domingo, 31 de octubre de 2010

Preguntas


A veces me da por pensar que, a pesar de la distancia, me parece increíble cómo he integrado en mi vida diaria las exigencias que conlleva el pertenecer a mi Dueño. En sí mismas, no son para nada estridentes, extrañas, ni irrumpen de manera brusca en mi rutina. A eso le añadimos Su comprensión y paciencia, y obtenemos una manera sutil, fuerte pero discreta, de una entrega que, sin querer, se va adueñando de cada minuto que vivo. Y, pensándolo friamente, qué mejor manera de conseguirlo.

La hermosa costumbre que voy adquiriendo, de consultarle mis decisiones, mi iniciativas, mis deseos, me parece natural. Pero, aún así, en alguna ocasión, recorren mi cabeza fugazmente dudas curiosas:

¿Por qué le obedezco? Tendría muy fácil decirle que hice esto o lo otro, sin que fuera cierto. Sobre todo en las ocasiones en que no he llevado a cabo algún deseo, o sé que una acción mía no va a ser de Su gusto. Pero le quitaría todo el sentido a la entrega. Y, a veces, también el morbo. Respondiendo de otro modo a la pregunta, le obedezco porque lo siento así... y porque me ha ganado como esclava, como amiga y como persona. 

¿No me creará dependencia? Llega tarde esta pregunta, ya me la ha creado; me gusta verle, sentirle, oirle, leerle, quererle, desearle, saber de Él. Y, sin embargo, sigo siendo yo. Él valora mi iniciativa (muchas veces me la exige), me escucha cuando estoy en desacuerdo con algo, cuando tengo otra idea distinta, o cuando me parece que Él debería saber algo que pienso. Desde luego, esto no le convierte en menos Dominante. Más bien lo contrario. Me fascina cómo puede respetar y valorar ideas que se me ocurran, incluso ceder ante determinados argumentos, y aún así, no perder un ápice de su poder sobre mí. De una manera u otra, Él se mantiene en su posición y me mantiene a mí en la que me corresponde. Creo que es un equilibrio que no siempre es fácil de conseguir, es necesario estar muy seguro de uno mismo,  de lo que  uno es y lo que quiere, para lograrlo.

Me siento afortunada, en mi sitio, a gusto. Y espero que este delicado equilibrio envejezca como el buen vino.

martes, 26 de octubre de 2010

Entrevista sobre el estilo de vida BDSM



A raíz del descubrimiento del artículo anterior, me quedé con ganas de saber si Dorothy Hayden existía de verdad, si continuaba al pie del cañón, y a qué se dedicaba exactamente.

Me llevé una agradable sorpresa al descubrir su página web, donde deja a disposición del navegante tanto sus datos de contacto, como un gran número de artículos, que aún no he tenido tiempo de leer. La única pega que voy encontrando es que se basa bastante en el psicoanálisis, corriente que, para mi gusto, deja bastante que desear metodológicamente hablando. Sin embargo, algunos párrafos dan que pensar. Porque aunque siempre existe el riesgo de evadirse de la realidad, en la vida D/s esto puede convertirse en un riesgo mayor.

