lunes, 11 de febrero de 2013

Harta. El objeto de la discordia.

El objeto de todos los males

Tengo un Amo que no es un Amo, es el demonio encarnado. De hecho, para ser fieles a la verdad, yo no tengo un Amo, sino que Él me tiene a mí, esa es la fuente original de todos los males. Si fuera al revés, otro gallo nos cantaría.

Porque la cuestión no es que Él no tenga idea buena, sino que además, reincide en la idea mala con gusto y regusto. El Señor no se conforma con delinquir una vez... noooooo, qué va. Si delinquimos y gusta, repetimos, como con las natillas. ¡Con la variedad que existe en el BDSM!

Pues bien, servidora está harta, cansada y hasta los mísmisimos ovarios de los caprichos del Señor. Y es que, haciendo recuento, resulta que siempre que nos vemos, mi Señor Amo se las apaña para que el resto de la humanidad vea mi culo. Da igual si vamos en Metro, si estamos en medio de un pueblo, si en la playa aún queda gente, si el museo está que no cabe un alfiler... Siempre da igual, tiene que enseñar MI culo. Bueno, vale, es suyo también (je, tengo un Amo con dos culos, superad eso), pero la que lo lleva y sufre las penas soy yo.

¿Que llevo panties con el vestido? Él sube el vestido y baja los panties. ¿Acaso se me ha ocurrido ponerme pantalones? Abajo que van, por muy descarado que sea. ¿Que no llevo nada debajo de la falda por imperativo divino? ¡Adivina qué toca, masoca!

Una, he de reconocerlo, tiene su puntillo exhibicionista. Así que me da relativamente igual que enseñe fotos mías a sus amigotes y amigotas. Pero una cosa es esa, porque a sus amigotes no les conozco (aún, ni creo que me queden ganas si no es enmarascada y con un muro de por medio), y otra muy distinta ponerme en evidencia delante de media España. Sitio por el que pasamos, sitio que mi culo acaba visitando también "al natural".

Él dice que  claro, que con ese culo que Él tiene (y que llevo yo, que más quisiera Él, que lo siento mucho, pero no tiene na), que tiene que lucirlo y enseñarlo para que el resto de la humanidad también disfrute, que compartir es vivir, y que, qué narices, le gusta presumir de ello.

Que no digo que no, que me parece muy bien, pero que hay formas y formas. Y es que el Señor me ha hecho cada una... y no quiero ni imaginar las que me quedan aún.

Aquí la que suscribe, ha intentado alguna vez rebelarse in situ ante tamaña desfachatez (por muy Amo mío que sea, no deja de ser una desfachatez) pero os aseguro que fue peor el remedio que la enfermedad, porque si dejándome hacer, ve mi culo media España, negándome lo ve España entera y parte del resto del mundo.

Así que, después de resistirme un par de veces, he desistido y simplemente obedezco y rezo mientras, por que no lo vea nadie, que al Amo no le dure el capricho mucho tiempo, y que todo pase pronto.

¡Ese Sindicato, por favor, dónde está cuando lo necesitamos!


lunes, 28 de enero de 2013

Cómo cazar Amos

A ver, que sí, que estamos en época de crisis, y que o espabilamos, o nos comen. Que hay que estar a las duras y a las maduras, que ya está bien.

Así que, queridas amigas, aquí os dejo una lista de consejitos para cazar Amos. Todas sabemos que podemos encontrar Amos a patadas, pero que realmente merezcan la pena, vemos pocos. Y de esos que se libran de la quema, algunos son exigentes y nos rechazan, ¡encima! Habráse visto tamaña prepotencia, chulería y descaro, ellos, que tendrían que estar babeando porque una sumisa/esclava nos dignemos a saludarles.

En fin, dará la casualidad de que además, justo ese Amo exigente es el que nos pierde... ¡como si no hubiera más carne en el mercado! Pero las féminas somos así, caprichosas, y si decimos 'ese', tiene que ser 'ese' y no el de al lado. Pues bien, queridas lectoras, vamos a conseguir ese trofeo para nosotras solitas (o no, que lo mismo nos tiene preparada alguna hermanita).

1.- Ser solícita y obediente.

Sí, queridas mías, que Ellos dicen que no quieren jarrones, que quieren sumisas, pero bien que les gusta cuando no rechistamos ante sus caprichos. Si acaso, podemos hacernos las difíciles o las indignadas solo un poquito, para darle juego a la cosa, que si no, es muy aburrida.

Y, en fin, si nos exige algo que realmente nos parece terrorífico, podemos apelar a nuestros límites, lanzar la palabra de seguridad, o amenazar con la denuncia al Sindicato de Sumisas, Esclavas, y Demás Entes.

2.- Hacer como que compartes todos sus gustos.

