miércoles, 23 de abril de 2014

Es así



Estaba a gusto a sus pies y Él me hizo su esclava. Después, me marcó. No fue en la piel, sino en algún lugar mucho más profundo y de manera permanente.

Aún así, mi mente se partía en dos, se separaba, y no aguantaba la tensión. Grité socorro y le pedí permiso a Él para apartarme. Me lo dio, y nos desgarramos los dos.

Vagamos como fantasmas sin rumbo. Yo intentaba que me encantara ir de compras, pero me costaba no tener que pedirle permiso. O mirar la luna llena y resplandeciente y disfrutarla, pero se me hacía raro no compartirlo con Él. O masturbarme, con o sin BDSM, pero Él aparecía siempre dominando todas mis fantasías.

Pensaba que el tiempo, que a veces se convierte en dueño y señor del botiquín de los afectos, borraría mi sentimiento y mi deseo hacia Él, que haría palidecer esa marca indeleble que me dejó, que me permitiría volver a disfrutar de las cosas sin Él.

Y no pudo ser.

Cuando dos seres nacieron para encajar, comparten, además, una fuerza poderosa que no muere, que provoca que su atracción mueva masas de agua, montañas de arena, toneladas de estrellas, hasta unirse de nuevo.

Y eso fue.

Yo deseaba abrirle la puerta, y Él, meter el pie para no cerrarla. Así que ese día, los astros disfrutaron con nosotros, ese "no pero sí" se quedó en un sí.

...

Me llamaste por mi nombre, ese con el que me bautizaste y me hiciste renacer y lo reconocí: hasta la molécula más pequeña de mi cuerpo respondió, un latigazo me recorrió de los pies a la cabeza, ¿cómo pude mantenerme dormida?

Tú también respondiste a mi llamada, mi sitio seguía ahí, junto a ti, a tus pies.

Y supe que nunca nos habíamos ido.

atpPS.

jueves, 17 de octubre de 2013

Que si me quieres decir algo


Hace tiempo añadí la opción de ¿Me quieres decir algo? en el blog, arriba, en una pestaña, con la intención de que los lectores que quisieran comunicarse conmigo de una manera más directa, tuvieran la oportunidad de hacerlo a salvo de los miles de ojos y robots de internet que escanean el blog, comentarios incluidos.

No se ha utilizado demasiado, es cierto, pero sí más de lo que yo esperaba. Y en este tiempo, las consultas sobre relaciones D/s son las que se llevan la palma. Yo no soy ninguna gurú, ni nunca lo seré, por eso procuraba responder con cuidado, porque cada persona es un mundo, y sus circunstancias pueden variar de un segundo a otro. Me llama la atención, porque leyéndome a través del blog, esas personas me otorgan la confianza que no encuentran en sus amigos del día a día, sus habituales del chat o sus amigos del BDSM. Me halaga, claro, pero me produce una impresión de soledad en el BDSM que ya me he encontrado en otras personas, sean del rol que sean.

También me llegan felicitaciones por el blog, y como a nadie le amarga un dulce, me alegran el día.

Y después están los mensajes un poco crípticos, que no me los tomo ni a bien, ni a mal. Los emails que proporcionan, no parecen del todo verdaderos, así que tampoco puedo contestarles.

Finalmente, anuncio, con tristeza, que no tengo trolls. ¡Trolls del mundo, que un blog no lo es de verdad hasta que osáis pisotearlo con vuestras pezuñas!

El/la troll del BDSM

domingo, 25 de agosto de 2013

La distancia y el BDSM


Disculpad las escasas actualizaciones de este blog que, últimamente, brillan por su ausencia. Y también el que no me pasee por vuestros blogs, creedme cuando digo que lo echo de menos.

El otro día (o el otro mes, a saber, ando un poco perdida), mi Amo me propuso que escribiera un post sobre nuestra relación y la distancia. 

Puedo decir que, en lo que llevo rodado, he encontrado opiniones para todos los gustos:
  • Que si las relaciones BDSM a distancia no son tales, ni relaciones, ni BDSM.
  • Que con una relación a distancia es imposible sentir lo mismo que en una 24/7 o en la misma ciudad.
  • Que yo también tengo una relación a distancia, pero lo callo de puertas para afuera, no vaya a ser que me echen hordas de perros encima.
  • Que las relaciones a distancia son imposibles porque, al final, no se pueden mantener porque la frecuencia en el contacto no es suficiente.
  • Que los que tienen relaciones a distancia deberían morir. Bueno, esto me lo he inventado. Pero seguro que alguna persona lo piensa fervientemente.
Cada una de las opiniones anteriores me da para hacer un post completo. Pero, por una parte, no me apetece y, por otra, estoy segura de que a vosotros tampoco os apetece leer algo tan largo.

Así que, simplemente, me dedicaré a relatar mi caso.

Mi Amo, (por llamarlo de algún modo, porque es mucho más que eso) y yo llevamos ya tres años desde que nos conocimos es un chat de esos malditos (internet y lo ciber son el mal). Yo era bastante reticente a continuar cuando me dijo que vivía lejos, y Él no le daba a la relación más allá de un par de semanas de vida, siendo optimista. Pero ambos nos lanzamos a la piscina porque, lo que intuíamos al otro lado de la pantalla, nos parecía interesante. Y si se terminaba, que nos quitaran lo bailao.

Es cierto que, físicamente, no nos vemos tanto como quisiéramos. Y no es lo mismo que convivir, por supuesto, pero por eso mismo creo que disfrutamos de otras ventajas. Como decía mi abuela, no hay mal que por bien no venga.

Cada vez que nos vemos, es un regalo para ambos, que disfrutamos con una intensidad que nos mantiene flotando durante varios días. Siempre es especial, siempre, y conservamos cada minuto de cada encuentro guardado en nuestra memoria, como un tesoro que degustamos con placer de vez en cuando.

Mientras, las nuevas tecnologías nos permiten hablar todos los días, vernos, y continuar creciendo como Amo y esclava. Al final, estamos el uno en la mente del otro prácticamente de manera continua.

Por supuesto, la confianza mutua es vital. No nos ocultamos nada, incluso cuando sabemos que algo puede sentarle mal al otro. Pero son espinitas con las que es necesario pincharse para poder seguir evolucionando.

A veces pienso que, de tratarse de una relación vainilla, probablemente ya hubiera pasado a mejor vida. Sencillamente, no me imagino que un "te quiero" continuo pueda ser tan fuerte.

Pero al entregarme entera, y al implicarse mi Dueño como Propietario de mi vida, el nexo va mucho más allá: así, decidme que vosotras no sentís nada cuando os compráis algo a escondidas de vuestro Dueño, o cuando le deseáis servir y conseguís justamente lo contrario, o cuando dudáis en si una determinada acción le hará sentirse orgulloso de vosotras o no.