Aún riesgo de ser pesada, cuelgo aquí otra de esas entrevistas. Si bien, me he permitido la licencia de traducirlo, de una manera más o menos libre y con las limitaciones de mi escaso inglés. Espero que lo disfrutéis.
Entrevista con el estilo de vida BDSM
por LCSW Dorothy C. Hayden,
Pregunta: ¿Qué es un "adicto al sexo"? ¿Crees que los practicantes de BDSM son "adictos" o "enfermos"?
Mi enfoque no incluye un diagnóstico unilateral de lo que "tiene que ir" en el repertorio conductual de una persona, para después indagar las causas y las razones de la conducta con el fin de eliminar estas prácticas sexuales "no deseadas". La cuestión de si se trata o no de una actividad sexual o el comportamiento es una "adicción" o "enfermedad" no puede ser fácilmente respondida. La "adicción" o "enfermedad" está muy determinada por la experiencia subjetiva interna de la propia persona. Una definición común de la adicción es "uso continuado (compulsivo) a pesar de sus consecuencias adversas". Sólo el individuo puede determinar lo que constituyen consecuencias adversas y si esa elección erótica individual es rígida y compulsiva.
Si estoy "contra" cualquier cosa, supongo que sería compulsión - de cualquier tipo, en realidad, aunque no fuera más que comer zanahorias crudas. Mi propio sistema de valores personales incluye la creencia de que es sólo la capacidad de elegir lo que nos separa de los animales. La libertad es un valor importante para mí, y supongo que no puedo pasar por alto ese sistema de valores particular de mis pacientes. La importancia de la relación con los demás es otra parte de mi sistema de valores personales que influyen en mi trabajo. La cercanía a los demás es, a mi juicio, parte de la dulce pulpa de la vida.
Una persona que está relativamente libre de coacción y que está abierta a la identificación y empatía con las necesidades y deseos de los demás, no puede dejar de tener relaciones sexuales saludables, no perjudiciales.
Pregunta. ¿Cómo definiría una relación sexual "compulsiva" y cómo una persona puede liberarse de ella?
Cuando una fantasía traslada a una persona al mundo de su infancia con el fin de dominar un conflicto histórico o una relación traumática, la calidad de sus escenas probablemente será rígida, fija, imperativa y no estará relacionada con los deseos y necesidades de su día a día. 
Si una persona no es consciente, la búsqueda de la reparación de una relación de la infancia mediante la búsqueda de un padre idealizado y omnipotente para reemplazar al que falló, o está tratando de controlar a una persona que no pudo controlar en su infancia, esa imagen sirve a necesidades simbólicas, históricas, y lo inconsciente necesita más bien lo real, el hoy, la consciencia. La secuencia, mientras que ofrece una sensación temporal de fuerza y  autoestima, tiene que ser repetida una y otra vez con compulsividad rígida, ya que no resuelve los problemas por sí misma. Mientras que una secuencia  24/7 "Papá/niña pequeña" puede ofrecer una enorme satisfacción a través del encuentro de ciertas necesidades mutuas, una mujer de 45 años, no es realmente una niña de cuatro años y debe, en definitiva, cuidar de sí misma en la vida real. Las satisfacciones que una niña real de cuatro años obtiene de tener un papá que ama, nutre y cuida de ella son similares pero no idénticos a los que una mujer de 45 años recibe de su fantasía de "papá". Si ciertas necesidades no se conocieron entonces, se han ido para siempre y necesitaron ese duelo antes de que la persona fuera libre para amar a la persona que está delante de ella (en lugar de la histórica que está detrás de ella). La gente tiene que distinguir entre el juego de roles y la realidad.
Con su miseria y desesperación, con su deseo insaciable de lo que nunca podrá ser satisfecho, la escena representa un objetivo que no puede ser alcanzado aunque tampoco no puede ser abandonado. El resultado inevitable de la incapacidad de alcanzar metas imposibles es la depresión. La escena nunca satisface.
Su libertad erótica se inhibe, limitada por su guión obligatorio, imperativo. El sexo sólo puede ser imaginado desde una única perspectiva.
Lo que se necesita es que el individuo esté dispuesto a someterse al duro trabajo de salud personal. Tiene que resolver, comprender y trascender bloqueos emocionales y distorsiones de la percepción. A medida que aprende a disminuir los estados del self no deseados a través de procesos psicológicos, en lugar de recurrir a conductas compulsivas, sus escenas se vuelven menos directivas y ansiosas. Con la curación, la persona puede comenzar a re-invertir energías en relaciones reales con personas reales, en lugar de continuar llenando su mundo de fantasmas.
Pregunta ¿Cuál es su enfoque para tratar a las personas del mundo BDSM? ¿Qué diferencia existe entre el tratamiento de personas BDSM de personas no BDSM?
Lo que es exitoso en el tratamiento para las personas del mundo BDSM es, en gran medida, exitoso en el tratamiento para todos. Una buena terapia facilita el logro de un sentido más vital, completo, coherente consigo mismo y provoca que utilices tus habilidades y talentos. Te ayuda a encontrar formas de conectar de manera significativa con las personas y a ejercitar la inteligencia en actividades productivas y creativas. . Con eso como una base psicológica, el interés por la escena BDSM puede llevarse a cabo de manera equilibrada, lúdica y no auto-destructiva. 
Por supuesto, las cuestiones de la dominación, la sumisión y el intercambio de poder son elementos de toda relación humana. Un cierto nivel de SM está presente en toda actividad sexual. La añoranza de la pasión que ello conlleva, el sentirser profundamente comprendido y respondido, para ser atendido y tener nuestro dolor y la soledad en menor medida, por otro idealizado, o ser admirado por la apreciación del otro están en cualquier lugar de la naturaleza humana. 
Las personas que se identifican como miembros de la escena BDSM, sin embargo, tienden a ser personas que siempre están buscando formas de expandir los límites de la vida cotidiana, la moral, la realidad sancionada culturalmente. Ellos van a contracorriente de la situación actual. Esto, por supuesto, es también de lo que tratan los grandes descubrimientos en las artes, las ciencias y las humanidades. If a "pervert" is someone who "perverts" the status quo, well, I guess you'd have to say some of the greatest minds and talents of our times have been perverted. Si un "pervertido" es alguien que "pervierte" el status quo, bueno, supongo que tendría que decir que algunas de las más grandes mentes y talentos de nuestros tiempos son pervertidos.
Pregunta: ¿Cuáles son sus puntos de vista sobre la relación entre la comunidad terapéutica y la comunidad BDSM? ¿Por qué cree usted que muchas personas por lo que en la escena sBDSM on cautelosos con los psicoterapeutas?
Estas escisiones y fantasías no reconocidas son tomadas como negativas, y dan lugar a terapeutas que consideran a menudo estas actividades como malos comportamientos, que representan debilidad o indulgencias infantiles, que son objeto de condena moral. Los terapeutas piensan a menudo que la sensación del paciente de ser juzgado es una proyección hacia esa sentencia del propio yo del paciente, pero creo que hay un elemento de realidad en el mensaje del terapeuta de confusión, miedo, repugnancia o incluso aversión. Una interacción terapéutica como esta, se convierte en traumática porque la respuesta habitual a este clima de no aceptación por parte del terapeuta, es piscológicamente de ocultamiento y de vergüenza, que constituye un anatema para una buena terapia y una buena salud mental. Al ver la sexualidad no normativa como "desviada", el terapeuta a menudo contribuye a los síntomas psicológicos del paciente que ya vive con la vergüenza y la culpa como compañeras diarias. Por otra parte, tratar de eliminar una importante salida para aliviar el miedo, la depresión, la vergüenza y el aislamiento a menudo crea más problemas psicológicos en vez de aminorarlos.
