miércoles, 23 de abril de 2014

Es así



Estaba a gusto a sus pies y Él me hizo su esclava. Después, me marcó. No fue en la piel, sino en algún lugar mucho más profundo y de manera permanente.

Aún así, mi mente se partía en dos, se separaba, y no aguantaba la tensión. Grité socorro y le pedí permiso a Él para apartarme. Me lo dio, y nos desgarramos los dos.

Vagamos como fantasmas sin rumbo. Yo intentaba que me encantara ir de compras, pero me costaba no tener que pedirle permiso. O mirar la luna llena y resplandeciente y disfrutarla, pero se me hacía raro no compartirlo con Él. O masturbarme, con o sin BDSM, pero Él aparecía siempre dominando todas mis fantasías.

Pensaba que el tiempo, que a veces se convierte en dueño y señor del botiquín de los afectos, borraría mi sentimiento y mi deseo hacia Él, que haría palidecer esa marca indeleble que me dejó, que me permitiría volver a disfrutar de las cosas sin Él.

Y no pudo ser.

Cuando dos seres nacieron para encajar, comparten, además, una fuerza poderosa que no muere, que provoca que su atracción mueva masas de agua, montañas de arena, toneladas de estrellas, hasta unirse de nuevo.

Y eso fue.

Yo deseaba abrirle la puerta, y Él, meter el pie para no cerrarla. Así que ese día, los astros disfrutaron con nosotros, ese "no pero sí" se quedó en un sí.

...

Me llamaste por mi nombre, ese con el que me bautizaste y me hiciste renacer y lo reconocí: hasta la molécula más pequeña de mi cuerpo respondió, un latigazo me recorrió de los pies a la cabeza, ¿cómo pude mantenerme dormida?

Tú también respondiste a mi llamada, mi sitio seguía ahí, junto a ti, a tus pies.

Y supe que nunca nos habíamos ido.

atpPS.

jueves, 17 de octubre de 2013

Que si me quieres decir algo


Hace tiempo añadí la opción de ¿Me quieres decir algo? en el blog, arriba, en una pestaña, con la intención de que los lectores que quisieran comunicarse conmigo de una manera más directa, tuvieran la oportunidad de hacerlo a salvo de los miles de ojos y robots de internet que escanean el blog, comentarios incluidos.

No se ha utilizado demasiado, es cierto, pero sí más de lo que yo esperaba. Y en este tiempo, las consultas sobre relaciones D/s son las que se llevan la palma. Yo no soy ninguna gurú, ni nunca lo seré, por eso procuraba responder con cuidado, porque cada persona es un mundo, y sus circunstancias pueden variar de un segundo a otro. Me llama la atención, porque leyéndome a través del blog, esas personas me otorgan la confianza que no encuentran en sus amigos del día a día, sus habituales del chat o sus amigos del BDSM. Me halaga, claro, pero me produce una impresión de soledad en el BDSM que ya me he encontrado en otras personas, sean del rol que sean.

También me llegan felicitaciones por el blog, y como a nadie le amarga un dulce, me alegran el día.

Y después están los mensajes un poco crípticos, que no me los tomo ni a bien, ni a mal. Los emails que proporcionan, no parecen del todo verdaderos, así que tampoco puedo contestarles.

Finalmente, anuncio, con tristeza, que no tengo trolls. ¡Trolls del mundo, que un blog no lo es de verdad hasta que osáis pisotearlo con vuestras pezuñas!

El/la troll del BDSM

domingo, 25 de agosto de 2013

La distancia y el BDSM


Disculpad las escasas actualizaciones de este blog que, últimamente, brillan por su ausencia. Y también el que no me pasee por vuestros blogs, creedme cuando digo que lo echo de menos.

El otro día (o el otro mes, a saber, ando un poco perdida), mi Amo me propuso que escribiera un post sobre nuestra relación y la distancia. 

