Mostrando entradas con la etiqueta sadismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sadismo. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de febrero de 2012

Te lo prometo



Te prometo que a partir de ahora seré buena.
Te lo juro.

Nunca más me portaré mal. No te fastidiaré modiéndote el cuello, ni te besaré el ombligo, que sé que lo odias.

Jamás volverás a escuchar un 'no' de mi boca. Tus órdenes serán acatadas con fidelidad, por extravagantes que sean.

Sí, vale, cuando me ates, intentaré no volver a golpearte los testículos mientras mis piernas aún pueden moverse.

Y cuando me azotes, prometo no utilizar la palabra de seguridad tan rápido. Solo cuando yo crea que ya he aguantado bastante y me haya dado tiempo a coger las tijeras.

No volveré a hacer como que se me va la mano, quemándote con la vela, cuya cera derramabas sobre mí. La quemadura tenía una forma graciosa, como de zapato, aunque tú no lo apreciaras.

Y no te clavaré imperdibles sin avisar. Pero tú te lo pierdes, que la acupuntura tiene mucha fama.

Cuando tenga tu polla en mi boca, te aseguro que dejaré a buen recaudo mis dientes, no como aquella vez, que tuvimos que acabar en urgencias (bueno, fuiste tú solo, que yo tenía que limpiar mi casa, la dejaste hecha unos zorros). Los médicos no entendieron la broma.

Lo único que no puedo prometerte es volver a unirte de nuevo. Me costó mucho cortarte y repartir todos tus cachitos entre los distintos altares que tengo por la casa. Un Amo debe estar ahí, en un altar. Yo te he puesto en varios, porque lo mereces.

Pero por lo demás, te prometo que seré buena.
Te lo juro.


jueves, 25 de noviembre de 2010

Sadismo vs. maltrato en el BDSM


Parece que sigue sin estar muy clara la diferencia entre el sadismo y el maltrato, dentro del universo BDSM. Perdón, quiero decir que esa diferencia continúa difusa para muchos de esos/as... bien, llamémosles dominantes, así, con minúscula. Los sumisos y sumisas que la sufren, terminan por darse cuenta (a veces, demasiado tarde, por desgracia) y distinguiéndolo gracias a esa experiencia en carne propia.

Sé que este tema se ha debatido mil veces en chats, foros y blogs de la red, pero mientras se siga dando, creo que es necesario revisarlo de vez en cuando.

Las siglas SSC (Sensato, Seguro y Consensuado) se supone que deben regir cualquier relación BDSM que quiera encuadrarse como tal, a falta de cualidades obvias que pueden estar sin demostrar, tanto en el/la Dominante como en el/la sumiso/a, a saber: la responsabilidad, la escucha, la expresión de los propios sentimientos y apetencias, el respeto, la prudencia... y alguna más que quizá pasé por alto.

Cuando una relación BDSM conlleva un componente importante de sadomasoquismo, la línea fronteriza entre el sadismo como tal y el maltrato, puede no estar tan clara. Aunque pienso que en las primeras veces, convendría seguir unos cuantos consejos (no los llamo normas, porque cada relación es un mundo, y no soy quién para erigirme como adalid de la verdad):

* Si es la primera vez para la parte Dominante y la parte sumisa, conviene ir con extremo cuidado. Y, ante la duda de una determinada práctica, pedir consejo o dejarlo a la más mínima sospecha de que algo no va bien.

* Si es la primera vez para la parte sumisa, es necesario extremar el cuidado. En una primera vez, nos estamos descubriendo, nunca sabemos realmente qué somos capaces de aguantar o de hacer, aunque hayamos fantaseado mil veces con ello.

* Si la parte sumisa da la consigna de seguridad o dice 'basta', es que es 'basta'. Y no hay más que hablar hasta que termine todo.

* Cualquier práctica sádica que lleve a la parte sumisa a terminar en el médico o, peor aún, en el hospital, no debería ser repetida. Si has llegado a ese extremo,  no solo eres inexperto/a, sino  algo peor, un/a imprudente, y eso no deja libre a la parte sumisa de posteriores riesgos. Si tu dueño/a te ha hecho un daño considerable, has de acabar con esas prácticas. En ocasiones, no hay segundas oportunidades.

Dicho esto, creo que ahora debo comentar otro aspecto importante que no tiene que ver tanto con lo meramente físico. Si bien, es posible que sea una visión un tanto limitada por las condiciones de mi rol. Cuando la parte sumisa se entrega a la parte Dominante, significa que se confía totalmente, que está segura de que la parte Dominante la respetará, la escuchará y sabrá cuidar de ella; que cuando llegue el dolor, se lo entregará al/a la Dominante como un regalo más, pero que el/la Amo/a sabrá hasta dónde llegar, cómo llegar, y cuándo parar.

Y ese Amo/a no dañará a su sumiso/a por varias razones: no sólo para que "repita" con Él/Ella, o no le deje; no sólo porque tema hacerle demasiado daño, no. No dañará a su sumiso/a porque es su propiedad. Y las propiedades es necesario cuidarlas, mimarlas, hacer que se sientan bien, sobre todo si se trata de sumisos/as. El/la sumiso/a pasa a ser una parte del/la Dominante. ¿Qué clase de persona maltrataría una parte de su cuerpo? Desde luego, un/a buen Dominante, no.

Quizá estés siendo víctima de un tipo de maltrato enmascarado tras las siglas BDSM y... lo sepas. Tus amigos te lo comentan, tú no te sientes a gusto, te sientes mal y sufres. Sólo se te pasa cuando ese al que llamas 'Amo' te enreda entre caricias y palabras tan zalameras como falsas. Y el sufrimiento regresa cuando esas mismas palabras caen en el olvido otra vez más, y te dueles de distintas maneras: presentas lesiones o infecciones considerables, te sientes y estás anulado/a como persona, te has convertido en un ser completamente dependiente de él/ella.

Esta será otra entrada más, de esas que lees buscando sin buscar información sobre lo qué es y no es maltrato en BDSM. Piensa sólo un par de cosas: ¿la entrega, el amor, o como quieras llamarlo, son justificante suficiente para este tipo de (mal)trato? ¿Crees que los demás no comprenden lo que sientes por tu Amo, aunque pertenezcan a este universo canela?

Si un/a sumiso/a sigue con un dueño/a así, ha de plantearse que tiene un problema serio, de soledad, baja autoestima o similares.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Sé valiente, y atrévete a mirar por encima de esa venda.