Los profesionales de la salud mental occidentales critican a los terapeutas chinos y soviéticos por patologizar a las personas que tienen ideas políticas que no son normativas. Estos médicos occidentales, sin embargo, cometen un error similar cuando patologizan a las personas que tienen preferencias  e intereses sexuales no convencionales.
Pregunta: Los sumisos y las sumisas a veces hablan de la calidad de la liberación y la libertad que experimentan durante una sesión. ¿Cómo se explica esto?
Sí, la gente a menudo siente que está realmente viva, o realmente se sienten ellos en una sesión.  A menudo tienen una sensación de expansión de la acusada vulnerabilidad que experimentan en su sesión.
Un famoso psicoanalista escribió una vez que una manera en que los niños se mantienen en contacto con los padres emocionalmente frágiles, es desarrollar un "falso yo", que es un ser que encarna las cualidades que ellos piensan que sus padres los necesitan tener.Creo que las buenas sesiones permiten que una persona entregue este falso yo. A veces, una sesión puede permitir que se rompan las barreras defensivas que, desde hace años, apoyan el falso self . El anhelo de la sesión es la nostalgia de la experiencia del verdadero yo. En el fondo, todos anhelamos renunciar, "aclararnos", como parte de un anhelo general sabido o reconocido. Ser conocido por una dominación idealizable, es parte de la sensación de alivio e incluso éxtasis, que muchas personas experimentan.
Las sesiones también pueden, para Dominantes y sumisos/as, dar expresión a las necesidades de jugar de la gente. Las personas se deleitan en la producción de la fantasía. Disneyland no es sólo para los niños. Las sesiones tienen un enorme potencial para la potenciación de la fantasía. Los disfraces, rituales, escenarios, objetos sexuales y elaborados decorados pueden revelar la riqueza de la vida interior creativa y hablar de una necesidad humana muy real para el juego de fantasía. Estas fantasías son portadoras de una amplia gama de sentimientos humanos: el control, ser controlado, provocar, ser humillado, jugar, rogar, y alcanzar consuelo en los confines de las necesidades mundanas de la vida cotidiana. Representan un paréntesis en la realidad normal, que es una necesidad ocasional de todas las personas sanas.
Por último, el sumiso y la sumisa logran el equilibrio tras una buena sesión. A la experiencia de la receptividad y la sensibilidad, el imperativo occidental cuenta que se ha de ser fuerte, racional, insensible y estricto. La fuerza puede ser una carga terrible. Las personas desean soltarse y dejarse ir.
Pregunta: ¿Qué elementos de la sesión BDSM, en su caso, pueden ser psicológicamente problemáticos?  
In certain individuals, psychological processes such as impairment in reality testing and a split in the integrity of the personality can occur. En algunas personas, pueden ocurrir ciertos procesos psicológicos, tales como el deterioro al analizar la realidad o una escisión en la integridad de la personalidad.
Pregunta: ¿Qué significa eso en castellano?
La esclavitud a una fantasía que es repetitiva es una subversión de la verdad. El individuo puede comenzar a tener una capacidad menor para funcionar de manera óptima en el mundo real. Se puede erosionar el reconocimiento y la aceptación de límites razonables. La negación de la verdad provoca que los problemas y los conflictos deben resolverse dentro de uno mismo, no a través de la introducción de algún otro poder mágico o a través de la autoridad que tenga alguien sobre el comportamiento de otra persona; esto puede ser perjudicial para la capacidad de una persona para tomar buenas decisiones.
Vemos este tipo de deterioro del sentido de la realidad continuamente en la escena D/s. Una mujer sumisa se divorcia de su marido, y lleva a sus hijos por todo el país para vivir con un hombre que conoce en la red. Él tiene la esperanza de ser un maestro benigno que intuirá y satisfacerá los más profundos deseos y necesidades de su sumisa. Sin embargo, cuanto más fuerte es la necesidad, mayor posibilidad existe de que se den distorsiones.  Seis meses después, ella regresa a casa, sola y abatida, porque su esperanza de encontrarse con el maestro perfecto derivó en un abuso psicológico y, tal vez, físico.
Un hombre sumiso da su tarjeta de crédito a su Dómina que acumula en ella cargos frívolos. Después American Express envía la factura a su esposa, y él se encuentra con una especie de castigo que no se había consensuado.
Esta esclavitud a una visión irreal puede dividir la personalidad en dos - la parte que cree lo que es real (presente) y la parte que cree lo que es irreal (pasado). Esta "separación" da lugar a un fracaso en alcanzar una visión unitaria de uno mismo. La persona almacena objetivos, juicios, sentimientos y pensamientos opuestos y mutuamente excluyentes en diferentes sectores de la personalidad. La mente de una mujer que es una alta ejecutiva durante el día y una sumisa mansa por la noche, si no se encuentra en integrada en sí misma, puede empezar a mostrar una indecisión paralizante y soluciones autodestructivas. La energía disponible para el esfuerzo creativo y productivo se desvía, lo que resulta en una relación superficial y en una participación desganada en las actividades. Una sensación de tener un yo integrado es particularmente crítico para la gente que camina en la línea entre los mundos del mundo BDSM y el mundo vainilla.
Además, si un individuo está involucrado en una frenética búsqueda de vitalidad a través de sesiones D/s, es posible que él / ella está tratando de esconderse de la falta de vida interior. Si la sensación de vitalidad se logra exclusivamente a través del BDSM, las cuestiones que dan lugar a esta sensación de vacío interior puede terminar sin resolver, y el resto de la vida de la persona puede verse afectada negativamente. Por extraño que parezca, que a veces una persona experimente depresión en el curso de la psicoterapia puede ser un desarrollo positivo, ya que puede que significa que él / ella está comenzando a experimentar el vacío interior del que ha estado huyendo.
Pregunta: Usted ha escrito "el sufrimiento ritualizada parece ser una forma de dar sentido y valor a las enfermedades humanas". Supongo que te refieres al sufrimientoque subyace en una sesión D/s. ¿Puedes decir algo más sobre esto?
Parece que hay escasez de sufrimiento en la vida. El dolor de la impotencia, la desilusión, la pérdida, la impotencia y la limitación es una parte de la condición humana. Es mi presentimiento de que hay algo así como una necesidad universal, deseo o anhelo de entrega a la totalidad de la vida, incluyendo sus aspectos más desagradables, comunes en la psique humana. La sumisión, la pérdida de uno mismo en el poder de otro, convirtiéndose en esclavo del Amo, es el paralelismo a la disposición completa de entregarse a lo inevitable de la vida.
El escritor que más ha influido en mi forma de pensar sobre la necesidad de abrazar el sufrimiento de la vida es Carl Jung. La sumisión se puede imaginar como el cultivo de lo que Jung llamó la "sombra" - lo más oscuro, sobre todo la parte inconsciente de la psique - que no se considera como una enfermedad, sino como una parte esencial de la experiencia humana. La sombra es el túnel, canal o conexión a través del cual se llega a lo más profundo, a las capas más elementales de la psique. Pasando por el túnel, o rompiendo las defensas del ego, uno se siente reducido y degradado. Abrazar la sombra proporciona un sentido más completo de auto-conocimiento, auto-aceptación y un sentido más completo de estar vivo. La experiencia de la sombra es humillante y atemorizante, pero es una reducción a la plenitud de la vida - a la vida esencial, que incluye el sufrimiento, el dolor, la impotencia y humillación.
 Dorothy Hayden, LCSW, es una psicoterapeuta de Nueva York especializada en el mundo BDSM, fetichismo y adicción sexual.  Ella recibió su RSU Universidad de Nueva York y su formación psicoanalítica en el Centro de Postgrado para la Salud Mental. Se puede contactar con ella en dhayden@nyc.rr.com