Si esos gustos compartidos se refieren al BDSM, puede que luego te encuentres en apuros, con lo cual, te remito al último párrafo del punto anterior.

En lo demás, si le gusta la ópera y tú solo escuchas a Justin Bieber, comienza a sacrificarte e inunda tus seguramente maltrechos oídos a base de cantes líricos elevados. Eso sí, memoriza los títulos y los intérpretes. O mejor aún, estúdiate las más comunes y las opiniones que encuentres por ahí sobre ellas. Tranquila, Él no se dará cuenta de nada mientras conserves a Justin para la intimidad.

O si, por ejemplo, le fascina el estudio de los coleópteros ateos y coprófagos, tranquila. Existe Google, y si no, al ser una disciplina poco frecuente, nada será más placentero para Él que escuchar tus preguntas y comprobar tu admiración por sus respuestas... y tu rápido aprendizaje al respecto.

3.- Hablarle de otros Amos con los que también estás en tratos.

Y aunque sea mentira.

Esta técnica implica algo de riesgo. Es un órdago ante el cual, el Amo deseado puede retirarse del juego al sentirse herido o no querer poner en entredicho su orgullo.

Sin embargo, si sale bien, te verá como una joya al ser deseada por varios. Total, como los Amos no suelen hablar demasiado entre ellos (se dan alergia unos a los otros), es difícil que pueda comprobar tu coartada.

4.- Cuidarte mucho.

Mientras, queridas amigas, estemos en el mercado, debemos estar atractivas y presentables. Así que es el momento de retomar esa dieta, de echar mano de los postizos, de maquillarnos aunque no sea nuestra costumbre, ir a la pelu día sí, día también, y gastarnos un pastón en lencería y juguetitos varios.

Luego, una vez obtenida la presa (o Presa, si nos atenemos a los cánones establecidos), podemos descuidarnos un poquito con cualquier excusa. Total, ¡seguro que Él no se cuida ni la mitad de la mitad de la mitad que nosotras, y eso es injusto!

De momento, no tengo más consejitos que ofeceros. Aunque si se os ocurre algún otro, será bienvenido.

Y sin más, os dejo con una significativa imagen de lo que debe ser una sumisa/esclava, que encontré no hace mucho por un concurrido Centro Comercial. Saludos, amigas, y buen provecho.




domingo, 20 de enero de 2013

Descalza al habla



A veces, en el chat, o a través de este blog (de esta sección, en concreto), me llegan consultas de personas que están empezando en este mundo. A través del chat suelo toparme con preguntas de Dominantes o sumisos, y a través del formulario del blog, suelen llegarme dudas de sumisas.

El chat da más juego para conocer a la persona e intentar responder en la medida de lo posible, puesto que mi experiencia es la que es, propia, y subjetiva, con unas circunstancias determinadas. Las conversaciones suelen ser agradables... o no, porque la educación y el respeto son aspectos que continúan brillando por su ausencia en la mayoría de los casos, incluso aunque se esté pidiendo algo.

El formulario del blog, solo permite leer, recoger sin más. Aunque me suelen dejar la dirección de email, normalmente nunca me responden cuando he devuelto su consulta. Supongo que ese formulario sirve más de oído que escucha, u hombro sobre el que llorar, un muro anónimo donde verter pintadas que no se sabe dónde llegarán, ni importa lo más mínimo, una jarra sobre la que verter lo que uno/a lleva, sabiendo que no será juzgado/a, porque no se espera respuesta.

Y... sigue resultándome curioso cómo llegan las personas por aquí:
  • Los Dominantes, se ven atados por convencionalismos BDSMeros que creen universales e imprescindibles para participar de este mundo, tales como demostrar poco cariño hacia la sumisa, o el 24/7 con la fusta en la mano cada segundo, o el látex y el negro sí o sí, o el azotar como única meta sabiendo que no les llena... Después se encuentran con lo típico del chat: sumisas que no responden, sumisas que saltan con atiprivados groseros, o sumisas que responden de manera borde, sin razón para ello.

  • Los sumisos se suelen sentir mal: no cumplen con el rol de macho Dominante que, socialmente, deberían ejercer según su sexo. La sumisión es cosa de mujeres, no de hombres. Con lo cual, se encuentran sin saber demasiado bien cuál es su sitio, ni si lo que están haciendo está bien. A esto se le une que no debe de haber muchas Dóminas, y de entre las pocas que se encuentran, algunas solo pretenden a alguien con una tarjeta de crédito abultada que sirva de chófer y acompañante de shopping.

  • Las sumisas se suelen identificar con algún escrito de los que cuelgo por aquí, y también llegan con cierta culpabilidad. Sienten deseos de entregarse y someterse, pero no saben cómo hacerlo. También vienen cargadas de tópicos, y piensan que una sumisa debe decir a todo "sí, Amo", sin pensar, dejando de ser ellas mismas. Claro, ante esto, se dejan de ver sumisas, lo ven imposible, se frustran, y no saben quiénes son.

