A ver si no me lo quitan por una de tantas excusas que me han puesto en otros sitios... (incluso a veces, ¡por aparecer daños personales!). Ah, suelen insertar un pequeño anuncio delante del vídeo, os agradezco la paciencia.
viernes, 9 de noviembre de 2012
viernes, 5 de octubre de 2012
Recetas con semen
Llamadme cochina. Pero no creo que sea más guarrería que echarse placenta de feto en la cara, en forma de crema antiojeras (¿qué? ¿no lo sabíais? No son leyendas urbanas). Y, desde luego, tiene muchísimo más morbo.
El caso es que, mira tú por dónde, ha sido el señor Paul Photenhauer, y no Adriá, Arguiñano o Arzak los que han ideado nada menos que cien recetas con semen, y las han publicado, para delicia de nuestros paladares, y salud para nuestro cuerpo.
¿Salud? ¡Pues claaaaro que sí, S/señores y S/señoras, no me sean ignorantes además de timoratos. El chef argumenta en su publicación que
El esperma no sólo es nutritivo, también tiene una textura maravillosa y sorprendentes propiedades de cocina. Como el buen vino y los quesos, el sabor del semen es complejo y dinámico. Es barato de producir y suele estar disponible en muchos, si no la mayoría de los hogares y restaurantes
Además, añade que es un ingrediente muy fácil de conseguir. Eso sí, ruega que informes a los invitados de antemano de que has utilizado semen en la comida.
Este genio, además, ha elevado a sublime una de mis fantasías, que os dejo a continuación. ¡Qué aproveche!
Y como soy así de generosa, os hago un regalito en exclusiva:
jueves, 4 de octubre de 2012
Bienvenida
Llevo tiempo sin pisar este rincón, donde suelo sentirme a gusto y explicar lo que me apetezca en cada momento, de la manera en que me parezca.
A decir verdad, tampoco sabía qué escribir. No me salía nada. Sentía que primero tenía que ser yo misma de nuevo, volver a encontrarme, reconocerme delante del espejo en todos los sentidos.
Hoy no me apetece estar ingeniosa, elocuente, sentimental o certera, si es que alguna vez lo he sido. Solo volver a mí.
Mi Dueño ha estado siempre ahí, esperando, apoyando, y tragando, por qué no decirlo, porque ha tenido que esperar a que el huracán que me envolvía pasara. Un huracán bueno, que arrasa para que crezca vida de nuevo, pero que no por eso es menos doloroso en ciertos momentos. Un vendaval que ha provocado que mi Dueño y yo nos unamos más, y disfrutemos del regalo que se nos está dando.
Parece que mi mente conoce su nombre y sus apellidos de nuevo. Que mi cuerpo reacciona ante todos los estímulos que antes le hacían vibrar. Que mi espíritu recupera su identidad original.
Y, aunque nunca me fui del sitio que me regaló mi Amo, ahora me siento en él más en casa que nunca. Todavía quedan por delante muchas otras borrascas, con sus correspondientes renaceres. Pero sé que nunca dejaré de ser quien soy. Que aunque necesite desarmarme, cuando me vuelva a montar y el puzzle vuelva a completarse, saldré renovada, y diferente, pero al fin, yo misma, formando parte y siendo de Él.
Es una experiencia bonita, pero no por ello menos desconcertante. Es en estos momentos, cuando veo que ser esclava, y esclava de mi Dueño, es una gran ventaja.
Dicho lo cual, me doy la bienvenida de nuevo a mí misma.
Huellas:
sentimientos
lunes, 2 de julio de 2012
50 bromas de Grey
Sí, porque al final, de tanto oirlo, una decidió leerse 50 sombras de Grey. No sé si ha alcanzado ya la categoría de best seller, o está en ello, pero tiene todos los ingredientes para lograrlo, a saber:
- Redacción facilona, de diario de adolescente (y eso que se supone que está escrito desde la perspectiva de una estudiante de literatura, que va a graduarse).
- Protagonistas idilícos: los dos jóvenes y guapos.
- Amor de "Cenicienta": ella es una estudiante con los recursos justitos, virgen, y una autoestima para hacérsela mirar. Él está podrido de pasta. Se conocen por una casualidad de esas tontorronas, y se quedan pillados hasta la médula al primer parpadeo.