Si sentís algo en cualquiera de los casos anteriores, es síntoma de que se ha convertido en vuestro modo de vida. Para mí también. Y esto, entre otras cosas, creo, causa que la distancia se minimice, porque ya no somos dos que se quieren; somos Amo y esclava, dos que se deben el uno al otro, hasta las últimas consecuencias.

lunes, 17 de junio de 2013

Protocolos bedesemeros


Cuando me adentré en el BDSM, supe de eso que llaman "el protocolo", y que puede ser más o menos estricto y variar en mayor o menor medida.

Como recién llegada, eso de tratar de usted al Amo, de no mirarle a los ojos, de llamarle siempre Mi Señor, de aprenderse el repertorio "kamasutril" de posturas de la sumisa y demás añadidos, he de reconocer que me atraía mucho. Pero claro, todo eso no me salía solo: no trataba de usted a cualquier Dominante que se me cruzara y lo demás quedaba reservado, obviamente, al que fuera mi Amo... caso de que le gustara, porque de mí no salía automáticamente.

Supongo que esta actitud me llevó por senderos poco protocolarios. El caso es que, al cabo del tiempo, mi Amo y yo nos hemos dado cuenta de que sí, tenemos un protocolo y lo seguimos pero... es propio y se ha ido formando con el tiempo, conocimiento mutuo, y amor.

Así que ese Mi Señor, que nunca fue, ha pasado a una forma propia que, por respeto a nuestra intimidad, no desvelaré por aquí. Digamos, simplemente, que es una palabra derivada de Amo y adaptada a nuestras circunstancias. Del mismo modo, él no se dirige a mí como esclava, sino de otra manera también cambiada. En honor a la verdad, me llama de muchas maneras, algunas comunes por estos sitios bedesemeros, y otras no tanto.

Posturas no conozco nada más que una, la mía, que es una variante de esta, adaptada a nuestros sentimientos.

Y en cuanto a dirigirme a Él, no utilizo el usted, nunca lo hice. Recuerdo que un día "jugamos" a eso, a que yo le hablaba "de usted". No duramos mucho, la verdad, aunque reconozco que fue divertido (habrá que repetir). El usted nos alejaría teniendo en cuenta cómo somos ambos. Así que ahí queda, aparcado en un rincón.

Le miro a los ojos, me río de Él muchas veces y le hago perrerías (luego lo carga a mi cuenta, no pasa nada. Ya si eso, voy preparando la maleta para las antípodas cada vez que me huelo que quiere saldar la deuda). Eso no me hace perderle el respeto ni verle como menos Dominante. Más bien, al contrario, aumenta mi confianza en Él porque es lo suficientemente fuerte como para permitirme estas pequeñas salidas de tono.

También tenemos un saludo inicial y una despedida propias. No son ampulosos, son sencillos, cercanos y muy bonitos. Cuando alguno de los dos no lo realiza, el otro en seguida se da cuenta y le llama la atención... porque lo echa de menos, no porque considere que es una falta de respeto o de protocolo.

Sin embargo, es curioso, cuando alguno de los dos se enfada con el otro, este protocolo propio cambia ligeramente: su apelativo se convierte en un seco "Amo" (ni siquiera "mi Amo", porque en esas circunstancias no me sale otra cosa), yo paso a ser "esclava", simple y llanamente. Mi postura se convierte en obligatoria. Y mirarle a los ojos conlleva un reto que prefiero evitar (aunque no siempre, en función de lo arisca que me encuentre. ¿He dicho ya que me gusta el riesgo?) Sigo sin llamarle de usted porque nos aleja y, aún en los momentos peores, no el algo que persigamos ninguno de los dos.

Y, sí, siempre, estemos enfadados o no, Él tiene la última palabra. Para algo es el "Jefe", y en ocasiones es bastante difícil para mí comprenderlo. Pero esto va a así, ¿verdad?


lunes, 3 de junio de 2013

Postura


Lo necesitaba, pero no lo sabía, se me había olvidado. Hemos esperado, más unidos que nunca, pero en un área extraña de tierra de nadie. Por supuesto, hemos seguido siendo y actuando como Amo y esclava, aunque seamos mucho más que eso.

Y sin embargo, ha sido algo tan sencillo y, antaño tan habitual, como postrarme a sus pies, lo que definitivamente me ha devuelto a mi esencia, el pistoletazo que marca el nuevo camino pero con los zapatos de siempre o... con los pies descalzos de siempre.

Ha sucedido cuando menos lo esperaba. Ni siquiera fue una orden: fue un deseo, lo que es mucho peor, porque ante una orden, es fácil rebelarse, la propia naturaleza de la orden te lo pide; pero un deseo, sobre todo si es del Amo, solo se puede desear cumplirlo, no existe rebelión posible.

Aunque nunca he dejado de servirle de distintos modos, la que llamamos mi postura me pareció un concepto abstracto de repente. "Es fácil", respondí entre sonrisas que intentaban camuflar mi pequeño dilema. Pero no lo era. Mi postura significaba que realmente seguía permaneciendo, además de todo lo demás, su esclava. Que mi Amo y yo somos iguales, pero diferentes. Que mi orgullo, en fin, debía seguir siendo flexible ante su voluntad y doblegarse sin titubear.

Pero titubeé. Un segundo, nada más. Con la mirada, porque no me atrevía a decir nada, porque no quería decepcionarle. Mi orgullo se había endurecido. Él lo supo, y repitió su deseo acompañado de una dulzura que no daba lugar a vacilación alguna.

Y la esclava le sirvió, esta vez, como nunca antes lo había podido hacer.


lunes, 11 de febrero de 2013

Harta. El objeto de la discordia.

El objeto de todos los males

Tengo un Amo que no es un Amo, es el demonio encarnado. De hecho, para ser fieles a la verdad, yo no tengo un Amo, sino que Él me tiene a mí, esa es la fuente original de todos los males. Si fuera al revés, otro gallo nos cantaría.

Porque la cuestión no es que Él no tenga idea buena, sino que además, reincide en la idea mala con gusto y regusto. El Señor no se conforma con delinquir una vez... noooooo, qué va. Si delinquimos y gusta, repetimos, como con las natillas. ¡Con la variedad que existe en el BDSM!

Pues bien, servidora está harta, cansada y hasta los mísmisimos ovarios de los caprichos del Señor. Y es que, haciendo recuento, resulta que siempre que nos vemos, mi Señor Amo se las apaña para que el resto de la humanidad vea mi culo. Da igual si vamos en Metro, si estamos en medio de un pueblo, si en la playa aún queda gente, si el museo está que no cabe un alfiler... Siempre da igual, tiene que enseñar MI culo. Bueno, vale, es suyo también (je, tengo un Amo con dos culos, superad eso), pero la que lo lleva y sufre las penas soy yo.

