Te prometo que a partir de ahora seré buena.
Te lo juro.
Nunca más me portaré mal. No te fastidiaré modiéndote el cuello, ni te besaré el ombligo, que sé que lo odias.
Jamás volverás a escuchar un 'no' de mi boca. Tus órdenes serán acatadas con fidelidad, por extravagantes que sean.
Sí, vale, cuando me ates, intentaré no volver a golpearte los testículos mientras mis piernas aún pueden moverse.
Y cuando me azotes, prometo no utilizar la palabra de seguridad tan rápido. Solo cuando yo crea que ya he aguantado bastante y me haya dado tiempo a coger las tijeras.
No volveré a hacer como que se me va
la mano, quemándote con la vela, cuya cera derramabas sobre mí. La
quemadura tenía una forma graciosa, como de zapato, aunque tú no lo
apreciaras.
Y no te clavaré imperdibles sin avisar. Pero tú te lo pierdes, que la acupuntura tiene mucha fama.
Cuando tenga tu polla en mi boca, te aseguro que dejaré a buen recaudo mis dientes, no como aquella vez, que tuvimos que acabar en urgencias (bueno, fuiste tú solo, que yo tenía que limpiar mi casa, la dejaste hecha unos zorros). Los médicos no entendieron la broma.
Lo único que no puedo prometerte es volver a unirte de nuevo. Me costó mucho cortarte y repartir todos tus cachitos entre los distintos altares que tengo por la casa. Un Amo debe estar ahí, en un altar. Yo te he puesto en varios, porque lo mereces.
Pero por lo demás, te prometo que seré buena.
Te lo juro.