- Él tiene un problema, o varios, que aún no sabemos cuáles son, ni lo sabremos hasta las siguientes partes de la trilogía (50 sombras de Grey es solo la primera parte.)
- Sexo, sexo y más sexo.
- Amor empalagoso hasta chorrear.
Dicho lo cual, veamos lo que tiene de BDSM:
- Un Amo. Ahí no entro en si es bueno o malo, que de eso hay para gustos. Eso sí, a E.L. James, la autora, se le escapa que en este mundillo, las palabras Señor y Amo van con mayúscula, cuando nos referimos a la persona Dominante.
- Una mazmorra bastante apañadita, que ya quisiéramos unos cuántos.
- Una historia de Dominación y... ¿sumisión?
Ana se ha enamorado del joven, guapo,
multimillonario y Dominante Christian. Un flechazo, porque no lo conoce
en un principio. Claro que, posteriormente, tampoco mejora la cosa:
cuando habla de Christian, parece que solo le gusta lo guapísimo que es,
lo bien que folla (lo siento, los que hayan leído la novela, saben que
Christian no hace el amor) y, aunque parece que no, lo tremendamente
rico que es. Digamos que, en este sentido, Anastasia evoluciona más bien
poquito.
El tema central de la novela se termina reduciendo a que Anastasia (Ana
para los amigos) a veces se ve como sumisa, y a veces no: ahora sí,
ahora no, ahora sí, ahora no. Acabaríamos antes si pusiéramos a Ana a
deshojar margaritas, y no gastábamos tanta página ni tiempo en ello.
Rescato del libro algunas descripciones en cuanto a sentimientos, porque me parece que la autora es certera cuando los explica. El ritmo de la narración es el adecuado, y consigue enganchar en ese sentido. Me gusta que no exista un baile infinito de personajes, que sean pocos y claros, bien definidos e independientes.
Christian tiene un pase como Amo; una puede estar de acuerdo o no con sus límites o con su manera de proceder, pero en mi humilde opinión, es el personaje más logrado, junto con Katherine, la amiga y compañera de piso de Ana. Sí podemos ver una evolución en el personaje de Christian, aunque en ocasiones sea brusca, sin transiciones, y sin qué terminemos de comprender muy bien por qué un personaje tan hermético como parece ser, tira la casa por la ventana en menos de una semana en cuanto a descubrimientos interiores. El amor funciona, pero en este tipo de personas no suele ser tan rápido.
Que absolutamente todo el argumento del libro gire en torno a si Christian y Anastasia serán pareja D/s al final, es cansino. Provoca que la mitad de las páginas sobren, que una termine saltándose sin pestañear renglones totalmente predecibles, y que piense en quemar los bites del libro antes de terminarlo.
Quizá soy demasiado exigente, pero algún día os hablaré de El Tutor, de Robin Schone, que sin ser una novela específica del género, es una preciosidad en cuanto a la descripción del proceso de Dominación/sumisión.
jueves, 21 de junio de 2012
Rebeldía
Siento los fluidos, los colores,
y deseo abrirme como una flor.
Pero mi olor no es el delicado de las rosas,
ni el dulce del azahar.
Es silvestre, como el del romero,
independiente, como el del mar.
Quizá no desee que hoy me tomes,
hoy no me apetece que me uses,
y arriesgo a que rompas mi tallo.
Dame una razón para abrir mi carne,
para lacerar mis porqués y mis manos.
Dame una razón para la sangre,
que muerde aunque sea en vano.
¿Cómo puedo respirar?
Y dime.
Dime un solo "sí" que me ciegue,
para apuñalar lo que nos queda,
Dime una razón para la sangre,
que pase del rojo al blanco.
Vivo los silencios,
tiembla mi lengua mientras escupe dagas.
Sé que los dragones acechan,
los helicópteros vagan apuntando,
esperando un leve despiste,
para disparar.
La maraña de tu enojo me da un plazo,
donde esperamos cambiar el viento,
que cambie el olor,
y el sinsabor.
¿Cómo puedo despertar?