¿Que llevo panties con el vestido? Él sube el vestido y baja los panties. ¿Acaso se me ha ocurrido ponerme pantalones? Abajo que van, por muy descarado que sea. ¿Que no llevo nada debajo de la falda por imperativo divino? ¡Adivina qué toca, masoca!

Una, he de reconocerlo, tiene su puntillo exhibicionista. Así que me da relativamente igual que enseñe fotos mías a sus amigotes y amigotas. Pero una cosa es esa, porque a sus amigotes no les conozco (aún, ni creo que me queden ganas si no es enmarascada y con un muro de por medio), y otra muy distinta ponerme en evidencia delante de media España. Sitio por el que pasamos, sitio que mi culo acaba visitando también "al natural".

Él dice que  claro, que con ese culo que Él tiene (y que llevo yo, que más quisiera Él, que lo siento mucho, pero no tiene na), que tiene que lucirlo y enseñarlo para que el resto de la humanidad también disfrute, que compartir es vivir, y que, qué narices, le gusta presumir de ello.

Que no digo que no, que me parece muy bien, pero que hay formas y formas. Y es que el Señor me ha hecho cada una... y no quiero ni imaginar las que me quedan aún.

Aquí la que suscribe, ha intentado alguna vez rebelarse in situ ante tamaña desfachatez (por muy Amo mío que sea, no deja de ser una desfachatez) pero os aseguro que fue peor el remedio que la enfermedad, porque si dejándome hacer, ve mi culo media España, negándome lo ve España entera y parte del resto del mundo.

Así que, después de resistirme un par de veces, he desistido y simplemente obedezco y rezo mientras, por que no lo vea nadie, que al Amo no le dure el capricho mucho tiempo, y que todo pase pronto.

¡Ese Sindicato, por favor, dónde está cuando lo necesitamos!


lunes, 28 de enero de 2013

Cómo cazar Amos

A ver, que sí, que estamos en época de crisis, y que o espabilamos, o nos comen. Que hay que estar a las duras y a las maduras, que ya está bien.

Así que, queridas amigas, aquí os dejo una lista de consejitos para cazar Amos. Todas sabemos que podemos encontrar Amos a patadas, pero que realmente merezcan la pena, vemos pocos. Y de esos que se libran de la quema, algunos son exigentes y nos rechazan, ¡encima! Habráse visto tamaña prepotencia, chulería y descaro, ellos, que tendrían que estar babeando porque una sumisa/esclava nos dignemos a saludarles.

En fin, dará la casualidad de que además, justo ese Amo exigente es el que nos pierde... ¡como si no hubiera más carne en el mercado! Pero las féminas somos así, caprichosas, y si decimos 'ese', tiene que ser 'ese' y no el de al lado. Pues bien, queridas lectoras, vamos a conseguir ese trofeo para nosotras solitas (o no, que lo mismo nos tiene preparada alguna hermanita).

1.- Ser solícita y obediente.

Sí, queridas mías, que Ellos dicen que no quieren jarrones, que quieren sumisas, pero bien que les gusta cuando no rechistamos ante sus caprichos. Si acaso, podemos hacernos las difíciles o las indignadas solo un poquito, para darle juego a la cosa, que si no, es muy aburrida.

Y, en fin, si nos exige algo que realmente nos parece terrorífico, podemos apelar a nuestros límites, lanzar la palabra de seguridad, o amenazar con la denuncia al Sindicato de Sumisas, Esclavas, y Demás Entes.

2.- Hacer como que compartes todos sus gustos.

Si esos gustos compartidos se refieren al BDSM, puede que luego te encuentres en apuros, con lo cual, te remito al último párrafo del punto anterior.

En lo demás, si le gusta la ópera y tú solo escuchas a Justin Bieber, comienza a sacrificarte e inunda tus seguramente maltrechos oídos a base de cantes líricos elevados. Eso sí, memoriza los títulos y los intérpretes. O mejor aún, estúdiate las más comunes y las opiniones que encuentres por ahí sobre ellas. Tranquila, Él no se dará cuenta de nada mientras conserves a Justin para la intimidad.

O si, por ejemplo, le fascina el estudio de los coleópteros ateos y coprófagos, tranquila. Existe Google, y si no, al ser una disciplina poco frecuente, nada será más placentero para Él que escuchar tus preguntas y comprobar tu admiración por sus respuestas... y tu rápido aprendizaje al respecto.

3.- Hablarle de otros Amos con los que también estás en tratos.

Y aunque sea mentira.

Esta técnica implica algo de riesgo. Es un órdago ante el cual, el Amo deseado puede retirarse del juego al sentirse herido o no querer poner en entredicho su orgullo.

Sin embargo, si sale bien, te verá como una joya al ser deseada por varios. Total, como los Amos no suelen hablar demasiado entre ellos (se dan alergia unos a los otros), es difícil que pueda comprobar tu coartada.

4.- Cuidarte mucho.

Mientras, queridas amigas, estemos en el mercado, debemos estar atractivas y presentables. Así que es el momento de retomar esa dieta, de echar mano de los postizos, de maquillarnos aunque no sea nuestra costumbre, ir a la pelu día sí, día también, y gastarnos un pastón en lencería y juguetitos varios.

Luego, una vez obtenida la presa (o Presa, si nos atenemos a los cánones establecidos), podemos descuidarnos un poquito con cualquier excusa. Total, ¡seguro que Él no se cuida ni la mitad de la mitad de la mitad que nosotras, y eso es injusto!

De momento, no tengo más consejitos que ofeceros. Aunque si se os ocurre algún otro, será bienvenido.

Y sin más, os dejo con una significativa imagen de lo que debe ser una sumisa/esclava, que encontré no hace mucho por un concurrido Centro Comercial. Saludos, amigas, y buen provecho.




domingo, 20 de enero de 2013

Descalza al habla



A veces, en el chat, o a través de este blog (de esta sección, en concreto), me llegan consultas de personas que están empezando en este mundo. A través del chat suelo toparme con preguntas de Dominantes o sumisos, y a través del formulario del blog, suelen llegarme dudas de sumisas.

El chat da más juego para conocer a la persona e intentar responder en la medida de lo posible, puesto que mi experiencia es la que es, propia, y subjetiva, con unas circunstancias determinadas. Las conversaciones suelen ser agradables... o no, porque la educación y el respeto son aspectos que continúan brillando por su ausencia en la mayoría de los casos, incluso aunque se esté pidiendo algo.

