viernes, 28 de enero de 2011

Sexualidad de sumisa vs. sexualidad sumisa



Sexualidad de sumisa, que no sexualidad sumisa. Es diferente. Andaba yo pensando en los movimientos a favor de la sexualidad de la mujer, como reacción lógica y esperable ante la dominancia masculina en este terreno, y pasotismo e ignorancia ante la sexualidad femenina por parte de todo el mundo y a lo largo de la historia.

Me parece que es cierto, que es así por desgracia, por eso siguen existiendo días como el de la Mujer Trabajadora. Claro que, luego está la otra cara de la moneda, porque este tipo de movimientos, tienen dos lecturas. Te dicen que la mujer no debe ser sumisa del hombre en el terreno sexual, que debe tenerse en cuenta a sí misma, hacernos valer, hacernos ver, hacer notar que nosotras también tenemos necesidades: el morbo, la variación de juegos, los famosos preliminares, que sepamos qué es un orgasmo... esas cosas.

Y entonces cómo no hacerse preguntas: ¿es que al ser esclava no estoy disfrutando de mi sexualidad? ¿Estoy haciendo algo incorrecto? ¿Me estoy despreciando y depreciando? Si no leemos atenta y correctamente, es tan fácil caer en esto...

Pero si soy capaz de hacerme preguntas, soy capaz de darme respuestas. No siempre es así, pero esta vez he tenido suerte. Al menos, he encontrado respuestas que me satisfacen.

Como persona, como mujer, he aprendido acerca de mi sexualidad, superando ideas culturales negativas sobre ello, indagando, probando, tomándolo como algo natural. O, al menos, eso he intentado. De la misma manera, ya como persona adulta, como mujer siempre, he decidido que para satisfacerme en esta parte de mí es necesario entregarlo, entregarme. Y así entraríamos en lo de siempre, aunque yo creo que va quedando cada vez más claro: sí, el placer del Amo está siempre por encima del de la sumisa. Pero si a las sumisas o esclavas, no nos satisfaciera, no lo seríamos, no estaríamos aquí (excluyo situaciones patológicas).

Si a mí me gusta complacer a la Persona a la que pertenezco, he decidido que obtendré mi placer por esa vía. Y, por supuesto, a esa Persona le tiene que gustar poseerme y cómo le complazco.

Si algo cambiara y, por cualquier motivo, esto dejara de ser así, seguramente llegaría un momento en que no podría soportarlo más (al fin y al cabo, ¡no he dejado de ser persona!), y pediría mi liberación. O incluso es posible que el Amo lo captara y decidiera que lo más conveniente para los dos, fuera liberarme (opciones que, dicho sea de paso, ahora mismo no me apetece ni nombrar). Parece contradictorio, porque todos sabemos qué tipos de juegos se pueden dar aquí: control del orgasmo, azotes, cesiones, bondage, exhibiciones... Acciones que, a priori, podría parecer que sólo satisfacen al Amo. Incluso a veces nos quejamos mientras se llevan a cabo. Pero todas sabemos que es con la boca pequeña. Porque cuando tengamos una queja seria, utilizaremos la palabra de seguridad, o si no es necesario llegar a tanto, lo hablaremos después.

Es curioso, entonces, que tantas feministas se erijan en favor de una única verdad, y pidan a gritos que no sigamos juegos de sumisión o, incluso, que nos erijamos como Dominantes, única y exclusivamente. Me siento realmente ofendida cuando veo o leo algo relacionado con estos temas y tratado de esta manera. ¿Quiénes son estas señoras para hablar en mi nombre?

Cierto que sigue existiendo la sexualidad sumisa: la sexualidad no reconocida de la mujer, la sexualidad maltratada, donde a la mujer no le está permitido disfrutar nunca (¿hablamos de ablaciones?), donde la mujer es violada y vejada de múltiples maneras con total impunidad por parte de los poderes establecidos. Y por esto es conveniente continuar la lucha.

Pero eso no es lo mismo que la sexualidad de sumisa: me someto porque me gusta, porque así lo decidí, porque existen Personas a las que también les gusta recibir esa entrega, saben apreciarla, manejarla correctamente, sin despojarme de mi dignidad de persona o, incluso, potenciándola.

Y eso no es todo. No sólo me refiero a la parte física y fisiológica de todo esto. Resulta que, como a otras muchas, también me gusta entregar lo demás: mi tiempo, mi pensamientos, mi día a día. Señoras feministas, sean justas a la hora de exigir igualdad, que esa igualdad sea real, tan real como para que me dejen decidir qué quiero hacer con mi vida en general y mi sexualidad en particular. Dejen de mirar con ojo crítico todo aquello que no coincide con sus reducidas miras. ¿Por qué no se las oye cuando en un anuncio vemos a una mujer en actitud dominante con uno o varios hombres, pero sí al contrario?

Tenemos una historia a nuestras espaldas que aún pesa mucho, pero con actitudes desiguales y discriminaciones positivas nunca vamos a superarla.

En fin, lamento la parrafada, pero me apetecía escribirlo. Buen fin de semana.

3 comentarios:

Francis dijo...

Todo es más simple pero la civilización tiende a mutarlo en laberínticas complejidades por una vacua pretensión por parecer diferente.

Sigo leyendo, aunque es más interesante lo que muestras entre líneas...

SF

Anónimo dijo...

Excelente tu post... estoy completamente de acuerdo contigo...

Que me perdonen las feminisitas.. pero me gusta ser como soy... :))

un beso hermosa

y si, ando perdida... jijiji... ya sabras el porque... Toy feliz

Valan dijo...

Buena diferenciación, en efecto...