viernes, 22 de octubre de 2010

¿Enfermedad?


No hace mucho, le explicaba a un amigo que yo necesito ofrecer mi sumisión, bien como sumisa, bien como esclava. Que la sumisa que vive dentro de mí, debe expresarse también de vez en cuando.

Continuando la conversación, en un momento dado me afirmó que, aunque no comprendía muy bien esa necesidad mía, podía afirmar que yo no estaba enferma.

Esto me dejó fuera de combate. Yo daba por supuesto, que no lo estaba, no me era necesario que nadie me lo confirmara. Así que, como decían por ahí, aclaración no pedida, acusación manifiesta.

Así que, aunque ya conocía la normalización de estas prácticas por parte del DSM-IV, he vuelto a buscar referencias al respecto. No sólo he obtenido la confirmación, sino que me ha hecho gracia comprobar que la tan cacareada Vieja Guardia, al principio la formaban única y exclusivamente gays. O, al menos, eso dice la Wikipedia.

También he encontrado un artículo que, aún a riesgo de ser largo, copio y pego aquí:


Es el sadomasoquismo una patología mental?


DIMENSIONES PSICOLOGICAS DE LA ENTREGA MASOQUISTA

Por Dorothy C. Hayden, CSW

Hace algunos años, en relación a mis trabajos sobre la adicción al sexo, un grupo de sumisos empezaron a acercarse a mi para recibir tratamiento. Algunas de estas personas eran extremadamente renuentes a discutir las razones por las que buscaban terapia: también estaban tan avergonzados de sus fantasias y sus conductas, que me llevó años de trabajar con ellos hasta que pude saber sus verdaderos nombres, o sus números de teléfono. Aquellos pacientes que pudieron ser directos y abiertos acerca de sus conductas masoquistas y sus fantasías, estaban tan confundidos como yo. Uno de mis pacientes me dio por escrito, luego de meses de resistencia, una fantasía masoquista, y me dijo: “Aquí está. Esta es la razón por la que vine a terapia. Es terrible. Es enfermo. Lo odio, es mi fantasía favorita. No lo soporto, lo amo. Es asqueroso, no quiero terminarlo”.

Aprender acerca del mundo S&M fue una experiencia invaluable para mi. Tengo que admitir que, viéndolo desde la perspectiva de lo que yo conocía acerca de la naturaleza del individuo (self [1]), el masoquismo me intrigaba, dando por tierra con todo lo que era racional acerca de la naturaleza de la personalidad humana. La gente quiere ser feliz, y evitar el dolor y el sufrimiento. Buscan mantener e incrementar su control sobre si mismos y su entorno. Y desean mantener e incrementar su prestigio, respeto y estima. Visto desde la perspectiva de estos tres principios acerca del individuo, el masoquismo es una paradoja deslumbrante. El yo (self) se desarrolla para evitar el dolor, pero el masoquista busca el dolor. El yo (self) pugna por el control, pero el masoquista busca renunciar al control. El yo (self) apunta a maximizar su autoestima, pero el masoquista deliberadamente busca la humillación.

DESTAPANDO UN MUNDO

Escuché historias de latigos, varas, potros, CBT, cera caliente sobre piel desnuda, aparatos electrónicos diseñados para provocar el nivel preciso de dolor, la dificultad en hallar al Ama adecuada, y la sorprendente cantidad de “mazmorras” que existían a unas pocas cuadras de mi oficina en pleno centro.

Además, los hombres me hablaban de la frustración de no poder interesar a sus esposas o parejas (que tomaban estas actividades sexuales como perversas) en participar de las conductas sexuales que tanto deseaban. Sospecho que había un gran número de personas que sentían una tremenda vergüenza y aislamiento debido a sus deseos de sumisión masoquista. Decidí revisar la literatura clínica sobre el masoquismo, para munirme de un mejor entendimiento psicodinámico sobre por qué estos hombres, que tan asiduamente se sentían atados por la vergüenza, estaban tan dispuestos a ser dominados, heridos, torturados por fuertes mujeres dominantes.

Esto es lo que mi investigación reveló: de acuerdo al Manual de Diagnóstico y Estadística de la Asociación Psiquiátrica Americana (la biblia de los psicólogos) [DSMIV , por su sigla en inglés [2]], cualquiera que participa regularmente en sexo masoquista está mentalmente enfermo, por definición. Hay una larga tradición de considerar al masoquismo como la actividad de individuos mentalmente enfermos. Freud describió el masoquismo como una perversión. Uno de sus seguidores relacionó el masoquismo con el canibalismo, la criminalidad, la necrofilia y el vampirismo. Otro dijo que todos los neuróticos son masoquistas. En breve, la perspectiva clínica siempre consideró a los masoquistas como seriamente desquilibrados.