El formulario del blog, solo permite leer, recoger sin más. Aunque me suelen dejar la dirección de email, normalmente nunca me responden cuando he devuelto su consulta. Supongo que ese formulario sirve más de oído que escucha, u hombro sobre el que llorar, un muro anónimo donde verter pintadas que no se sabe dónde llegarán, ni importa lo más mínimo, una jarra sobre la que verter lo que uno/a lleva, sabiendo que no será juzgado/a, porque no se espera respuesta.

Y... sigue resultándome curioso cómo llegan las personas por aquí:
  • Los Dominantes, se ven atados por convencionalismos BDSMeros que creen universales e imprescindibles para participar de este mundo, tales como demostrar poco cariño hacia la sumisa, o el 24/7 con la fusta en la mano cada segundo, o el látex y el negro sí o sí, o el azotar como única meta sabiendo que no les llena... Después se encuentran con lo típico del chat: sumisas que no responden, sumisas que saltan con atiprivados groseros, o sumisas que responden de manera borde, sin razón para ello.

  • Los sumisos se suelen sentir mal: no cumplen con el rol de macho Dominante que, socialmente, deberían ejercer según su sexo. La sumisión es cosa de mujeres, no de hombres. Con lo cual, se encuentran sin saber demasiado bien cuál es su sitio, ni si lo que están haciendo está bien. A esto se le une que no debe de haber muchas Dóminas, y de entre las pocas que se encuentran, algunas solo pretenden a alguien con una tarjeta de crédito abultada que sirva de chófer y acompañante de shopping.

  • Las sumisas se suelen identificar con algún escrito de los que cuelgo por aquí, y también llegan con cierta culpabilidad. Sienten deseos de entregarse y someterse, pero no saben cómo hacerlo. También vienen cargadas de tópicos, y piensan que una sumisa debe decir a todo "sí, Amo", sin pensar, dejando de ser ellas mismas. Claro, ante esto, se dejan de ver sumisas, lo ven imposible, se frustran, y no saben quiénes son.

  • Los hombres Switchs que empiezan. A veces, ni siquiera son realmente Switchs, simplemente aún no han descubierto su verdadero rol, pero están en ello. Otras, son sumisos, pero ante la dificultad de encontrar Ama, deciden probar como Dominantes (se vaticinan fracasos...).

  • Dóminas y mujeres Switchs que empiezan, suelo encontrarme pocas, por no decir casi ninguna. Las poquísimas que conozco y con las que hablo de tarde en tarde, llevan ya cierto tiempo por estos lares, y saben lo que hay.

Así que creo que, por un lado, internet ha abierto la puerta a personas que, de otro modo, no habríamos descubierto esto nunca pero, sin embargo, también puede ser un obstáculo importante para que personas más inseguras o más sensibles encuentren su auténtico rol.

Que tengáis buena semana.

domingo, 6 de enero de 2013

No han venido los Reyes



No han venido los Reyes, sino que ha venido el Rey, que vale por los tres.

Apenas son las doce de la mañana, y ya me han preguntado varias veces qué me han traído los Reyes. Pero este año mi mejor regalo ha sido no desear nada más, porque tengo todo lo que deseaba y puedo disfrutarlo. ¿Qué más se puede pedir, si tengo la suerte de, además, de ser consciente de ello?

Pues bien, sí, se podía pedir algo más. Y el Rey, mi Rey, ha venido y así me ha hecho el mayor regalo que podía esperar: ha vuelto a recibir a esta esclava que en algún momento, no mereció serlo. Le ha devuelto a su sitio, se lo ha confirmado.Y le ha mantenido todos y cada uno de los escalones que le habían hecho llegar hasta donde estaba antes. Incluso ha añadido alguno.

Distintas razones confluyeron para crear momentos de distintos tipos:
  • Morbosos: cuando los dos queríamos entregarnos a lo que somos, y no dudamos en hacerlo, pese a la circunstancias y el entorno.
  • Sensuales: cuando explotamos sin barreras de ningún tipo, animales.
  • Duros: cuando exprimes la herida a tu esclava para sacar el pus y suturarla como tú quieres que esté.
  • Acogedores: cuando los roles no se expresan con contundencia aún. O cuando se han expresado, y necesitamos volver al nido.
  • Fascinantes: cuando sentiste más de lo que nadie había sentido hasta entonces, y vivimos los dos unos instantes muy especiales.
  • Cotidianos: cuando recuperamos la belleza de lo habitual. Y cuando dentro de esa normalidad, sabemos que seguimos siendo Tú y yo.
Y lo mejor es que, siempre que se repiten, siguen siendo únicos y especiales.

sábado, 5 de enero de 2013

Y con Él me quedé


domingo, 30 de diciembre de 2012

Sobre grados de humildad

David Samson
Todos sabemos que la religión católica guarda ciertas similitudes con el BDSM. Y si algunos no habíais caído, ya estáis abriendo los ojos. Ciertamente no es la única religión que practica con arte perfeccionado durante milenios el sometimiento, pero por estos lugares de Dios, es la más conocida y, aunque no mucho, la más practicada también.

Leyendo, leyendo, una llega hasta los doce grados de humildad que describió San Benito. Y como con la Navidad una se vuelve algo más pía, he decidido que en el BDSM también deberíamos tener algo así. Los describiré en femenino, porque soy mujer. Si algún sumiso/esclavo quiere adaptarlos a su sentir, puede hacerlo, citando la fuente, claro.

Al igual que los grados descritos por el santo, estos también van de menor a mayor, de más fáciles a más complejos. Es una escalera que se sube bajando:
  • XII: Es humilde en su porte externo.
El duodécimo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no solo sea humilde en su interior, sino que también lo manifieste en su porte externo a aquellos que le observan. Esto incluye el entorno laboral, familiar, con el Amo, sin Él, de viaje, sentada, caminando, o de pie. Tendrá siempre inclinada la cabeza y los ojos fijos en el suelo.
  • XI: Habla con sencillez.
El undécimo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava, al hablar, lo haga suavemente, sin risas, con humildad, seriedad y pocas palabras, sin voces.
  • X: Es recatada en el reir.
El décimo grado de humildad consiste en no ser de risa fácil y pronta, pues está escrito que "el necio ríe a carcajadas".
  • IX: No habla si no es preguntada.
El noveno grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no deje hablar a la lengua y, guardando silencio, no hable hasta que le pregunte.
  • VIII: No obra por su cuenta.
El octavo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no haga más de lo que le proponen las normas comunes de su Señor, y el ejemplo de sus hermanas o hermanos mayores, si los hubiera.
  • VII: Se considera la última.
El séptimo grado de humildad consiste en creerse la última de las/os hermanas/os, no solo de palabra, sino en lo más profundo de su corazón.
  • VI: Acepta de corazón todas las privaciones y tareas más humildes.
El sexto grado de humildad consiste en contentarse con aquello que su Señor le da, aunque lo considere despreciable y no le agrade.
  • V: Confiesa humildemente.
El quinto grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no oculta a su Señor, en humilde confesión, todos los malos pensamientos ni el mal hecho a escondidas.
  • IV: Sufre con paciencia las injurias sin quejarse.
El cuarto grado de humildad consiste en armarse interiormente de paciencia cuando, al obedecer, se le presenten situaciones difíciles e ingratas, o incluso hirientes.
  • III: Es obediente a su Señor hasta la muerte.
El tercer grado de humildad consiste en que, por reverencia y sumisión a su Señor, la sumisa/esclava se someta a Él con total obediencia, imitándole, de quien dice el apóstol "se rebajó hasta someterse a la muerte".

