto constituye una desigualdad evidente, donde el/la que obedece, supedita sus deseos al que manda.
Sin embargo, el que manda no suele hacerlo de manera tajante siempre: normalmente, si se trata de un/a Dominante (al menos, tal y como yo lo entiendo), deberá tener en cuenta en cada momento las condiciones físicas y psicológicas de la parte sumisa; además de sus circunstancias e incluso sus opiniones (aunque al final no las siga pero, al menos, las escucha). El cuidado y el respeto debe de ser mutuo y quizá por este lado, la balanza se equilibre.
Pero reconozco que me gusta que me Dominen (no que me "dominen"), deberme, ofrecerme sumisa y proporcionar placer, y que exista cierto control sobre mí. Todo esto me atrae y, lo más importante, me da placer.
Desde fuera, esto podría considerarse un retroceso desde el punto de vista de los derechos humanos y de la dignidad de la persona, sobre todo si olvidamos que la D/s se da dentro del marco de lo Sensato (o Sano), lo Seguro, y lo Consensuado (SSC). Si se trata de una opción escogida libremente por mí y que, no sólo no daña el resto de las facetas de mi vida, sino que las enriquece y las mejora, además de realizar una parte de mi como persona, está claro que no queda más remedio que replantearse ciertas ideas.
No obstante, y en caso de que este post llegara a ojos de alguna persona vainilla, la veda (o el debate) queda abierto.
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