Foto: indie72 Gente
Me considero afortunada, cuando compruebo que, de momento, no me falta nada.
A veces me pongo a pensar en las personas que conozco, y en el papel que juega cada una de ellas en mi vida.
Y encuentro a personas que me quieren, personas que me dan alegría, personas que me dan seguridad.
Personas que me calman, personas que me mueven.
Personas que me sostienen, personas que también hacen que me tambalee.
Personas que me inspiran temor, y personas que me dan confianza.
Personas que me gustaría conocer más a fondo, y personas que deseo cuanto más lejos, mejor.
Personas que son transparentes, personas que son más opacas.
Personas que me hacen el amor, personas que se quedan en la amistad.
Personas que me ven y personas que me ignoran.
Personas que me aportan, y personas que me dejan indiferente.
Personas que re-descubro, y personas que me descubren.
Personas que siento, y personas que me desconciertan.
Cada una de estas personas (no todas) completan una faceta de mí. Si me moviera en un único ambiente (solo laboral, solo familiar...), creo que siempre me faltaría algo, y quedaría una parte de mí por desarrollar. No lo digo simplemente por la actividad a desempeñar, sino por las personas que conozco en cada uno de estos sitios.
Supongo que es recíproco, y que por eso estas personas también buscan mi compañía. Si no, no habría disfrute, no habría búsqueda.
Siempre son lo más importante, las personas. Estemos en un parque, en el lugar de trabajo, en un chat, en un tren o hablando por teléfono.
Me considero afortunada, cuando compruebo que, de momento, no me falta nada.
