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viernes, 23 de marzo de 2012

Esclava de profesión, esclava de vocación

Foto: Anthelian
Esclava de profesión, es gritar a los cuatro vientos que te gusta ser una supermujer, libre, que trabaja y lleva la casa y los niños, que además se arregla y tiene tiempo para ir al gimnasio y estar buena.

Esclava de vocación, es callar ante tu Dueño, porque te fías de Él, y aceptar que te ayude a llevar la casa, los niños, dejarte tiempo para que seas tú misma.

Esclava de profesión, es aceptar que tu pareja tome las decisiones importantes por ti, que sea él (o ella) quien lleve los asuntos de los recibos, el dinero, porque aceptas que él sabe y tú no.

Esclava de vocación, es aceptar que tu Dueño se implique en las decisiones importantes para ti, que aunque controle tus recibos, tu dinero, y demás asuntos, se interese porque sepas lo que haces, o te conviertas en su consejera en esos mismos asuntos.

Esclava de profesión, es cuando tu pareja, amigos, madre, y demás elementos sociales, deciden cómo debes vestir para poder ser aceptada. Siempre.

Esclava de vocación, es cuando tu Dueño decide cómo debes vestir en un momento determinado para servirle, y en otros simplemente te deja ser tú misma, o prefiere que le sorprendas.

Esclava de profesión, es cuando, sin estar entre la espada y la pared, acatas cualquier decisión de tus superiores, sin cuestionártela, callando para ti tus opiniones, y evitando sugerencias.

Esclava de vocación, es cuando, sin estar entre la espada y la pared, cuestionas las decisiones de tus superiores, opinas, y aportas sugerencias. O cuando, estando entre la espada y la pared, cuestionas las decisiones de tu Dueño, opinas, aportas sugerencias y, aunque no estés de acuerdo, acatas.

Esclava de profesión, es cuando obedeces solo a tus propios egoismos y sentimientos, te conviertes en dueña y señora de tu pareja, y deseas que sea únicamente tuya, sin excepciones.

Esclava de vocación, es cuando obedeces a tu vocación de esclavitud, entendiendo que aunque seas mujer, compañera, amiga, y puta de tu Dueño, no dejas de ser su esclava. Que se abra la relación, no significa que vaya a dejar de quererte y cuidarte. Si lo hace, habrás perdido un mal amo, y habrás ganado descanso.

Esclava de profesión, es cuando obedeces las convenciones de lo que está bien y lo que está mal, sobre todo en cuanto a las relaciones sociales, el modo de vivir, y el sexo.

Esclava de vocación, es cuando las convenciones de lo que está bien y lo que está mal, sobre todo en cuanto a las relaciones sociales, el modo de vivir, y el sexo, son fruto de reflexiones propias entre tu Dueño y tú.

Esclava de profesión, es cuando tienes miedo de tu pareja, porque de vez en cuando te hace daño, en su más amplio sentido.

Esclava de vocación, es cuando confías al 200% en tu Dueño, porque sabes que jamás te hará daño, sino que contarás con su protección siempre. Pero también sabes que es recíproco, y que tú también debes actuar así.

Esclava de profesión, es cuando das sexo a cambio de obtener amor.

Esclava de vocación, es cuando das todo, sin esperar recibir, pero te encuentras regalada con el cuádruple de lo que entregaste.

Y tú, ¿en qué lado te encuentras?

domingo, 17 de octubre de 2010

Sumiso vs. esclavo


Acabo de leer un post de rotti{URS}, sumiso de URSULA, dos personas a las que admiro mucho. Mi intención era contestarle en un comentario de su entrada, pero a Blogger le parece que son demasiadas letras, y no me lo permite. Así que voy a exponerlo aquí.

Voy a discrepar desde mi postura como esclava.
"Un esclavo ante una tarea diaria inacabada esperara el castigo, los sumisos esperamos quizás algo de indulgencia."