Puedo decir que, en lo que llevo rodado, he encontrado opiniones para todos los gustos:
  • Que si las relaciones BDSM a distancia no son tales, ni relaciones, ni BDSM.
  • Que con una relación a distancia es imposible sentir lo mismo que en una 24/7 o en la misma ciudad.
  • Que yo también tengo una relación a distancia, pero lo callo de puertas para afuera, no vaya a ser que me echen hordas de perros encima.
  • Que las relaciones a distancia son imposibles porque, al final, no se pueden mantener porque la frecuencia en el contacto no es suficiente.
  • Que los que tienen relaciones a distancia deberían morir. Bueno, esto me lo he inventado. Pero seguro que alguna persona lo piensa fervientemente.
Cada una de las opiniones anteriores me da para hacer un post completo. Pero, por una parte, no me apetece y, por otra, estoy segura de que a vosotros tampoco os apetece leer algo tan largo.

Así que, simplemente, me dedicaré a relatar mi caso.

Mi Amo, (por llamarlo de algún modo, porque es mucho más que eso) y yo llevamos ya tres años desde que nos conocimos es un chat de esos malditos (internet y lo ciber son el mal). Yo era bastante reticente a continuar cuando me dijo que vivía lejos, y Él no le daba a la relación más allá de un par de semanas de vida, siendo optimista. Pero ambos nos lanzamos a la piscina porque, lo que intuíamos al otro lado de la pantalla, nos parecía interesante. Y si se terminaba, que nos quitaran lo bailao.

Es cierto que, físicamente, no nos vemos tanto como quisiéramos. Y no es lo mismo que convivir, por supuesto, pero por eso mismo creo que disfrutamos de otras ventajas. Como decía mi abuela, no hay mal que por bien no venga.

Cada vez que nos vemos, es un regalo para ambos, que disfrutamos con una intensidad que nos mantiene flotando durante varios días. Siempre es especial, siempre, y conservamos cada minuto de cada encuentro guardado en nuestra memoria, como un tesoro que degustamos con placer de vez en cuando.

Mientras, las nuevas tecnologías nos permiten hablar todos los días, vernos, y continuar creciendo como Amo y esclava. Al final, estamos el uno en la mente del otro prácticamente de manera continua.

Por supuesto, la confianza mutua es vital. No nos ocultamos nada, incluso cuando sabemos que algo puede sentarle mal al otro. Pero son espinitas con las que es necesario pincharse para poder seguir evolucionando.

A veces pienso que, de tratarse de una relación vainilla, probablemente ya hubiera pasado a mejor vida. Sencillamente, no me imagino que un "te quiero" continuo pueda ser tan fuerte.

Pero al entregarme entera, y al implicarse mi Dueño como Propietario de mi vida, el nexo va mucho más allá: así, decidme que vosotras no sentís nada cuando os compráis algo a escondidas de vuestro Dueño, o cuando le deseáis servir y conseguís justamente lo contrario, o cuando dudáis en si una determinada acción le hará sentirse orgulloso de vosotras o no.

Si sentís algo en cualquiera de los casos anteriores, es síntoma de que se ha convertido en vuestro modo de vida. Para mí también. Y esto, entre otras cosas, creo, causa que la distancia se minimice, porque ya no somos dos que se quieren; somos Amo y esclava, dos que se deben el uno al otro, hasta las últimas consecuencias.

lunes, 17 de junio de 2013

Protocolos bedesemeros


Cuando me adentré en el BDSM, supe de eso que llaman "el protocolo", y que puede ser más o menos estricto y variar en mayor o menor medida.

Como recién llegada, eso de tratar de usted al Amo, de no mirarle a los ojos, de llamarle siempre Mi Señor, de aprenderse el repertorio "kamasutril" de posturas de la sumisa y demás añadidos, he de reconocer que me atraía mucho. Pero claro, todo eso no me salía solo: no trataba de usted a cualquier Dominante que se me cruzara y lo demás quedaba reservado, obviamente, al que fuera mi Amo... caso de que le gustara, porque de mí no salía automáticamente.