  • II: No viene a hacer su voluntad.
El segundo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no ama la propia voluntad, ni satisface otro deseo suyo que no sea el de estar a disposición plena de los deseos de su Señor.

  • I: Se abstiene por sumisión a su Señor, en todo momento, de cualquier falta.
El primer grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava tiene siempre presente la sumisión y respeto  a su Señor, sin dejarlo en el olvido. Recuerda siempre las normas que Él le ha dado.

Nota: Ni mi Dueño ni yo somos particularmente protocolarios. Estos doce grados, si se toman literalmente, sin duda lo son. Sin embargo, creo que de cada uno de ellos, pueden extraerse enseñanzas aplicables en ciertos momentos o situaciones. Qué aproveche.


jueves, 27 de diciembre de 2012

De sumisas burguesas, bofetadas, y realidad

Ilustración: Paramnesia

Hace una temporada que mis incursiones en el chat vuelven a ser frecuentes (pero no con el nick de descalza, quede claro). Gracias a este medio tengo la oportunidad de compartir los puntos de vista de otras personas sobre este mundo porque, por suerte, de vez en cuando surge alguna conversación interesante, con respeto por ambas partes y sin mayor interés que el de charlar.

Sin embargo este post no surge de esas buenas conversaciones, sino de las mantenidas últimamente con dos personas con el rol de Dominante, que no dejan de ser curiosas. Ambos saben que ya pertenezco a Alguien.

El primero de ellos, al que llamaremos B1, me sorprendió hace unos días con un pensamiento un tanto  particular. Según él, yo era bastante burguesa como sumisa. Parece ser que exijo demasiado si tras alguna humillación o algún uso o, simplemente porque sí, necesito que con gestos, un abrazo, un beso o con palabras, me refuercen y me valoren.

Sí, soy burguesa porque no aguantaría 24 horas del día, 7 días a la semana que me trataran como a un escombro, a una cualquiera, como a una zorra, una cosa, un animal, sin más.

Soy burguesa porque, a pesar de tener un nivel de autoestima adecuado,ese nivel no es infinito, y no se alimenta simplemente de pensar, ni siquiera comprobar, que mi Amo está satisfecho una vez me ha usado, cedido, violado, humillado, azotado.

Soy burguesa porque mi autoestima necesita de vez en cuando que me recuerden que mi entrega es valiosa, y que continúo siendo persona además de esclava.

Soy burguesa porque pienso que una esclava debe ser alguien completo, con sus ideas, sus apetencias,  sus necesidades, a pesar de que sepa que todo esto está en manos de mi Amo.

Está claro que B1 no quiere burguesas. Si alguna de las lectoras es una sumisa/esclava plebeya, pasen por su despacho, por favor.

El segundo del que hablaré, B2, parecía ser una persona con la que poder tratar cualquier tema. Hasta que un buen día, sin venir a cuento, sus pies comenzaron a explorar terreno fuera del tiesto, confundiendo respeto con sumisión hacia él, llegando a darme una bofetada... ciber, de acuerdo, pero bofetada.

Podréis imaginar mi cara de asombro ante semejante demostración de "dominación" ¿Quién es nadie para tocarme, si no es mi Amo ni ninguna persona autorizada por Él? Y sin embargo, algo me dice que ante un café humeante y real, su comportamiento no variaría.

Es por ello que suelo ser reticente a encuentros cara a cara con personas conocidas por el chat. Antes bien, miro muy y mucho con quién, y rehúyo las grandes quedadas. Y quizá también por este motivo, encuentro placenteras y valoro mucho las charlas que surgen mirando a los ojos de aquellos/as, contados con los dedos de la mano, con los que de vez en cuando me gusta compartir unas horas de realidad.

domingo, 23 de diciembre de 2012

A ella no le gusta la esclavitud


 A ella no le gusta la esclavitud (grito rebelde, rebel yell),
no se sentará y suplicará
pero cuando estoy cansado
y solo ella me mira en la cama.
¿Qué te hizo libre, y te trajo hasta mí, nena?
¿Qué te hizo libre?
 Te necesito aquí a mi lado, porque...

martes, 18 de diciembre de 2012

La No Felicitación Navideña

Gracias a Felina Mala, que nos ha preparado esta sorpresa a T/tod@s los que accedimos a su extraña petición hace unas semanas :) ¡Qué grande!


sábado, 15 de diciembre de 2012

Te he reñido

The Great Wukong
Hoy ha tirado de la correa, fuerte, ha frenado a su perra, le ha parado.

Su perra, que va siendo adiestrada, no se ha revuelto, sabe la que le espera si lo hace. Ha acatado, aunque deseaba explotar. Después, Él le ha acariciado la cabeza, buena chica, y ha sido el más dulce entre los dulces, porque se ha puesto en su lugar, y también comprende, aunque eso no significa que permita ciertos comportamientos.

Ella sabe cuándo comienza a sobrepasarse, y cuándo puede notar ese tirón. Pero, digamos, no lo puede evitar en ese momento.

Ella nota su poder, la tensión amarrada de su cuello, controlando esa furia que ella sola no puede acallar. Otra pequeña fuerza, en forma de ira, va creciendo exponencialmente cuando se nota encadenada, limitada, coartada. Y esa... sí que debe controlarla.

A ella le gusta sentir su mando, su autoridad, aunque se vuelva a ver como una niña que está siendo regañada, sin poder decidir por sí misma en ese momento, a sabiendas de que la obediencia, esta vez, prima sobre todo lo que desee y su instinto más primario le empuje a hacer.

No es una mujer que pueda discutir en igualdad de condiciones, no en esa ocasión. Es posible que hace cinco minutos haya regañado a su Dueño por alguna imprudencia de Él, pero ahora las circunstancias son otras; ahora se trata de la esclava que busca servir, la perra que debe encontrar su aprobación, la mujer que quiere alcanzar su bien.

