Estaba a gusto a sus pies y Él me hizo su esclava. Después, me marcó. No fue en la piel, sino en algún lugar mucho más profundo y de manera permanente.
Aún así, mi mente se partía en dos, se separaba, y no aguantaba la tensión. Grité socorro y le pedí permiso a Él para apartarme. Me lo dio, y nos desgarramos los dos.
Vagamos como fantasmas sin rumbo. Yo intentaba que me encantara ir de compras, pero me costaba no tener que pedirle permiso. O mirar la luna llena y resplandeciente y disfrutarla, pero se me hacía raro no compartirlo con Él. O masturbarme, con o sin BDSM, pero Él aparecía siempre dominando todas mis fantasías.
Pensaba que el tiempo, que a veces se convierte en dueño y señor del botiquín de los afectos, borraría mi sentimiento y mi deseo hacia Él, que haría palidecer esa marca indeleble que me dejó, que me permitiría volver a disfrutar de las cosas sin Él.
Y no pudo ser.
Cuando dos seres nacieron para encajar, comparten, además, una fuerza poderosa que no muere, que provoca que su atracción mueva masas de agua, montañas de arena, toneladas de estrellas, hasta unirse de nuevo.
Y eso fue.
Yo deseaba abrirle la puerta, y Él, meter el pie para no cerrarla. Así que ese día, los astros disfrutaron con nosotros, ese "no pero sí" se quedó en un sí.
...
Me llamaste por mi nombre, ese con el que me bautizaste y me hiciste renacer y lo reconocí: hasta la molécula más pequeña de mi cuerpo respondió, un latigazo me recorrió de los pies a la cabeza, ¿cómo pude mantenerme dormida?
Tú también respondiste a mi llamada, mi sitio seguía ahí, junto a ti, a tus pies.
Y supe que nunca nos habíamos ido.
atpPS.
Cuando dos seres nacieron para encajar, comparten, además, una fuerza poderosa que no muere, que provoca que su atracción mueva masas de agua, montañas de arena, toneladas de estrellas, hasta unirse de nuevo.
Y eso fue.
Yo deseaba abrirle la puerta, y Él, meter el pie para no cerrarla. Así que ese día, los astros disfrutaron con nosotros, ese "no pero sí" se quedó en un sí.
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Me llamaste por mi nombre, ese con el que me bautizaste y me hiciste renacer y lo reconocí: hasta la molécula más pequeña de mi cuerpo respondió, un latigazo me recorrió de los pies a la cabeza, ¿cómo pude mantenerme dormida?
Tú también respondiste a mi llamada, mi sitio seguía ahí, junto a ti, a tus pies.
Y supe que nunca nos habíamos ido.
atpPS.






