Una imagen vale más que mil palabras... ¿o es al revés?
viernes, 4 de mayo de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
La soledad de la esclava
Estoy en mi sitio, en los brazos adecuados, a los pies de una persona que nunca esperé encontrar. Después, temí creérmelo, pero que fuera falso y todo se esfumara; mis pasos necesitaron de toda Su paciencia para seguir una senda completa, que fuera más allá del mero rol.
Nunca ha dejado de sostenerme y, sin embargo, existe lo que yo llamo la soledad de la esclava (o de la sumisa).
A lo largo de este viaje, existen distintos momentos donde la esclava o sumisa debe pasar ciertos puntos por sí misma (ignoro si con los varones sumisos sucederá igual). El Amo, llevándole de la mano, le dice: "mira, te he acompañado hasta aquí, te has fiado de mí hasta este punto, pero esto es algo que debes saltar tú sola, si es que decides hacerlo."
Sé que tras ese tipo de hitos, mi Dueño está listo para recibirme, cuidarme y abrazarme, orgulloso. Pero eso no quita que tiemble cuando llega alguno. Porque en ese momento, me siento sola, enfrentada a mí misma, y entonces deseo un empujoncito de mi Amo. Pero no, Él ya hizo su labor llevándome hasta allí, y el resto depende de mí.
Supone un fuerte ejercicio de confianza, porque debo creer que Él estará esperando, que puedo hacerlo sola, y que saldrá como hemos previsto los dos.
Implica una entrega grande, porque esa confianza necesaria es prácticamente difícil de encontrar fuera de una relación que, aún yendo más allá del Amo y la esclava, se basa en ello.
Necesita de una autorreflexión, de una claridad de ideas que pone a prueba ese sometimiento; si esa entrega no ha sido por voluntad propia en un principio, ahora se tambaleará y caerá, porque no habrá correa tirando que fuerce a seguir. Esta vez, debe ser el propio motor el que guíe.
Con todo esto no me refiero a simples prácticas que puedan darse en una sesión, sino a cambios más profundos que pueden darse a lo largo de la relación y que exigen más implicación por parte de ambos. Pondría algún ejemplo concreto, pero los considero muy personales, seguro que se os ocurre alguno.
¿Quitaría esta parte de la relación D/s? Ya podéis suponer que la respuesta es 'no'. Constituye parte de ella y la satisfacción y unidad que se alcanzan tras de ella, compensan todo lo demás con creces.
Sé que tras ese tipo de hitos, mi Dueño está listo para recibirme, cuidarme y abrazarme, orgulloso. Pero eso no quita que tiemble cuando llega alguno. Porque en ese momento, me siento sola, enfrentada a mí misma, y entonces deseo un empujoncito de mi Amo. Pero no, Él ya hizo su labor llevándome hasta allí, y el resto depende de mí.
Supone un fuerte ejercicio de confianza, porque debo creer que Él estará esperando, que puedo hacerlo sola, y que saldrá como hemos previsto los dos.
Implica una entrega grande, porque esa confianza necesaria es prácticamente difícil de encontrar fuera de una relación que, aún yendo más allá del Amo y la esclava, se basa en ello.
Necesita de una autorreflexión, de una claridad de ideas que pone a prueba ese sometimiento; si esa entrega no ha sido por voluntad propia en un principio, ahora se tambaleará y caerá, porque no habrá correa tirando que fuerce a seguir. Esta vez, debe ser el propio motor el que guíe.
Con todo esto no me refiero a simples prácticas que puedan darse en una sesión, sino a cambios más profundos que pueden darse a lo largo de la relación y que exigen más implicación por parte de ambos. Pondría algún ejemplo concreto, pero los considero muy personales, seguro que se os ocurre alguno.
¿Quitaría esta parte de la relación D/s? Ya podéis suponer que la respuesta es 'no'. Constituye parte de ella y la satisfacción y unidad que se alcanzan tras de ella, compensan todo lo demás con creces.
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