Supongo que esta actitud me llevó por senderos poco protocolarios. El caso es que, al cabo del tiempo, mi Amo y yo nos hemos dado cuenta de que sí, tenemos un protocolo y lo seguimos pero... es propio y se ha ido formando con el tiempo, conocimiento mutuo, y amor.

Así que ese Mi Señor, que nunca fue, ha pasado a una forma propia que, por respeto a nuestra intimidad, no desvelaré por aquí. Digamos, simplemente, que es una palabra derivada de Amo y adaptada a nuestras circunstancias. Del mismo modo, él no se dirige a mí como esclava, sino de otra manera también cambiada. En honor a la verdad, me llama de muchas maneras, algunas comunes por estos sitios bedesemeros, y otras no tanto.

Posturas no conozco nada más que una, la mía, que es una variante de esta, adaptada a nuestros sentimientos.

Y en cuanto a dirigirme a Él, no utilizo el usted, nunca lo hice. Recuerdo que un día "jugamos" a eso, a que yo le hablaba "de usted". No duramos mucho, la verdad, aunque reconozco que fue divertido (habrá que repetir). El usted nos alejaría teniendo en cuenta cómo somos ambos. Así que ahí queda, aparcado en un rincón.

Le miro a los ojos, me río de Él muchas veces y le hago perrerías (luego lo carga a mi cuenta, no pasa nada. Ya si eso, voy preparando la maleta para las antípodas cada vez que me huelo que quiere saldar la deuda). Eso no me hace perderle el respeto ni verle como menos Dominante. Más bien, al contrario, aumenta mi confianza en Él porque es lo suficientemente fuerte como para permitirme estas pequeñas salidas de tono.

También tenemos un saludo inicial y una despedida propias. No son ampulosos, son sencillos, cercanos y muy bonitos. Cuando alguno de los dos no lo realiza, el otro en seguida se da cuenta y le llama la atención... porque lo echa de menos, no porque considere que es una falta de respeto o de protocolo.

Sin embargo, es curioso, cuando alguno de los dos se enfada con el otro, este protocolo propio cambia ligeramente: su apelativo se convierte en un seco "Amo" (ni siquiera "mi Amo", porque en esas circunstancias no me sale otra cosa), yo paso a ser "esclava", simple y llanamente. Mi postura se convierte en obligatoria. Y mirarle a los ojos conlleva un reto que prefiero evitar (aunque no siempre, en función de lo arisca que me encuentre. ¿He dicho ya que me gusta el riesgo?) Sigo sin llamarle de usted porque nos aleja y, aún en los momentos peores, no el algo que persigamos ninguno de los dos.

Y, sí, siempre, estemos enfadados o no, Él tiene la última palabra. Para algo es el "Jefe", y en ocasiones es bastante difícil para mí comprenderlo. Pero esto va a así, ¿verdad?


lunes, 3 de junio de 2013

Postura


Lo necesitaba, pero no lo sabía, se me había olvidado. Hemos esperado, más unidos que nunca, pero en un área extraña de tierra de nadie. Por supuesto, hemos seguido siendo y actuando como Amo y esclava, aunque seamos mucho más que eso.

Y sin embargo, ha sido algo tan sencillo y, antaño tan habitual, como postrarme a sus pies, lo que definitivamente me ha devuelto a mi esencia, el pistoletazo que marca el nuevo camino pero con los zapatos de siempre o... con los pies descalzos de siempre.

Ha sucedido cuando menos lo esperaba. Ni siquiera fue una orden: fue un deseo, lo que es mucho peor, porque ante una orden, es fácil rebelarse, la propia naturaleza de la orden te lo pide; pero un deseo, sobre todo si es del Amo, solo se puede desear cumplirlo, no existe rebelión posible.