La mujer independiente, eficaz, inteligente, tiene que arrodillarse ahora y facilitar el camino a la esclava, que pugna por demostrar que lo es, por someterse a la persona en la que confía ciegamente. Por un instante, ella se ve desde fuera, y comprueba como dos caracteres con el mismo cuerpo, pugnan por alzarse el uno sobre el otro.

Se revuelven en el barro de manera silenciosa, a cámara lenta, mientras el Amo tensa la cuerda, esperando pero firme. Él intuye qué sucede, y deja que todo pase. Ella, por fin, muestra a la esclava, a la perra, a la mujer rendida, sin demasiado entusiasmo.

El regocijo viene después, cuando nota su mano acariciando el cuello, la cabeza, sus palabras sanadoras, y comprende que, por fin, ha hecho bien, y lo ha logrado.

Luego se queda pensando... Es duro, pero es lo que desea, justo como lo necesita. Él, complacido y risueño, lo sabe y, travieso, se lo recordará después: "te he reñido..."


lunes, 10 de diciembre de 2012

De lo primigenio


Me gusta cuando estoy con Él, porque mi yo más instintivo, mi yo más primario, sale a la superficie y se expande sin otro límite que el que Él marque.

No necesito pensar, no necesito disimular. Puedo ser yo, en crudo, sin un cerebro humano superevolucionado que me coarte. Sencillamente, animal.

Sé que a Él le pasa algo parecido, puedo notar que nos balanceamos y palpitamos al compás de los mismos fluidos.

Cuando estoy en ese estado, no me planteo qué pensarán los demás ante los actos en mí de su Dominación. Me encuentro a su sombra y me dejo llevar.

Tampoco medito si, en un momento determinado, está bien revolverme y morder la mano de mi Dueño; simplemente, ataco. Y Él, de igual manera, reacciona acorde a esa respuesta, sin meditar quién soy o qué implico para Él. Su impronta le dice qué soy y para qué estoy ahí, sin necesidad de analizar.

Actuar, moverme, sin cuestionarme si a Él le gustará o le parecerá una aberración, sin replantearme lo que, en los diez minutos anteriores, me hubiera avergonzado hasta lo más profundo de mi ser.

Encontrarme que Él se mueve en la misma sintonía, que da por hecho que aquello que Él ejecute, yo lo aceptaré sin cuestionarlo. Es posible que me resista, o que no, pero no juzgaré ni valoraré sus actos; no en ese momento.

Me gusta cuando somos dos, solo dos, que se han dejado el córtex en la entrada, junto con el buenos días, el por favor, y el gracias. Cuando nos los volvamos a calzar, sé que analizaremos lo que ha pasado, solo para recordarlo y guardarlo, para que siga siendo así, porque somos así, porque tenemos que respetar nuestra esencia y nos gusta.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Entrega verdadera



Porque a veces lo increíble existe. Ya van dos mujeres árabes, que buscan una novia a su marido, se preocupan porque sea del agrado de él, que esté acorde con las expectativas de ambos, y se encargan de organizar la boda que incluirá al nuevo miembro en el matrimonio.

Supongo que la mayoría de los presentes en el mundo vainilla alucinarán con esta noticia, y criticarán a esta mujer porque considerarán que esa manera de actuar le degrada. Es posible que también muchos de los que amamos el BDSM caigamos en esa misma opinión.

A mí, sin embargo, me parece la más grande muestra de amor y de confianza en el otro. Cierto es que lo miro desde el punto de vista de la sumisión, de la mía, en concreto. Como también es verdad que estoy muy segura de lo que tengo, y de quién me tiene y de qué manera.

La primera vez que leí algo así, fue en la autobiografía Flor del Desierto, de la modelo somalí y embajadora de la ONU, Waris Dirie. De por sí, recomiendo su lectura, porque toca muchos temas, en particular la represión a la que está sometida la mujer en Somalia. Ella relata que creció en una familia nómada, compuesta fundamentalmente por numerosos hermanos, su padre y su madre. En una de las partes de la historia, la madre se encuentra demasiado mayor para realizar las labores que se le suponen, así como el de dar descendencia. Así que decide buscar una muchacha jovencita y fuerte como nueva esposa para su marido.

La encuentra, y el marido monta en cólera en un principio, porque él la quería a ella, no deseaba casarse con otra, aunque sí tuviera ojos para la carne joven. Sin embargo, acepta casarse con ella. Esta resulta ser extremadamente vaga y caprichosa, para disgusto del clan familiar. Las maneras en que deciden reeducarla no son especialmente de mi agrado (no hay consenso, es demasiado salvaje). Pero me hizo pensar en cómo la madre, la primera esposa, decide mejorar el bienestar de su marido y agradarle. Luego los planes se trastocaron, porque cierto es que una tercera persona en una relación de dos, puede afectar de mil maneras, positivas o negativas.

Y volviendo a la noticia que ha originado este post, no estoy de acuerdo en que la mujer saudí tenga que pedir perdón por su esterilidad. Eso es algo que se ha dado de esa manera, y nadie debe disculparse. Además, a no ser que se haya confirmado mediante pruebas, el culpable puede ser el marido. Sin embargo, el acto llevado a cabo me parece precioso, valiente por lo inusual incluso entre su propia gente, y generoso. Supongo que esa mujer será una sumisa de vocación, y no solo por los valores culturales que se le hayan transmitido. Alguien que es sumisa a la fuerza, sin consenso, y que está mal tratada y es maltratada, no actúa así.

Ojalá que sean felices y consigan sus deseos.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Preguntas



Como a todos, en mayor o menor medida, a veces me da por hacerme preguntas. De algunas, nunca encuentro la respuesta, por eso vuelven a mí, de manera recurrente, cada cierto tiempo. Estas son algunas de las que se me pasan por la cabeza hoy:

1ª Por qué necesito el BDSM.

No es que me guste, no, es que lo necesito. El BDSM me aporta riqueza en muchos aspectos: a nivel de modo de vida, a nivel de afectos, a nivel sexual... Y sin embargo, no a todo el mundo le surge esta necesidad, y por eso ciertas personas son vainillas, y otras no lo somos.

Además, lo llevo en mí desde que tengo uso de razón, aunque dicho así, suene exagerado. Otra cuestión distinta es que no supiera ponerle nombre hasta hace unos pocos años. El BDSM no se contempla como opción, como modo de vida, y no es algo a lo que se pueda acceder fácilmente, aunque reconozco que internet es un gran paso para ello, por muchos contras que tenga.

Pero alguna vez, esporádicamente, eso sí, lo veo como una complicación. Me da por ponerme en el lugar de las personas que me rodean, si lo supieran. Otras veces me apetecería hablar de algo relacionado con este mundo, pero sé que no sería comprendida, y quizá ni respetada. En alguna ocasión incluso sería juzgada, directamente, pero esto es algo que ni me lo planteo, porque siempre existirán personas que juzguen gratuitamente.