EL ENFOQUE TERAPEUTICO

Krafft-Ebing, el psiquiatra del siglo XIX que acuño el término, incluyó el masoquismo bajo el amplio título de “Patalogía General”, en su famoso volumen Psychpath Sexualize, en 1876. El masoquismo se volvió un fenómeno patológico, sexual y psicopático todo a un tiempo.

“Por masoquismo, entiendo una perversión particular de la vida psico-sexual, en la cual el individuo afectado, en sentimiento sexual y en pensamiento, es controlado por la idea de estar completa y incondicionalmente sujeto a la voluntad de una persona del sexo opuesto, siendo tratado por esta persona como un Amo – humillado y abusado. Esta idea está matizada por un sentimiendo de lujuria; el masoquista vive en fantasías, en las que crea situaciones de este tipo, y frecuentemente intenta llevarlas a cabo. Debido a esta perversión, su instinto sexual se vuelve más o menos insensible a los encantos naturales del sexo opuesto – incapaz de una vida sexual normal – físicamente impotente”.

Prácticamente es un dogma del pensamiento psicoanalítico, que el masoquismo es la condición sexual en la que el castigo es necesario antes de poder alcanzar la satisfacción. Freud entendió que el fenómeno resultaba de un “sentimiento inconsciente de culpa”, como una “necesidad de castigo de parte de una autoridad paternal”. En sus escritos de 1919, Freud fundó el génesis y el punto de referencia del masoquismo en el complejo de Edipo. El masoquismo, según él, empieza realmente en la sexualidad infantil, cuando el deseo de una conexión incestuosa con la madre o el padre debe ser reprimido. La culpa aparece en este momento, en conexión con los deseos incestuosos. La figura paternal se convierte entonces en el dador de castigos en vez de amor, y aparece en deseos de golpizas y azotes. La fantasía de ser golpeado resulto así el punto de encuentro entre el sentido de la culpa y el amor sexual. Más allá de que implique dolor literalmente o no, el castigo deseado por el masoquista es disfrutado en sí mismo. Tanto el castigo como la satisfacción, ambos producen placer –y humillación. Freud, refiriéndose al masoquismo como una “perversión”, lo enterró para siempre en el ghetto de lo aberrante y “desviado” (deviant).

Mi investigación, sin embargo, no concordaba con mi realidad clínica. Las personas que se me presentaron no eran inmaduras ni inferiores. De hecho, parecía suceder lo contrario. Los masoquistas suelen ser exitosos de acuerdo a los estándares sociales: profesional, sexual, emocional y culturalmente, en matrimonios o fuera de ellos. Frecuentemente se trata de individuos con un carácter fuerte, de gran personalidad, capaces de hacer frente a las dificultades, y con un sentido ético de la responsabilidad individual. Un famoso estudio del “perfil sexual del hombre en posiciones de poder”, descubrió, para sorpresa del investigador, una gran actividad sexual masoquista entre exitosos políticos, jueces y otros hombres importantes e influyentes.

DE LA PATOLOGÍA AL ESTILO DE VIDA

Me resultó evidente que las teorías de la Psicología referentes al masoquismo eran obsoletas. En la década del 60, la homosexualidad fue eliminada del DSMIV, y fue reconocida no como una patología, sino como una elección de un estilo de vida.

Entiendo que lo mismo debería ocurrir con el masoquismo y que, como la homosexualidad, debe ser eliminada del apartado “psicopatologías”, y debe ser visto como lo que es: una elección de una forma de vivir la sexualidad. Es el objetivo de este artículo sugerir formas de entender el masoquismo, sin recurrir a teorías sobre la salud mental.

Las preguntas, sin embargo, permanecían. Me dejaba perpleja el por qué tantos hombres, criados en un cultura que valoraba la iniciativa, autosuficiencia y dominación masculinas, querían ser aliviados de estas cualidades, y rendir su voluntad a una mujer fuerte y dominante que podría torturarlos, controlarlos y humillarlos. ¿Cuál era la base de esta necesidad irresistible a rendirse y servir, a renunciar al control, a aceptar el dolor físico y la humillación emocional?

Al escuchar a mis pacientes a lo largo de los años, empecé a ver el masoquismo menos como una aberración sexual, y más como una metáfora a través de la cual la psique expresa su sufrimiento y su pasión.

Había una conexión indudable entre sufrimiento y placer, que me intrigaba.

Los clientes hablaban del extático placer de la sumisión, de la adoración, en el abandono salvaje y el escape de los restrictivos lazos de la “normalidad”.

El sufrimiento ritualizado parecía ser una manera de darle sentido y valor a las debilidades humanas. Después de todo, no hay solución de continuidad del sufrimiento en la vida humana. Nadie necesita ir en busca del dolor. El sufrir produce desesperanza, desazón, desilusión, pérdida, debilidad y limitación, son parte de la condición humana. Entiendo que hay algo como una necesidad, deseo o interés universal de rendirse completamente a ciertos aspectos de la vida humana, y que ese deseo asume muchas formas. Este apasionado deseo de rendirse forma parte en al menos algunas instancias del masoquismo. La sumisión, el perderse en el poder del otro, el ser esclavizado a un Amo, es la opción siempre disponible más cercana a ese “rendirse”.