Aunque nunca he dejado de servirle de distintos modos, la que llamamos mi postura me pareció un concepto abstracto de repente. "Es fácil", respondí entre sonrisas que intentaban camuflar mi pequeño dilema. Pero no lo era. Mi postura significaba que realmente seguía permaneciendo, además de todo lo demás, su esclava. Que mi Amo y yo somos iguales, pero diferentes. Que mi orgullo, en fin, debía seguir siendo flexible ante su voluntad y doblegarse sin titubear.

Pero titubeé. Un segundo, nada más. Con la mirada, porque no me atrevía a decir nada, porque no quería decepcionarle. Mi orgullo se había endurecido. Él lo supo, y repitió su deseo acompañado de una dulzura que no daba lugar a vacilación alguna.

Y la esclava le sirvió, esta vez, como nunca antes lo había podido hacer.


lunes, 11 de febrero de 2013

Harta. El objeto de la discordia.

El objeto de todos los males

Tengo un Amo que no es un Amo, es el demonio encarnado. De hecho, para ser fieles a la verdad, yo no tengo un Amo, sino que Él me tiene a mí, esa es la fuente original de todos los males. Si fuera al revés, otro gallo nos cantaría.

Porque la cuestión no es que Él no tenga idea buena, sino que además, reincide en la idea mala con gusto y regusto. El Señor no se conforma con delinquir una vez... noooooo, qué va. Si delinquimos y gusta, repetimos, como con las natillas. ¡Con la variedad que existe en el BDSM!

Pues bien, servidora está harta, cansada y hasta los mísmisimos ovarios de los caprichos del Señor. Y es que, haciendo recuento, resulta que siempre que nos vemos, mi Señor Amo se las apaña para que el resto de la humanidad vea mi culo. Da igual si vamos en Metro, si estamos en medio de un pueblo, si en la playa aún queda gente, si el museo está que no cabe un alfiler... Siempre da igual, tiene que enseñar MI culo. Bueno, vale, es suyo también (je, tengo un Amo con dos culos, superad eso), pero la que lo lleva y sufre las penas soy yo.

¿Que llevo panties con el vestido? Él sube el vestido y baja los panties. ¿Acaso se me ha ocurrido ponerme pantalones? Abajo que van, por muy descarado que sea. ¿Que no llevo nada debajo de la falda por imperativo divino? ¡Adivina qué toca, masoca!

Una, he de reconocerlo, tiene su puntillo exhibicionista. Así que me da relativamente igual que enseñe fotos mías a sus amigotes y amigotas. Pero una cosa es esa, porque a sus amigotes no les conozco (aún, ni creo que me queden ganas si no es enmarascada y con un muro de por medio), y otra muy distinta ponerme en evidencia delante de media España. Sitio por el que pasamos, sitio que mi culo acaba visitando también "al natural".

Él dice que  claro, que con ese culo que Él tiene (y que llevo yo, que más quisiera Él, que lo siento mucho, pero no tiene na), que tiene que lucirlo y enseñarlo para que el resto de la humanidad también disfrute, que compartir es vivir, y que, qué narices, le gusta presumir de ello.

Que no digo que no, que me parece muy bien, pero que hay formas y formas. Y es que el Señor me ha hecho cada una... y no quiero ni imaginar las que me quedan aún.

Aquí la que suscribe, ha intentado alguna vez rebelarse in situ ante tamaña desfachatez (por muy Amo mío que sea, no deja de ser una desfachatez) pero os aseguro que fue peor el remedio que la enfermedad, porque si dejándome hacer, ve mi culo media España, negándome lo ve España entera y parte del resto del mundo.

Así que, después de resistirme un par de veces, he desistido y simplemente obedezco y rezo mientras, por que no lo vea nadie, que al Amo no le dure el capricho mucho tiempo, y que todo pase pronto.

¡Ese Sindicato, por favor, dónde está cuando lo necesitamos!


lunes, 28 de enero de 2013

Cómo cazar Amos

A ver, que sí, que estamos en época de crisis, y que o espabilamos, o nos comen. Que hay que estar a las duras y a las maduras, que ya está bien.