2ª Por qué he tenido suerte.

Cuando entré en estos mundos, nunca esperé encontrar a una persona que me llevara tan bien en todos los sentidos, con la que sintiera tanta complicidad y coincidiera en tantos gustos y aspectos, que mirara más allá y viera a la persona en su totalidad, y la valorara, pero sin que se olvidara de esa pequeña esclava, que también necesita ser atendida.

No acerté a la primera, pero sí a la segunda. O, más bien, Él acertó conmigo. Muchas veces pienso en lo caprichoso que es el destino, y bendigo el día en el que a Él se le ocurrió hablarme, y a mí contestarle. Algo ha llovido ya desde entonces, y hemos tenido que pasar algunas pruebas bastante duras. De ellas, hemos salido victoriosos, y nos han servido para reafirmarnos aún más en lo que somos, en dónde estamos, y en qué queremos.

Aún continúo sin comprender bien por qué ha surgido esta especie de hechizo entre ambos, con lo grande que es el mundo, y la cantidad de Amos y sumisas que hay en él. No termino de averiguar por qué yo y no otra, he sido la que ha recibido este regalo. Pero bienvenido sea mil veces.

3ª Por qué ahora y no antes.

Porque parece que está hecho a mala leche. Si yo siento esto casi desde antes de nacer, ¿por qué he tenido que descubrirlo tan tarde? Solo buscaba o, más bien encontraba, relaciones vainilla. Y creía que eso era lo único, que es lo que suele pasar con aquello que llamamos "normal", por el desconocimiento de la existencia de otras opciones.

No veía más allá. Y sin embargo, siempre me faltaba algo. Creía que era yo, que era cosa mía, y que era la única a la que le pasaba. Pero no, ni mucho menos, aunque cada uno vivamos esto de manera muy distinta.

50 sombras de Grey, aunque no sea estrictamente BDSM, y como novela deje mucho que desear, quizá ayude a orientar a aquellos y aquellas que andaban perdidos, para que encuentren su camino. Internet, como decía antes, también puede servir de ayuda. Que se contemple la posibilidad al menos, la existencia del BDSM como opción, es todo un avance.

Y creo que por hoy ya está bien de preguntas sin respuesta. Así que, que tengáis buen día.




viernes, 23 de noviembre de 2012

Clase Magistral de BDSM


Foto: Stephan Strange
A ver, Dominantes, Dóminas, sumiiiiiiisos, sumiiiiiisaaaas, silencio y atentos, que hoy vamos a dar qué está permitido en el BDSM y qué no, por la autoridad que me ha sido concedida por medio Divino, amén.

Venga, voy a empezar por una pregunta sencilla, a ver quién me la sabe responder:
  • Uno que entra en un chat a hacerse una pajilla en plan Dominante, ¿practica el BDSM? ¿Tiene derecho a la vida?
- ¡Noooooooo, profeeeeee, es un pajillero maloooooooooooooooo.!

Pues os equivocáis, queridísimos alumnos. Si ese pajillero deja clara sus intenciones (no va engañando diciendo que quiere ser el Amo de tu vida), y además, encuentra a una sumisa pajillera que gusta de seguirle el juego, practica el BDSM. ¿O es que no existen los rollos vainilla? Vivamos y dejemos vivir.

- Pero profeeeeeeeeeeeee, que luego desaparece sin más, y no se compromete para nadaaaaaaa...

Ya, juanita, pero dejó bien claras sus intenciones. No será Amo, porque no tiene sumiso o sumisa, pero se siente Dominante, y no le apetece implicarse. Y encontró a otra que se siente sumisa, pero tampoco le apetecía implicarse. Y prefirieron enrollarse con tintes BDSM. Esto se aplica también a las fiestuquis BDSM, cuando por ejemplo, una Dómina utiliza a un sumiso esa noche, y después, si te he visto, no me acuerdo. Y todos tan contentos.

Siguiente pregunta, queridos alumnos:

  • ¿Existen los esclavos y las esclavas en el BDSM?
- ¡Noooooooooooooo, profeeeeeeeeeee, es mentiraaaaa, la esclavitud es otra cosa y no puede seeeeer en el BDSM!

Vaya, vaya, así que no existe... Veréis, mis aprendices, el BDSM se compone de una gran gama de colores, donde todo tiene cabida. Colores puros, roles puros, no suelen existir. Sin embargo, hemos añadido y utilizamos una serie de etiquetas de jerga bedesemera para que, al hablar entre nosotros, nos entendamos mejor. Esto conlleva discusiones tontas sobre si tal mujer es o no Ama, o si tal hombre es o no sumiso; aunque pensándolo bien, quizá la razón real de la discusión no sea otra que practicar el innoble arte del critiqueo o dar salida a nuestra envidia.

Desde este punto de vista, el de la jerga bedesemera con el fin de entendernos, los esclavos son personas cuya entrega incluye la cesión de límites al Dominante. Obviamente, los esclavos continúan teniendo límites pero es el Dominante el que decide si los traspasa o no, y cómo. ¿Que si ocurre algo desastroso, el esclavo dará buena cuenta y rápidamente dejará de serlo por propia iniciativa, cosa imposible en un caso de esclavitud al uso, fuera del BDSM? Sí, o así debería ser, la propia declaración de los Derechos Humanos la rechaza. Pero eso no implica que, dentro del BDSM, este tipo de personas se denominen esclavos. Cada uno sigue siendo muy libre de aceptar su existencia o no. Conste que yo lo negaba hasta hace relativamente poco.

- Pero profeeeeeeeee, que siguen siendo humanos, como los Amos, y luego están los sentimientos yyyyyyyyyyy...

Sí, Ricardito, por eso no es un rol puro. Tampoco los Amos suelen adoptar un rol puro. Claro que, primero, habría que definir qué es un rol puro, y luego comprobar la proporción de bedesemeros que pueden incluirse en él. Creo que nos íbamos a reír bastante.

Pupilos, preparaos para la siguiente pregunta:
  • ¿Se puede poner un collar al mes de conocerse una persona Dominante y una persona sumisa?
- ¡Noooooooooooooo, profeeeeeeeeeee, si no se conocen y el collar es una cosa muy seriaaaaaaaaa!

Bueno, no andáis desencaminados. El collar es una cosa muy seria, efectivamente. Pero en esta vida, cada uno hace lo que le da la gana, mientras respete al otro. A mí me gusta tomarme las cosas con calma. Pero si hay alguien que es aficionado o aficionada, a poner collares aunque luego a la semana desaparezcan, allá Él o Ella. Su collar, desde luego, quizá no tenga tanta seriedad como el de otra persona que ponga un collar y le dure años. Pero eso es cosa suya. Y no le quita validez ni infravalora los collares de otros Dominantes, porque se han meditado con más pausa. Una vez más, vivamos y dejemos vivir.

