Disculpad las escasas actualizaciones de este blog que, últimamente, brillan por su ausencia. Y también el que no me pasee por vuestros blogs, creedme cuando digo que lo echo de menos.
El otro día (o el otro mes, a saber, ando un poco perdida), mi Amo me propuso que escribiera un post sobre nuestra relación y la distancia.
Puedo decir que, en lo que llevo rodado, he encontrado opiniones para todos los gustos:
- Que si las relaciones BDSM a distancia no son tales, ni relaciones, ni BDSM.
- Que con una relación a distancia es imposible sentir lo mismo que en una 24/7 o en la misma ciudad.
- Que yo también tengo una relación a distancia, pero lo callo de puertas para afuera, no vaya a ser que me echen hordas de perros encima.
- Que las relaciones a distancia son imposibles porque, al final, no se pueden mantener porque la frecuencia en el contacto no es suficiente.
- Que los que tienen relaciones a distancia deberían morir. Bueno, esto me lo he inventado. Pero seguro que alguna persona lo piensa fervientemente.
Así que, simplemente, me dedicaré a relatar mi caso.
Mi Amo, (por llamarlo de algún modo, porque es mucho más que eso) y yo llevamos ya tres años desde que nos conocimos es un chat de esos malditos (internet y lo ciber son el mal). Yo era bastante reticente a continuar cuando me dijo que vivía lejos, y Él no le daba a la relación más allá de un par de semanas de vida, siendo optimista. Pero ambos nos lanzamos a la piscina porque, lo que intuíamos al otro lado de la pantalla, nos parecía interesante. Y si se terminaba, que nos quitaran lo bailao.
Es cierto que, físicamente, no nos vemos tanto como quisiéramos. Y no es lo mismo que convivir, por supuesto, pero por eso mismo creo que disfrutamos de otras ventajas. Como decía mi abuela, no hay mal que por bien no venga.
Cada vez que nos vemos, es un regalo para ambos, que disfrutamos con una intensidad que nos mantiene flotando durante varios días. Siempre es especial, siempre, y conservamos cada minuto de cada encuentro guardado en nuestra memoria, como un tesoro que degustamos con placer de vez en cuando.
Mientras, las nuevas tecnologías nos permiten hablar todos los días, vernos, y continuar creciendo como Amo y esclava. Al final, estamos el uno en la mente del otro prácticamente de manera continua.
Por supuesto, la confianza mutua es vital. No nos ocultamos nada, incluso cuando sabemos que algo puede sentarle mal al otro. Pero son espinitas con las que es necesario pincharse para poder seguir evolucionando.
A veces pienso que, de tratarse de una relación vainilla, probablemente ya hubiera pasado a mejor vida. Sencillamente, no me imagino que un "te quiero" continuo pueda ser tan fuerte.
Pero al entregarme entera, y al implicarse mi Dueño como Propietario de mi vida, el nexo va mucho más allá: así, decidme que vosotras no sentís nada cuando os compráis algo a escondidas de vuestro Dueño, o cuando le deseáis servir y conseguís justamente lo contrario, o cuando dudáis en si una determinada acción le hará sentirse orgulloso de vosotras o no.
Si sentís algo en cualquiera de los casos anteriores, es síntoma de que se ha convertido en vuestro modo de vida. Para mí también. Y esto, entre otras cosas, creo, causa que la distancia se minimice, porque ya no somos dos que se quieren; somos Amo y esclava, dos que se deben el uno al otro, hasta las últimas consecuencias.
Por supuesto, la confianza mutua es vital. No nos ocultamos nada, incluso cuando sabemos que algo puede sentarle mal al otro. Pero son espinitas con las que es necesario pincharse para poder seguir evolucionando.
A veces pienso que, de tratarse de una relación vainilla, probablemente ya hubiera pasado a mejor vida. Sencillamente, no me imagino que un "te quiero" continuo pueda ser tan fuerte.
Pero al entregarme entera, y al implicarse mi Dueño como Propietario de mi vida, el nexo va mucho más allá: así, decidme que vosotras no sentís nada cuando os compráis algo a escondidas de vuestro Dueño, o cuando le deseáis servir y conseguís justamente lo contrario, o cuando dudáis en si una determinada acción le hará sentirse orgulloso de vosotras o no.
Si sentís algo en cualquiera de los casos anteriores, es síntoma de que se ha convertido en vuestro modo de vida. Para mí también. Y esto, entre otras cosas, creo, causa que la distancia se minimice, porque ya no somos dos que se quieren; somos Amo y esclava, dos que se deben el uno al otro, hasta las últimas consecuencias.