Dame una razón para abrir mi ansia,
para esquilmar mis iras y mis aires.
Dame una razón para la humildad,
que muere aunque entiende que me formas.
Y dime.
Dime un solo beso que me sane,
para mimar lo que nos tiembla.
Dime una gota de sudor que emborrache,
para volver a nuestro embalse.
viernes, 4 de mayo de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
La soledad de la esclava
Estoy en mi sitio, en los brazos adecuados, a los pies de una persona que nunca esperé encontrar. Después, temí creérmelo, pero que fuera falso y todo se esfumara; mis pasos necesitaron de toda Su paciencia para seguir una senda completa, que fuera más allá del mero rol.
Nunca ha dejado de sostenerme y, sin embargo, existe lo que yo llamo la soledad de la esclava (o de la sumisa).
A lo largo de este viaje, existen distintos momentos donde la esclava o sumisa debe pasar ciertos puntos por sí misma (ignoro si con los varones sumisos sucederá igual). El Amo, llevándole de la mano, le dice: "mira, te he acompañado hasta aquí, te has fiado de mí hasta este punto, pero esto es algo que debes saltar tú sola, si es que decides hacerlo."
Sé que tras ese tipo de hitos, mi Dueño está listo para recibirme, cuidarme y abrazarme, orgulloso. Pero eso no quita que tiemble cuando llega alguno. Porque en ese momento, me siento sola, enfrentada a mí misma, y entonces deseo un empujoncito de mi Amo. Pero no, Él ya hizo su labor llevándome hasta allí, y el resto depende de mí.
Supone un fuerte ejercicio de confianza, porque debo creer que Él estará esperando, que puedo hacerlo sola, y que saldrá como hemos previsto los dos.
Implica una entrega grande, porque esa confianza necesaria es prácticamente difícil de encontrar fuera de una relación que, aún yendo más allá del Amo y la esclava, se basa en ello.
Necesita de una autorreflexión, de una claridad de ideas que pone a prueba ese sometimiento; si esa entrega no ha sido por voluntad propia en un principio, ahora se tambaleará y caerá, porque no habrá correa tirando que fuerce a seguir. Esta vez, debe ser el propio motor el que guíe.
Con todo esto no me refiero a simples prácticas que puedan darse en una sesión, sino a cambios más profundos que pueden darse a lo largo de la relación y que exigen más implicación por parte de ambos. Pondría algún ejemplo concreto, pero los considero muy personales, seguro que se os ocurre alguno.
¿Quitaría esta parte de la relación D/s? Ya podéis suponer que la respuesta es 'no'. Constituye parte de ella y la satisfacción y unidad que se alcanzan tras de ella, compensan todo lo demás con creces.
Sé que tras ese tipo de hitos, mi Dueño está listo para recibirme, cuidarme y abrazarme, orgulloso. Pero eso no quita que tiemble cuando llega alguno. Porque en ese momento, me siento sola, enfrentada a mí misma, y entonces deseo un empujoncito de mi Amo. Pero no, Él ya hizo su labor llevándome hasta allí, y el resto depende de mí.
Supone un fuerte ejercicio de confianza, porque debo creer que Él estará esperando, que puedo hacerlo sola, y que saldrá como hemos previsto los dos.
Implica una entrega grande, porque esa confianza necesaria es prácticamente difícil de encontrar fuera de una relación que, aún yendo más allá del Amo y la esclava, se basa en ello.
Necesita de una autorreflexión, de una claridad de ideas que pone a prueba ese sometimiento; si esa entrega no ha sido por voluntad propia en un principio, ahora se tambaleará y caerá, porque no habrá correa tirando que fuerce a seguir. Esta vez, debe ser el propio motor el que guíe.
Con todo esto no me refiero a simples prácticas que puedan darse en una sesión, sino a cambios más profundos que pueden darse a lo largo de la relación y que exigen más implicación por parte de ambos. Pondría algún ejemplo concreto, pero los considero muy personales, seguro que se os ocurre alguno.
¿Quitaría esta parte de la relación D/s? Ya podéis suponer que la respuesta es 'no'. Constituye parte de ella y la satisfacción y unidad que se alcanzan tras de ella, compensan todo lo demás con creces.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


