viernes, 20 de agosto de 2010

¿Sumisa o esclava?

Foto: André Brito

En este camino que empecé hace tiempo, o no tanto, según quien lo juzgue, las distintas experiencias han ido perfilando lo que soy y lo que no. Llegó un momento en que me definí a mí misma como sumisa, no como esclava, aún sin saber motu proprio en qué consistía exactamente eso de la esclavitud D/s: si aparecían la persona y momentos adecuados, ¿sería capaz de serlo?

Ayer, durante una conversación, vi mucho más claro la respuesta a la pregunta anterior: No. No puedo ser esclava. Y que me disculpen las que lo sean y sus Dueños si les molesta mi argumentación.

Cuando mi Amo aceptó poseerme, me entregué con confianza plena. Pero... ¿qué implicaciones acompañan a esta confianza, y cuáles no?

Según mi criterio, mi confianza en Él entraña que sé que no persigue mi mal (ya me explicó una vez que provocarme daño sería provocárselo a Él mismo) y, por tanto, sus órdenes tampoco y no debe haber duda para acatarlas. Confianza en Él también significa que conozco que no me oculta nada importante que me ataña, ni me miente, pudiendo abandonarme a Él en mi entrega. Si yo fuera Dominante, creo que afirmaría que todo esto puede aplicarse del Amo hacia su sumiso, adaptada cada  razón a su rol . Que me corrijan si estoy equivocada.

Sin embargo, como sumisa, mi confianza no conlleva acatar absolutamente todos los deseos de mi Dueño sin cuestionármelos. Y eso no significa que no vaya a obedecerle. Sencillamente, asumo que ni Él ni yo somos perfectos; mi Amo puede equivocarse en un momento dado o no medir bien las consecuencias de un determinado capricho suyo.Yo puedo interpretar un deseo suyo erróneamente o bloquearme en un momento dado. Pero hablando, dicen, se entiende la gente, y los Amos y las sumisas no somos la excepción.

Esa confianza, además, no es sinónimo de eliminación y anulación de los pensamientos y personalidad de la sumisa. Como sumisa y persona, tengo mis opiniones, mis circunstancias, mis creencias y mis valoraciones morales. Algunos pueden moldearse y adaptarse según los deseos de mi Dueño, otros son intocables. ¿Constituyen límites en el proceso de mi educación? Tan límites como el que yo sea mujer y no hombre, que tenga determinada edad, que no sepa hablar quechua, o que este viviendo en esta época  y sociedad y no en otras. Son inherentes a mí, son yo.

Puede sonar subversivo, no lo sé. Forman las razones por las que creo que nunca me convertiré en esclava, si tengo bien entendido este concepto. Y, sin embargo, me gusta la sumisión.

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