- Pero profeeeeeeeee, que luego el sumiso o la sumisa se desencantan cuando ven que el collar no ha durado nadaaaaaaaaaaaaaaaa...

Sí, juanito, pero el sumiso ahí también juega su papel, y no debe dejarse seducir por su impaciencia, e informar al Dominante de que piensa que quizá sea muy pronto para esa recompensa. Y no conozco a muchos sumisos o sumisas que se hayan negado al collar, son minoría. La responsabilidad, no es totalmente del Dominante, bajo mi punto de vista, claro.

Venga, chicos, que queda poco. Siguiente pregunta:
  • ¿Las personas casadas o con pareja que se meten en el BDSM con otra persona que no es su pareja, pueden ser Dominantes y sumisos/as? ¿Tienen derecho a la vida?
- ¡Nooooooooooooooooooooooo, profeeeeeee, mienten y todo es falso, y no tienen estos sentimientos!

Vaya, qué clarito lo tenéis, mis queridos alumnos. Veréis, las personas casadas o con pareja que buscan en el BDSM, suelen tener este sentimiento como vosotros. De hecho, es posible que sean más de la mitad, de las que habitan y pululan por estos lares. Una persona Dominante con un/a sumiso/a casado/a, sabe lo que hay, pero eso no le impedirá ejercer su dominación sobre muchos aspectos de su vida. De la misma manera, un/a sumiso/a que esté con una persona Dominante casada, sabe lo que hay, pero no le impedirá ejercer su sumisión sobre muchos aspectos de su vida. Siempre existen condicionantes sociales, porque otras veces puede tratarse del entorno laboral o cercano, como el de las amistades. Sus sentimientos y maneras de hacer, son igualmente respetables. ¿O existe algún rasero para decidir que un sumiso soltero se entrega más que un sumiso casado? Por favor, querría verlo si lo tenéis.

- Pero profeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, es infidelidaaaaaaaaaaaaad, es como servir a dos Amos/as a la veeeeeeeeeeeeeeeeez...

A ver, Anita, si estuvieran los dos dentro del BDSM, sin duda, lo vería como vosotros. Pero lo que suele suceder es que la pareja es vainilla. Y el Dominante al que se pertenece, o el sumiso que se posee, obviamente, son canela. Podréis estar de acuerdo o no, pero respetad, vivid y dejad vivid.

La última pregunta, y salimos al recreo:
  • ¿Existen tabúes en el BDSM?
- ¡Noooooooooooooo, profeeeeeeeeeeeeeeee, aquí todo el mundo es bienveniidooooooooooooo!

Pues no, chicos, existen, claro que sí, como en todo mundillo que se precie. La zoofilia o el scat, las agujas, o las cesiones, la esclavitud, son criticadas y eludidas de las conversaciones, y se toman como de mal gusto en las reuniones donde hay mucha gente. ¿Es malo? Bueno, sabiendo que existen temas que no siempre son plato de buen gusto, conviene hablarlos con sutileza y saber que, al sacar el tema, es posible que no siempre recibamos palabras amistosas o respetuosas. Si nos sacan un tema que no nos gusta, procuremos respetar, y mostrar nuestro desacuerdo con educación, sin pretender imponer nuestra verdad sobre la otra.

- Pero profeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, es que eso es feoooooooooooooooooo...

Es feo para vosotros, pero seguramente sea hermoso o excitante para esa persona. Venga, seguro que sabéis lo que voy a decir ahora... voy a decir que...

- ¡Que síiiiiiiiiii, profeeeeeeeeeee, que vivamos y dejemos viviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiir!

Muy bien, mis avezados alumnos, hora del recreo, salid y divertíos, que lo merecéis. En cuanto al resto de los que pasabais de oyentes improvisados por aquí, os dejo algunas piedras para lapidar, por si os queréis desahogar ante tanta blasfemia. Pero ya sabéis, solo el/la que esté libre de pecado, ¿eh?


jueves, 22 de noviembre de 2012

Posesividad masculina de la mala



Os pondría el artículo entero por aquí, pero prefiero desmenuzarlo poco a poco y dejaros simplemente el enlace al artículo original.

Atribuyen el maltrato del hombre hacia la mujer a la posesividad sexual masculina. Y me entra la risa, oye. Porque, corrígeme si me equivoco, pero los Dominantes, los Amos, y hablo de BDSM de manera específica, son posesivos por naturaleza. Unos más y otros menos, claro, siempre hay grados, pero lo son. De este modo, tendrían todas las papeletas para ser maltratadores o asesinos de su propia pareja/sumisa/esclava.

Sin embargo, se pueden leer perlas que sirven para discriminar perfectamente a un Dominante de un maltratador:

"Mira, yo era el soberano en casa. Lo decidía todo, si decidía comprar, compraba, si decidía que íbamos a salir, salíamos. Yo mandaba y ella obedecía. No había ninguna confrontación y la vida era genial. Entonces, de repente, empezó a inmiscuirse, diciendo que sí a esto y no a lo otro, y ¿por qué? ¿por qué compraste ese frigorífico?, y ese tipo de cosas. Me sacaba de mis casillas cada vez que minaba mi autoridad y por eso la golpeaba”, dice uno.

Un Amo no espera que no haya ninguna confrontación, no espera una muñeca hinchable, una marioneta que conteste a todo con un "sí, bwana". Más bien, al contrario, espera alguien a quien dominar, con opiniones propias, y que por esos pensamientos propios, pueda ayudarle también a tomar decisiones.

Este argumento, tampoco tiene desperdicio:

“Mira, está claro que un hombre no debería golpear a una mujer. Imagina en nuestro gimnasio, entrenando, si alguien supiese que yo pego a una mujer… Es algo así como un código masculino que no pegues a una mujer. A ninguna. De ninguna manera… ¿Pero qué podía hacer? La fuerza física es la única fuerza que un hombre tiene en su casa. Hablando, actuando, en todo, la mujer tiene más fuerza. La única fuerza del hombre son sus puños…”

Un Amo no empleará la fuerza para dominar de manera completa a la sumisa. Con la fuerza, únicamente se obtiene el cuerpo, el físico, pero no la mente, el ser, la personalidad, los pensamientos. Y si no se tiene esto, no se tiene nada. Si un Amo no ha conseguido que la sumisa viva y respire para Él sin usar la fuerza, no tiene nada. Eso no quita, claro está, que en ocasiones un Amo emplee la fuerza porque le apetezca pero, como sabemos, existe un consenso previo y la palabra de seguridad.

Hazte y haznos un favor, distingue el maltrato del BDSM.