EL “SUBESPACIO” (SUBSPACE)

Los sumisos hablan de una cualidad de liberación, libertad y esparcimiento del yo (self) en una Escena [3] , de forma similar al dejar caer las barreras defensivas. Hablan de la experiencia de completa vulnerabilidad. Creo que, enterrado o congelado, existe un deseo de que haya algo en el entorno que haga posible la entrega; una especie de capitulación del “falso yo”. El “falso yo” es una idea desarrolladla por un famoso psicoanalista, quien sostenía que la mayoría de los padres necesitan que sus hijos se comporten de formas circunscriptas, para que puedan (los hijos) recibir su amor. Para un niño, el amor paternal es una cuestión de supervivencia, y por lo tanto, el niño forja un “yo” que creen que asegurara el amor y la aprobación paternal. Este “falso yo” es usualmente el “yo” guardian. Una Escena, a veces, permite que años de barreras defensivas que sostienen al “falso yo” se derrumben. Lleva consigo un ansia por el nacimiento del ”verdadero yo”. En el fondo, queremos claudicar, “blanquear”, como parte de un ansia general de ser conocidos o reconocidos. La idea de rendirse puede ser acompañada por un sentimiento de terror o de alivio, o incluso éxtasis. Es la experiencia de estar “en el momento”, totalmente en el presente. Su objetivo último es el descubrimiento de la propia indentidad, del propio sentido de ser uno mismo, del sentido de completitud, e incluso del sentido de unidad con otros seres vivientes. El espíritu alegre, trasciende el dolor que lo provoca. El propio exquisito dolor es a veces parecido al éxtasis místico. En el contexto de esa entrega, ocurre una experiencia de sumisión auto-negada, en la cual la persona es cautivada por la pareja dominante. La intensidad del masoquismo es un testimonio vivo de la urgencia con la que una parte enterrada de la propia personalidad grita por ser liberada. La entrega no es más que la disolución controlada de las propias ataduras.

El anhelo más profundo es el ansia a alcanzar, conocer y aceptar; en un ambiente seguro que padres preocupados, disfuncionales o narcisistas no supieron proveer al niño, a edad temprana.

Las fantasías de violación, que son muy comunes, pueden tener muchos significados. Entre ellos, uno encontrará casi siempre, a veces profundamente enterrado, un anhelo de profunda entrega. El sumiso ansía y desea ser encontrado, reconocido, penetrado hasta su núcleo, de forma tal de ser real, o, como dice un analista, “comenzar a ser”.

RITUALES Y CREATIVIDAD

Además del ansia de entregarse a un sentido más real de si mismo, las conductas masoquistas tienen otro significado. La gente necesita y encuentra placer en la producción de fantasías. Pregúntenles a los empleados de Disneyland, que atienden tanto a adultos como a niños. Las Escenas tienen un tremendo potencial para potenciar la fantasía. Disfraces, rituales, escenarios, una variedad infinita de accesorios sexuales, y elaborados sets revelan la riqueza creativa de la vida interior, y hablan de la muy real necesidad humana de jugar y fantasear. Las fantasías con los vehículos de un completo espectro de sentimientos humanos: de controlar, de ser controlado, de incitar, de jugar, de complacer, y de encontrar respiro de los confines de la mundanidad de la vida ordinaria. Representan la suspensión de la realidad normal que es una necesidad ocasional de toda persona sana.

Probablemente, lo último que un masoquista aparenta es ser equilibrado. En conjunción con esta naturaleza paradójica, el masoquismo provee no tanto un estado de debilidad, sino un sentimiento de entrega, receptividad y sensitividad. El masoquismo es la la condición de entregarse completamente a una experiencia, que confronta vidas que, en nuestra sociedad occidental, son egoístas, constreñidas, racionales y competitivas. La fortaleza puede ser una carga terrible. Es una opresión, que puede ser aliviada en momentos de abandono, de dejarse caer y dejarse llevar. Así que difícilmente sea sorprendente que el llamado de las experiencias masoquistas sea tan fuerte en una cultura que sobrevalúa la fuerza del ego a expensas de una experiencia plena en todas las dimensiones de la vida psíquica.

En conclusión, creo que los terapeutas deben modificar radicalmente su enfoque al hacer psicoterapia con pacientes masoquistas. Mis colegas se quejan de que los masoquistas son difíciles de “curar”. Quiza se deba a que el paradigma desde el que estos terapeutas operan falla. El reconocimiento del valor y el sinigficado del deseo de sufrir humillaciones va en contra de la actitud predominante en psicología. El mayor impulso de las teoría y práctica modernas ha sido hacia la psicología del ego. Los valores en psicoterapia han sido apuntados, en su mayoría, a construir egos fuertes, racionales, y capaces de resolver problemas. Estos valores son sin duda importantes, pero siempre hay un precio a pagar para ganar fuerza, para ser racionales, para resolver problemas. Esto puede ser la causa de la insatisfacción que mucha gente siente luego de años de psicoterapia. Construir un ego fuerte es solo un lado de la historia; esto niega otras partes cruciales de la psique humana. La psicología moderna ha estado en gran medida centrada en ayudar a la gente a desarrollar su independencia, su fuerza, a alcanzar acciones decisivas y enfrentar adversidades. Lo que falta es prestar atención a otras dimensiones más sutiles del alma.

EL ENCANTO DE LAS SOMBRAS

El psicoanalista más afinado con los elementos faltantes del trabajo psicoterapéutico es Carl Jung. El masoquismo puede ser pensado como el ejercicio de lo que Jung llamo la “sombra” [4]. – la parte más oscura, mayormente inconsciente de la psique, que él no entendía como una enfermedad, sino como una parte esencial de la mente humana. La sombra es el túnel, canal o conector a través del cual uno alcanza las capas más profundas y más elementales de la psiquis humana. Yendo a través del túnel, o rompiendo las defensas del propio ego, uno se siente reducido y degradado. Usualmente, tratamos de llevar a la sombra bajo la dominación del yo. Abrazar la sombra, por otra parte, provee un sentido más completo del auto-conocimiento, la auto-aceptación, y un sentido más completo de sentirse vivo. La idea de Jung acerca de la sombra, involucra fuerza y pasividad, horror y belleza, poder e impotencia, rectitud y perversión, infantilismo, sabiduría y tontera. La experiencia de la sombra es humillante, y ocasionalmente aterradora, pero es una reducción a la vida esencial, que involucra sufrimiento, dolor, impotencia y humillación. La sumisión al dolor masoquista, la pérdida del control, y la humillación sirven para abrazar nuestra sombra más que para negarla. El resultado es alcanzar una vida interior que acepta y envuelve todos los aspectos de nuestro ser, y nos permite vivir con un profundo sentido de nuestro propio ser.