Ante una tarea inacabada, puedo esperar también indulgencia. ¡A saber por qué no la he terminado! Y, además de esclava, sigo siendo persona, es decir, imperfecta.
"Los límites de un esclavo en principio son más que elevados que los nuestros, el compromiso con su Dominante son mayores, ya que al Dominante se le permite un control más amplio e integro de sus vidas."
Mis límites no son más elevados que los de un sumiso. Simplemente, se los entregué a Él para que los gestione. Aunque sí que es posible que mi compromiso, por tanto, sea mayor con mi Dueño, exige una confianza total (pero no ciega. Siempre ven más cuatro ojos que dos, y eso Él lo agradece).
"El esclavo desarrolla su entrega en el absoluto (yo no tengo el control de nada), su único objetivo es como hacer más feliz y en como ser mejor para su Ama. En cambio los sumisos tendemos a pensar en el conjunto de los dos en esa ecuación."
Yo sé que si no soy feliz, no podré hacer feliz a mi Dueño. Y mi Dueño lo sabe también. Otra cuestión distinta es que sea Él quien tenga la última palabra en todo.
"Un esclavo no tiene deseos propios, un sumiso si. Cuando su Ama, hace algo más allá, lo percibe como un premio, no como una necesidad cubierta."
¿Que un esclavo no tiene deseos propios? Madre mía... ahora resulta que voy a ser un robot. ¡Claro que tengo deseos propios! Incluso mi Dueño me pregunta por ellos, le interesa saberlos. Pero también se los hago saber por iniciativa propia. Y, sí, efectivamente, considero un premio la satisfacción de alguno de ellos.
"Un esclavo ve la relación mas delineada y vacía de “atrezzos” como pueden ser los mimos por ejemplo, esto no quiere decir que no los agradezcan, pero si que lo ven y perciben como un lujo."
¿Los mimos un lujo? Ay, mi madre, ¡¡con lo mimoso que es mi Dueño!! ¿Si el Dueño es mimoso, entonces debe cohibirse con su esclava porque 'no toca'? Como esclava, necesito mimos, y eso implica que, si los veo como un lujo, no soy feliz. Y... mi Dueño no persigue mi infelicidad. Es más, te puedo decir que siendo sumisa, recibí muchísimos menos mimos. Irónico, ¿no?
"Están siempre preparados para hacer tareas no deseadas, preparados para empujar los límites, simplemente por el placer del Ama, esperando usar el total de sus habilidades, para complacerlos."
Y no, no estoy preparada para empujar mis límites. Me gustaría estarlo por mi Amo, eso lo tengo claro, pero soy humana y conozco perfectamente mis limitaciones... y mis límites. Sola, no puedo rechazarlos, por eso de prepararme se encarga mi Dueño.
"No esperan para nada que se les consulte, opinen o sientan (aunque lo sientan) simplemente no lo expresan a no ser que su Ama se lo requiera."
¿Que no espero que se me consulte, opine o sienta? Mi Dueño cuenta conmigo siempre que piensa en algo, que sabe que quizá me cueste o no me guste. Otra cuestión distinta es que opine como yo o no. Por otro lado, tampoco puedo reprimir mis opiniones ni sentimientos, y se los hago llegar. Para Él, además, conocerlos le otorga un mayor control sobre la situación, lo que siempre redunda en mayor seguridad para mí.

"El esclavo no establece límites en las actividades para con su Ama. Los sumisos, tenemos límites duros que un Dominante no puede cruzar del todo y límites suaves que pueden ampliarse… previa conversación al respecto. El esclavo se limita solo ha aceptar, ni tan siquiera sugerirá que no puede “jugar” de ese modo o con un determinado artilugio."
Verás, la diferencia es que yo le entregué todos los límites a mi Dueño para que Él los gestione. Y a mí Dueño le gusta que yo tenga iniciativa. Para todo lo demás, las muñecas hinchables están bien, no se quejan, no piensan... pero no creo que sea lo que Él busca.
"El esclavo nunca se planteara finalizar una relación, aunque disponga de los medios y herramientas para ello (las tiene porque se fijaron antes de la entrega de collar)"
Sé que es posible que esta relación tenga un final, porque Él decida romperla o porque un día quizá yo no quiera continuarla. Sin embargo, también soy consciente de que, en este último caso, tendría que pedirle a Él que me liberase, no podría irme sin más. Pero estos pasos tuve que seguirlos en su día como sumisa.
"El factor que nos diferencia son las visiones que tenemos de los límites de la sumisión, un esclavo no establece ninguno, un sumiso si, la diferencia esta en el factor personal… en uno existe… en el otro no."
El factor que nos diferencia, en mi humilde opinión, son los límites. Un esclavo deja los límites en manos de su Amo, lo que implica una mayor confianza, y exige de Él responsabilidad, cautela, paciencia. Un sumiso no, se guarda alguno para sí (lo que no implica que su Amo no tenga que ser responsable, cauto o paciente). Por otro lado, es posible que tengas razón y, como afirmabas al principio, también influya la manera de entregarse, de vivirlo... Pero estas son cuestiones tan personales, que no me atrevo a generalizar.

Y, efectivamente, una cosa no es mejor que la otra. A cada cual, lo suyo.

Un beso grande para ti, rotti{URS}, y también para tu Señora URSULA

PD: La otra opción es que quizá yo no sea esclava, y sin embargo, lo soy.

domingo, 5 de septiembre de 2010

¿Esclava yo?



Reconozco que aceptar mi condición de sumisa no me fue especialmente duro. Me lo tomé con bastante naturalidad. Otra cuestión distinta es que lograra ser buena sumisa, algo bastante complicado y que requiere explorar un largo y trabajoso camino, por el que aún paseo, con la suerte de disfrutar de un buen Guía.