Así que, queridas amigas, aquí os dejo una lista de consejitos para cazar Amos. Todas sabemos que podemos encontrar Amos a patadas, pero que realmente merezcan la pena, vemos pocos. Y de esos que se libran de la quema, algunos son exigentes y nos rechazan, ¡encima! Habráse visto tamaña prepotencia, chulería y descaro, ellos, que tendrían que estar babeando porque una sumisa/esclava nos dignemos a saludarles.

En fin, dará la casualidad de que además, justo ese Amo exigente es el que nos pierde... ¡como si no hubiera más carne en el mercado! Pero las féminas somos así, caprichosas, y si decimos 'ese', tiene que ser 'ese' y no el de al lado. Pues bien, queridas lectoras, vamos a conseguir ese trofeo para nosotras solitas (o no, que lo mismo nos tiene preparada alguna hermanita).

1.- Ser solícita y obediente.

Sí, queridas mías, que Ellos dicen que no quieren jarrones, que quieren sumisas, pero bien que les gusta cuando no rechistamos ante sus caprichos. Si acaso, podemos hacernos las difíciles o las indignadas solo un poquito, para darle juego a la cosa, que si no, es muy aburrida.

Y, en fin, si nos exige algo que realmente nos parece terrorífico, podemos apelar a nuestros límites, lanzar la palabra de seguridad, o amenazar con la denuncia al Sindicato de Sumisas, Esclavas, y Demás Entes.

2.- Hacer como que compartes todos sus gustos.

Si esos gustos compartidos se refieren al BDSM, puede que luego te encuentres en apuros, con lo cual, te remito al último párrafo del punto anterior.

En lo demás, si le gusta la ópera y tú solo escuchas a Justin Bieber, comienza a sacrificarte e inunda tus seguramente maltrechos oídos a base de cantes líricos elevados. Eso sí, memoriza los títulos y los intérpretes. O mejor aún, estúdiate las más comunes y las opiniones que encuentres por ahí sobre ellas. Tranquila, Él no se dará cuenta de nada mientras conserves a Justin para la intimidad.

O si, por ejemplo, le fascina el estudio de los coleópteros ateos y coprófagos, tranquila. Existe Google, y si no, al ser una disciplina poco frecuente, nada será más placentero para Él que escuchar tus preguntas y comprobar tu admiración por sus respuestas... y tu rápido aprendizaje al respecto.

3.- Hablarle de otros Amos con los que también estás en tratos.

Y aunque sea mentira.

Esta técnica implica algo de riesgo. Es un órdago ante el cual, el Amo deseado puede retirarse del juego al sentirse herido o no querer poner en entredicho su orgullo.

Sin embargo, si sale bien, te verá como una joya al ser deseada por varios. Total, como los Amos no suelen hablar demasiado entre ellos (se dan alergia unos a los otros), es difícil que pueda comprobar tu coartada.

4.- Cuidarte mucho.

Mientras, queridas amigas, estemos en el mercado, debemos estar atractivas y presentables. Así que es el momento de retomar esa dieta, de echar mano de los postizos, de maquillarnos aunque no sea nuestra costumbre, ir a la pelu día sí, día también, y gastarnos un pastón en lencería y juguetitos varios.

Luego, una vez obtenida la presa (o Presa, si nos atenemos a los cánones establecidos), podemos descuidarnos un poquito con cualquier excusa. Total, ¡seguro que Él no se cuida ni la mitad de la mitad de la mitad que nosotras, y eso es injusto!

De momento, no tengo más consejitos que ofeceros. Aunque si se os ocurre algún otro, será bienvenido.

Y sin más, os dejo con una significativa imagen de lo que debe ser una sumisa/esclava, que encontré no hace mucho por un concurrido Centro Comercial. Saludos, amigas, y buen provecho.