En conclusión, la comunidad psicoterapéutica necesita reexaminar la sumisión masoquista, para verla no como una patología, sino como un vehículo saludable para vencer rígidos mecanismos de defensa; para ceder el control a algo o alguien más grande que ellos; para alcanzar la libertad de la permeable e infatigable necesidad de cultivar, promover y asegurar el ego; para obtener algo de alivio del tener que tomar innumerables decisiones; para participar en sanas representaciones de las fantasías; y para la exploración, conocimiento y aceptación del lado “oscuro” o “sombrío” de sus personalidades. Además, muchos pacientes manifiestan haber alcanzado una pérdida de su auto-conciencia, que describen como éxtasis o bendición, en la que el individuo trasciende sus límites normales, y deja de ser consciente de si mismo según los términos usuales.

Un travestismo de nuestra profesión es que continuamos intentando “curar” un sistema de creencias y conductas que enriquece y vivifica la vida de tanta gente. El continuar “patologizando” al masoquismo al mantenerlo en el DSMIV como una psicopatología, y los esfuerzos de la mayoría de los terapeutas para “curar” al masoquismo, son en parte las causas de que continúe la vergüenza, soledad y baja autoestima de esta gente creativa, espontánea y valiente, que quiere recibir la dignidad de elegir su propia manera de vivir la sexualidad.

ACERCA DE LA AUTORA

Dorothy Hayden, MBA, CSW, recibió su título en trabajo clínico social de la Universidad de New York, y ha recibido entrenamiento clínico avanzado en el Centro de Graduados para la Salud Mental. Es psicoterapeuta de práctica privada en la ciudad de New York. Se la puede contactar a:

dhayden@nyc.rr.com

Dorothy Hayden, CSW

209 East 10th Street #14

New York, NY

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1.EL self es un concepto que no tiene un término equivalente en español. Por lo tanto es posible utilizar diversas acepciones. El sentido en inglés es el del “yo” más interno. Un yo hacia el cual nos volvemos reflexivamente. No tiene relación alguna con el concepto de yo del psicoanálisis. Se ha mantenido el término original entre paréntesis para que el lector pueda apreciar en su correcta magnitud las expresiones de la autora.

2.Para los americanos que se rigen permanentemente por normas estandarizadas el DSMIV es un patrón del cual no pueden apartarse. El uso del DSMIV se ha extendido a muchos países para facilitar diagnósticos.

3.Entiéndase “escena” como lo que nosotros llamaríamos “sesión”.

4.La sombra es uno de los arquetipos que forman parte del inconsciente colectivo

domingo, 17 de octubre de 2010

Sumiso vs. esclavo


Acabo de leer un post de rotti{URS}, sumiso de URSULA, dos personas a las que admiro mucho. Mi intención era contestarle en un comentario de su entrada, pero a Blogger le parece que son demasiadas letras, y no me lo permite. Así que voy a exponerlo aquí.

Voy a discrepar desde mi postura como esclava.
"Un esclavo ante una tarea diaria inacabada esperara el castigo, los sumisos esperamos quizás algo de indulgencia."

Ante una tarea inacabada, puedo esperar también indulgencia. ¡A saber por qué no la he terminado! Y, además de esclava, sigo siendo persona, es decir, imperfecta.
"Los límites de un esclavo en principio son más que elevados que los nuestros, el compromiso con su Dominante son mayores, ya que al Dominante se le permite un control más amplio e integro de sus vidas."
Mis límites no son más elevados que los de un sumiso. Simplemente, se los entregué a Él para que los gestione. Aunque sí que es posible que mi compromiso, por tanto, sea mayor con mi Dueño, exige una confianza total (pero no ciega. Siempre ven más cuatro ojos que dos, y eso Él lo agradece).
"El esclavo desarrolla su entrega en el absoluto (yo no tengo el control de nada), su único objetivo es como hacer más feliz y en como ser mejor para su Ama. En cambio los sumisos tendemos a pensar en el conjunto de los dos en esa ecuación."
Yo sé que si no soy feliz, no podré hacer feliz a mi Dueño. Y mi Dueño lo sabe también. Otra cuestión distinta es que sea Él quien tenga la última palabra en todo.
"Un esclavo no tiene deseos propios, un sumiso si. Cuando su Ama, hace algo más allá, lo percibe como un premio, no como una necesidad cubierta."
¿Que un esclavo no tiene deseos propios? Madre mía... ahora resulta que voy a ser un robot. ¡Claro que tengo deseos propios! Incluso mi Dueño me pregunta por ellos, le interesa saberlos. Pero también se los hago saber por iniciativa propia. Y, sí, efectivamente, considero un premio la satisfacción de alguno de ellos.
"Un esclavo ve la relación mas delineada y vacía de “atrezzos” como pueden ser los mimos por ejemplo, esto no quiere decir que no los agradezcan, pero si que lo ven y perciben como un lujo."
¿Los mimos un lujo? Ay, mi madre, ¡¡con lo mimoso que es mi Dueño!! ¿Si el Dueño es mimoso, entonces debe cohibirse con su esclava porque 'no toca'? Como esclava, necesito mimos, y eso implica que, si los veo como un lujo, no soy feliz. Y... mi Dueño no persigue mi infelicidad. Es más, te puedo decir que siendo sumisa, recibí muchísimos menos mimos. Irónico, ¿no?
"Están siempre preparados para hacer tareas no deseadas, preparados para empujar los límites, simplemente por el placer del Ama, esperando usar el total de sus habilidades, para complacerlos."
Y no, no estoy preparada para empujar mis límites. Me gustaría estarlo por mi Amo, eso lo tengo claro, pero soy humana y conozco perfectamente mis limitaciones... y mis límites. Sola, no puedo rechazarlos, por eso de prepararme se encarga mi Dueño.
"No esperan para nada que se les consulte, opinen o sientan (aunque lo sientan) simplemente no lo expresan a no ser que su Ama se lo requiera."
¿Que no espero que se me consulte, opine o sienta? Mi Dueño cuenta conmigo siempre que piensa en algo, que sabe que quizá me cueste o no me guste. Otra cuestión distinta es que opine como yo o no. Por otro lado, tampoco puedo reprimir mis opiniones ni sentimientos, y se los hago llegar. Para Él, además, conocerlos le otorga un mayor control sobre la situación, lo que siempre redunda en mayor seguridad para mí.