  • Los hombres Switchs que empiezan. A veces, ni siquiera son realmente Switchs, simplemente aún no han descubierto su verdadero rol, pero están en ello. Otras, son sumisos, pero ante la dificultad de encontrar Ama, deciden probar como Dominantes (se vaticinan fracasos...).

  • Dóminas y mujeres Switchs que empiezan, suelo encontrarme pocas, por no decir casi ninguna. Las poquísimas que conozco y con las que hablo de tarde en tarde, llevan ya cierto tiempo por estos lares, y saben lo que hay.

Así que creo que, por un lado, internet ha abierto la puerta a personas que, de otro modo, no habríamos descubierto esto nunca pero, sin embargo, también puede ser un obstáculo importante para que personas más inseguras o más sensibles encuentren su auténtico rol.

Que tengáis buena semana.

domingo, 6 de enero de 2013

No han venido los Reyes



No han venido los Reyes, sino que ha venido el Rey, que vale por los tres.

Apenas son las doce de la mañana, y ya me han preguntado varias veces qué me han traído los Reyes. Pero este año mi mejor regalo ha sido no desear nada más, porque tengo todo lo que deseaba y puedo disfrutarlo. ¿Qué más se puede pedir, si tengo la suerte de, además, de ser consciente de ello?

Pues bien, sí, se podía pedir algo más. Y el Rey, mi Rey, ha venido y así me ha hecho el mayor regalo que podía esperar: ha vuelto a recibir a esta esclava que en algún momento, no mereció serlo. Le ha devuelto a su sitio, se lo ha confirmado.Y le ha mantenido todos y cada uno de los escalones que le habían hecho llegar hasta donde estaba antes. Incluso ha añadido alguno.

Distintas razones confluyeron para crear momentos de distintos tipos:
  • Morbosos: cuando los dos queríamos entregarnos a lo que somos, y no dudamos en hacerlo, pese a la circunstancias y el entorno.
  • Sensuales: cuando explotamos sin barreras de ningún tipo, animales.
  • Duros: cuando exprimes la herida a tu esclava para sacar el pus y suturarla como tú quieres que esté.
  • Acogedores: cuando los roles no se expresan con contundencia aún. O cuando se han expresado, y necesitamos volver al nido.
  • Fascinantes: cuando sentiste más de lo que nadie había sentido hasta entonces, y vivimos los dos unos instantes muy especiales.
  • Cotidianos: cuando recuperamos la belleza de lo habitual. Y cuando dentro de esa normalidad, sabemos que seguimos siendo Tú y yo.
Y lo mejor es que, siempre que se repiten, siguen siendo únicos y especiales.

sábado, 5 de enero de 2013

Y con Él me quedé


domingo, 30 de diciembre de 2012

Sobre grados de humildad

David Samson
Todos sabemos que la religión católica guarda ciertas similitudes con el BDSM. Y si algunos no habíais caído, ya estáis abriendo los ojos. Ciertamente no es la única religión que practica con arte perfeccionado durante milenios el sometimiento, pero por estos lugares de Dios, es la más conocida y, aunque no mucho, la más practicada también.

Leyendo, leyendo, una llega hasta los doce grados de humildad que describió San Benito. Y como con la Navidad una se vuelve algo más pía, he decidido que en el BDSM también deberíamos tener algo así. Los describiré en femenino, porque soy mujer. Si algún sumiso/esclavo quiere adaptarlos a su sentir, puede hacerlo, citando la fuente, claro.

Al igual que los grados descritos por el santo, estos también van de menor a mayor, de más fáciles a más complejos. Es una escalera que se sube bajando:
  • XII: Es humilde en su porte externo.
El duodécimo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no solo sea humilde en su interior, sino que también lo manifieste en su porte externo a aquellos que le observan. Esto incluye el entorno laboral, familiar, con el Amo, sin Él, de viaje, sentada, caminando, o de pie. Tendrá siempre inclinada la cabeza y los ojos fijos en el suelo.
  • XI: Habla con sencillez.
El undécimo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava, al hablar, lo haga suavemente, sin risas, con humildad, seriedad y pocas palabras, sin voces.
  • X: Es recatada en el reir.
El décimo grado de humildad consiste en no ser de risa fácil y pronta, pues está escrito que "el necio ríe a carcajadas".
  • IX: No habla si no es preguntada.
El noveno grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no deje hablar a la lengua y, guardando silencio, no hable hasta que le pregunte.
  • VIII: No obra por su cuenta.
El octavo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no haga más de lo que le proponen las normas comunes de su Señor, y el ejemplo de sus hermanas o hermanos mayores, si los hubiera.
  • VII: Se considera la última.
El séptimo grado de humildad consiste en creerse la última de las/os hermanas/os, no solo de palabra, sino en lo más profundo de su corazón.
  • VI: Acepta de corazón todas las privaciones y tareas más humildes.
El sexto grado de humildad consiste en contentarse con aquello que su Señor le da, aunque lo considere despreciable y no le agrade.
  • V: Confiesa humildemente.
El quinto grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no oculta a su Señor, en humilde confesión, todos los malos pensamientos ni el mal hecho a escondidas.
  • IV: Sufre con paciencia las injurias sin quejarse.
El cuarto grado de humildad consiste en armarse interiormente de paciencia cuando, al obedecer, se le presenten situaciones difíciles e ingratas, o incluso hirientes.
  • III: Es obediente a su Señor hasta la muerte.
El tercer grado de humildad consiste en que, por reverencia y sumisión a su Señor, la sumisa/esclava se someta a Él con total obediencia, imitándole, de quien dice el apóstol "se rebajó hasta someterse a la muerte".