Pero tuve otros acompañantes y otras experiencias anteriores, que me ayudaron a clarificar lo que deseaba y esperaba. De esta manera, concluí que la sumisión la llevaba dentro, entrelazada a mi ser, y necesitaba darle salida.

Deduje, además, que jamás me convertiría en esclava, no constituiría un objetivo a seguir en mi sendero hacia la D/s. ¿Ceder mis límites, dejarlos en manos de otra persona? ¡Qué locura más insensata! Inevitablemente, mis límites condicionarían siempre mi entrega, y así debía asumirlo aquel que me poseyera.

Conclusión esta que dejé patente no hace mucho en este blog... y ante la que ahora he de agachar las orejas (el rabo no, porque de eso no tengo).

Admito que mi deseo de ofrecerme al que me posee, provocó que pusiera todos mis límites en sus manos algo inconscientemente, fiándome simplemente de mi intuición (que, hasta ahora, pocas veces me ha fallado, todo hay que decirlo). Aún así, continuaban mis miedos y temores, preguntándome si estaba haciendo lo correcto traicionando unos principios que siempre consideré muy cabales e inamovibles. Además, ¿no me estaba precipitando demasiado?

Yo creía conocer el significado de entrega, de confianza. Pero estaba muy equivocada, como he podido comprobar ahora. Continúo limitada, es inevitable, pero todo eso lo he dejado en manos de mi Dueño. Confío en su mano, en su tiento, en su paciencia, para llevarme por donde Él desee. Ahora sí sé lo que implica la confianza: supone abandonarse totalmente en Él, entender que procurará mi bien y no perseguirá mi daño, que conoce mi potencial y hasta dónde podría llegar aunque yo no lo crea, y que sus decisiones serán meditadas.

¿Miedo? No, ya no. Supongo que encontraremos ocasiones en las que me cueste o no pueda acatar alguno de sus deseos, pero sé con certeza que sabrá orientarme con sabiduría. Por fortuna, Él no es perfecto, lo que me deja un margen de error para que yo tampoco lo sea. No obstante, quizá, aún quede un pequeño temor, el de no estar a la altura en algún momento... pero cuento con su comprensión y maestría.


viernes, 20 de agosto de 2010

¿Sumisa o esclava?

Foto: André Brito

En este camino que empecé hace tiempo, o no tanto, según quien lo juzgue, las distintas experiencias han ido perfilando lo que soy y lo que no. Llegó un momento en que me definí a mí misma como sumisa, no como esclava, aún sin saber motu proprio en qué consistía exactamente eso de la esclavitud D/s: si aparecían la persona y momentos adecuados, ¿sería capaz de serlo?

Ayer, durante una conversación, vi mucho más claro la respuesta a la pregunta anterior: No. No puedo ser esclava. Y que me disculpen las que lo sean y sus Dueños si les molesta mi argumentación.

Cuando mi Amo aceptó poseerme, me entregué con confianza plena. Pero... ¿qué implicaciones acompañan a esta confianza, y cuáles no?

Según mi criterio, mi confianza en Él entraña que sé que no persigue mi mal (ya me explicó una vez que provocarme daño sería provocárselo a Él mismo) y, por tanto, sus órdenes tampoco y no debe haber duda para acatarlas. Confianza en Él también significa que conozco que no me oculta nada importante que me ataña, ni me miente, pudiendo abandonarme a Él en mi entrega. Si yo fuera Dominante, creo que afirmaría que todo esto puede aplicarse del Amo hacia su sumiso, adaptada cada  razón a su rol . Que me corrijan si estoy equivocada.

Sin embargo, como sumisa, mi confianza no conlleva acatar absolutamente todos los deseos de mi Dueño sin cuestionármelos. Y eso no significa que no vaya a obedecerle. Sencillamente, asumo que ni Él ni yo somos perfectos; mi Amo puede equivocarse en un momento dado o no medir bien las consecuencias de un determinado capricho suyo.Yo puedo interpretar un deseo suyo erróneamente o bloquearme en un momento dado. Pero hablando, dicen, se entiende la gente, y los Amos y las sumisas no somos la excepción.

Esa confianza, además, no es sinónimo de eliminación y anulación de los pensamientos y personalidad de la sumisa. Como sumisa y persona, tengo mis opiniones, mis circunstancias, mis creencias y mis valoraciones morales. Algunos pueden moldearse y adaptarse según los deseos de mi Dueño, otros son intocables. ¿Constituyen límites en el proceso de mi educación? Tan límites como el que yo sea mujer y no hombre, que tenga determinada edad, que no sepa hablar quechua, o que este viviendo en esta época  y sociedad y no en otras. Son inherentes a mí, son yo.

Puede sonar subversivo, no lo sé. Forman las razones por las que creo que nunca me convertiré en esclava, si tengo bien entendido este concepto. Y, sin embargo, me gusta la sumisión.