"El esclavo no establece límites en las actividades para con su Ama. Los sumisos, tenemos límites duros que un Dominante no puede cruzar del todo y límites suaves que pueden ampliarse… previa conversación al respecto. El esclavo se limita solo ha aceptar, ni tan siquiera sugerirá que no puede “jugar” de ese modo o con un determinado artilugio."
Verás, la diferencia es que yo le entregué todos los límites a mi Dueño para que Él los gestione. Y a mí Dueño le gusta que yo tenga iniciativa. Para todo lo demás, las muñecas hinchables están bien, no se quejan, no piensan... pero no creo que sea lo que Él busca.
"El esclavo nunca se planteara finalizar una relación, aunque disponga de los medios y herramientas para ello (las tiene porque se fijaron antes de la entrega de collar)"
Sé que es posible que esta relación tenga un final, porque Él decida romperla o porque un día quizá yo no quiera continuarla. Sin embargo, también soy consciente de que, en este último caso, tendría que pedirle a Él que me liberase, no podría irme sin más. Pero estos pasos tuve que seguirlos en su día como sumisa.
"El factor que nos diferencia son las visiones que tenemos de los límites de la sumisión, un esclavo no establece ninguno, un sumiso si, la diferencia esta en el factor personal… en uno existe… en el otro no."
El factor que nos diferencia, en mi humilde opinión, son los límites. Un esclavo deja los límites en manos de su Amo, lo que implica una mayor confianza, y exige de Él responsabilidad, cautela, paciencia. Un sumiso no, se guarda alguno para sí (lo que no implica que su Amo no tenga que ser responsable, cauto o paciente). Por otro lado, es posible que tengas razón y, como afirmabas al principio, también influya la manera de entregarse, de vivirlo... Pero estas son cuestiones tan personales, que no me atrevo a generalizar.

Y, efectivamente, una cosa no es mejor que la otra. A cada cual, lo suyo.

Un beso grande para ti, rotti{URS}, y también para tu Señora URSULA

PD: La otra opción es que quizá yo no sea esclava, y sin embargo, lo soy.

martes, 12 de octubre de 2010

Pin Ups rusas

Hoy salí a navegar por ahí de nuevo. Y por esos mares de internet, encontré las ilustraciones de Valery Barykin. No las conocía, pero el erotismo que desprende cada imagen, me encantó, aunque no se encuadren de manera estricta dentro del BDSM.

Aquí os dejo algunas muestras:












Lo he tomado vía English Russia.

sábado, 9 de octubre de 2010

Autosecretos


Sumisa... Comprobar que una tiene mucho que descubrir de sí misma y que, en muchos aspectos, se trata de una completa desconocida. Existe un lado oculto en la imagen que te devuelve el espejo. Ese doble fondo consta de distintos compartimentos, cada uno con su llave particular y especial.

Una, que nunca supo de cerrajería, prueba con distintas llaves. Algunas dejan salir la necesidad de sumisión, la iniciativa para dar el paso y dejan vislumbrar el potencial sexual que anda por ahí (sí, en la D/s también se da el sexo, que en ocasiones parece un tabú hablar de sexo si el tema es el BDSM). Otras dejan salir a esa sumisa de manera natural, y la sitúan, por fin, en su rol, de manera íntegra y plena.

Y todas ellas, sin excepción, me muestran facetas inesperadas de mí, una suerte de Mr. Hyde pero sin el lado tenebroso que le acompaña; más bien, luminoso.

Desconozco si a otros/as sumisos/as o Dominantes les sucede lo mismo... ¿Quién me aclara la duda?

viernes, 8 de octubre de 2010

La clepsidra


La esclava caminó hacia la clepsidra, y le gritó:

- ¡Tú, vasija tramposa, que bailas con el tiempo a tu antojo, deja que mi minuto tenga 60 segundos exactos, ni 300 ni 20, sólo 60!

La clepsidra, goteó un par de alfileres de agua por toda respuesta. Cuando llegaron al suelo, formaron una imagen que decía:

- ¿Quién te dice que mi minuto no es exacto, esclava?

La esclava, sin esperar a que terminara la pregunta, respondió airada:

- ¿Cómo va a serlo? Cada vez que voy a verle, corres más lento. Y, sin embargo, cuando ya le he visto, vas tan deprisa...  Tiene que ser una broma pesada tuya.

Por el pequeño orificio de la vasija salió, lentamente, otra gota, larga, transparente, fresca, que también fue a posarse al suelo, donde formó otra idea:

- Yo pertenezco al tiempo, y con su misma exactitud respondo. Esclava, tú perteneces a Otro, no me pidas que aplique Sus baremos ni los tuyos.

La esclava bajó los ojos, azorada. Las manecillas de su reloj ya no estaban.

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