  • II: No viene a hacer su voluntad.
El segundo grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava no ama la propia voluntad, ni satisface otro deseo suyo que no sea el de estar a disposición plena de los deseos de su Señor.

  • I: Se abstiene por sumisión a su Señor, en todo momento, de cualquier falta.
El primer grado de humildad consiste en que la sumisa/esclava tiene siempre presente la sumisión y respeto  a su Señor, sin dejarlo en el olvido. Recuerda siempre las normas que Él le ha dado.

Nota: Ni mi Dueño ni yo somos particularmente protocolarios. Estos doce grados, si se toman literalmente, sin duda lo son. Sin embargo, creo que de cada uno de ellos, pueden extraerse enseñanzas aplicables en ciertos momentos o situaciones. Qué aproveche.


jueves, 27 de diciembre de 2012

De sumisas burguesas, bofetadas, y realidad

Ilustración: Paramnesia

Hace una temporada que mis incursiones en el chat vuelven a ser frecuentes (pero no con el nick de descalza, quede claro). Gracias a este medio tengo la oportunidad de compartir los puntos de vista de otras personas sobre este mundo porque, por suerte, de vez en cuando surge alguna conversación interesante, con respeto por ambas partes y sin mayor interés que el de charlar.

Sin embargo este post no surge de esas buenas conversaciones, sino de las mantenidas últimamente con dos personas con el rol de Dominante, que no dejan de ser curiosas. Ambos saben que ya pertenezco a Alguien.

El primero de ellos, al que llamaremos B1, me sorprendió hace unos días con un pensamiento un tanto  particular. Según él, yo era bastante burguesa como sumisa. Parece ser que exijo demasiado si tras alguna humillación o algún uso o, simplemente porque sí, necesito que con gestos, un abrazo, un beso o con palabras, me refuercen y me valoren.

Sí, soy burguesa porque no aguantaría 24 horas del día, 7 días a la semana que me trataran como a un escombro, a una cualquiera, como a una zorra, una cosa, un animal, sin más.

Soy burguesa porque, a pesar de tener un nivel de autoestima adecuado,ese nivel no es infinito, y no se alimenta simplemente de pensar, ni siquiera comprobar, que mi Amo está satisfecho una vez me ha usado, cedido, violado, humillado, azotado.

Soy burguesa porque mi autoestima necesita de vez en cuando que me recuerden que mi entrega es valiosa, y que continúo siendo persona además de esclava.

Soy burguesa porque pienso que una esclava debe ser alguien completo, con sus ideas, sus apetencias,  sus necesidades, a pesar de que sepa que todo esto está en manos de mi Amo.

Está claro que B1 no quiere burguesas. Si alguna de las lectoras es una sumisa/esclava plebeya, pasen por su despacho, por favor.

El segundo del que hablaré, B2, parecía ser una persona con la que poder tratar cualquier tema. Hasta que un buen día, sin venir a cuento, sus pies comenzaron a explorar terreno fuera del tiesto, confundiendo respeto con sumisión hacia él, llegando a darme una bofetada... ciber, de acuerdo, pero bofetada.

Podréis imaginar mi cara de asombro ante semejante demostración de "dominación" ¿Quién es nadie para tocarme, si no es mi Amo ni ninguna persona autorizada por Él? Y sin embargo, algo me dice que ante un café humeante y real, su comportamiento no variaría.

Es por ello que suelo ser reticente a encuentros cara a cara con personas conocidas por el chat. Antes bien, miro muy y mucho con quién, y rehúyo las grandes quedadas. Y quizá también por este motivo, encuentro placenteras y valoro mucho las charlas que surgen mirando a los ojos de aquellos/as, contados con los dedos de la mano, con los que de vez en cuando me gusta compartir unas horas de realidad.