lunes, 17 de junio de 2013

Protocolos bedesemeros


Cuando me adentré en el BDSM, supe de eso que llaman "el protocolo", y que puede ser más o menos estricto y variar en mayor o menor medida.

Como recién llegada, eso de tratar de usted al Amo, de no mirarle a los ojos, de llamarle siempre Mi Señor, de aprenderse el repertorio "kamasutril" de posturas de la sumisa y demás añadidos, he de reconocer que me atraía mucho. Pero claro, todo eso no me salía solo: no trataba de usted a cualquier Dominante que se me cruzara y lo demás quedaba reservado, obviamente, al que fuera mi Amo... caso de que le gustara, porque de mí no salía automáticamente.

Supongo que esta actitud me llevó por senderos poco protocolarios. El caso es que, al cabo del tiempo, mi Amo y yo nos hemos dado cuenta de que sí, tenemos un protocolo y lo seguimos pero... es propio y se ha ido formando con el tiempo, conocimiento mutuo, y amor.

Así que ese Mi Señor, que nunca fue, ha pasado a una forma propia que, por respeto a nuestra intimidad, no desvelaré por aquí. Digamos, simplemente, que es una palabra derivada de Amo y adaptada a nuestras circunstancias. Del mismo modo, él no se dirige a mí como esclava, sino de otra manera también cambiada. En honor a la verdad, me llama de muchas maneras, algunas comunes por estos sitios bedesemeros, y otras no tanto.

Posturas no conozco nada más que una, la mía, que es una variante de esta, adaptada a nuestros sentimientos.

Y en cuanto a dirigirme a Él, no utilizo el usted, nunca lo hice. Recuerdo que un día "jugamos" a eso, a que yo le hablaba "de usted". No duramos mucho, la verdad, aunque reconozco que fue divertido (habrá que repetir). El usted nos alejaría teniendo en cuenta cómo somos ambos. Así que ahí queda, aparcado en un rincón.

Le miro a los ojos, me río de Él muchas veces y le hago perrerías (luego lo carga a mi cuenta, no pasa nada. Ya si eso, voy preparando la maleta para las antípodas cada vez que me huelo que quiere saldar la deuda). Eso no me hace perderle el respeto ni verle como menos Dominante. Más bien, al contrario, aumenta mi confianza en Él porque es lo suficientemente fuerte como para permitirme estas pequeñas salidas de tono.

También tenemos un saludo inicial y una despedida propias. No son ampulosos, son sencillos, cercanos y muy bonitos. Cuando alguno de los dos no lo realiza, el otro en seguida se da cuenta y le llama la atención... porque lo echa de menos, no porque considere que es una falta de respeto o de protocolo.

Sin embargo, es curioso, cuando alguno de los dos se enfada con el otro, este protocolo propio cambia ligeramente: su apelativo se convierte en un seco "Amo" (ni siquiera "mi Amo", porque en esas circunstancias no me sale otra cosa), yo paso a ser "esclava", simple y llanamente. Mi postura se convierte en obligatoria. Y mirarle a los ojos conlleva un reto que prefiero evitar (aunque no siempre, en función de lo arisca que me encuentre. ¿He dicho ya que me gusta el riesgo?) Sigo sin llamarle de usted porque nos aleja y, aún en los momentos peores, no el algo que persigamos ninguno de los dos.

Y, sí, siempre, estemos enfadados o no, Él tiene la última palabra. Para algo es el "Jefe", y en ocasiones es bastante difícil para mí comprenderlo. Pero esto va a así, ¿verdad?


lunes, 3 de junio de 2013

Postura


Lo necesitaba, pero no lo sabía, se me había olvidado. Hemos esperado, más unidos que nunca, pero en un área extraña de tierra de nadie. Por supuesto, hemos seguido siendo y actuando como Amo y esclava, aunque seamos mucho más que eso.

Y sin embargo, ha sido algo tan sencillo y, antaño tan habitual, como postrarme a sus pies, lo que definitivamente me ha devuelto a mi esencia, el pistoletazo que marca el nuevo camino pero con los zapatos de siempre o... con los pies descalzos de siempre.

Ha sucedido cuando menos lo esperaba. Ni siquiera fue una orden: fue un deseo, lo que es mucho peor, porque ante una orden, es fácil rebelarse, la propia naturaleza de la orden te lo pide; pero un deseo, sobre todo si es del Amo, solo se puede desear cumplirlo, no existe rebelión posible.

Aunque nunca he dejado de servirle de distintos modos, la que llamamos mi postura me pareció un concepto abstracto de repente. "Es fácil", respondí entre sonrisas que intentaban camuflar mi pequeño dilema. Pero no lo era. Mi postura significaba que realmente seguía permaneciendo, además de todo lo demás, su esclava. Que mi Amo y yo somos iguales, pero diferentes. Que mi orgullo, en fin, debía seguir siendo flexible ante su voluntad y doblegarse sin titubear.

Pero titubeé. Un segundo, nada más. Con la mirada, porque no me atrevía a decir nada, porque no quería decepcionarle. Mi orgullo se había endurecido. Él lo supo, y repitió su deseo acompañado de una dulzura que no daba lugar a vacilación alguna.

Y la esclava le sirvió, esta vez, como nunca antes lo había podido hacer.


lunes, 11 de febrero de 2013

Harta. El objeto de la discordia.

El objeto de todos los males

Tengo un Amo que no es un Amo, es el demonio encarnado. De hecho, para ser fieles a la verdad, yo no tengo un Amo, sino que Él me tiene a mí, esa es la fuente original de todos los males. Si fuera al revés, otro gallo nos cantaría.

Porque la cuestión no es que Él no tenga idea buena, sino que además, reincide en la idea mala con gusto y regusto. El Señor no se conforma con delinquir una vez... noooooo, qué va. Si delinquimos y gusta, repetimos, como con las natillas. ¡Con la variedad que existe en el BDSM!

Pues bien, servidora está harta, cansada y hasta los mísmisimos ovarios de los caprichos del Señor. Y es que, haciendo recuento, resulta que siempre que nos vemos, mi Señor Amo se las apaña para que el resto de la humanidad vea mi culo. Da igual si vamos en Metro, si estamos en medio de un pueblo, si en la playa aún queda gente, si el museo está que no cabe un alfiler... Siempre da igual, tiene que enseñar MI culo. Bueno, vale, es suyo también (je, tengo un Amo con dos culos, superad eso), pero la que lo lleva y sufre las penas soy yo.

¿Que llevo panties con el vestido? Él sube el vestido y baja los panties. ¿Acaso se me ha ocurrido ponerme pantalones? Abajo que van, por muy descarado que sea. ¿Que no llevo nada debajo de la falda por imperativo divino? ¡Adivina qué toca, masoca!

Una, he de reconocerlo, tiene su puntillo exhibicionista. Así que me da relativamente igual que enseñe fotos mías a sus amigotes y amigotas. Pero una cosa es esa, porque a sus amigotes no les conozco (aún, ni creo que me queden ganas si no es enmarascada y con un muro de por medio), y otra muy distinta ponerme en evidencia delante de media España. Sitio por el que pasamos, sitio que mi culo acaba visitando también "al natural".

Él dice que  claro, que con ese culo que Él tiene (y que llevo yo, que más quisiera Él, que lo siento mucho, pero no tiene na), que tiene que lucirlo y enseñarlo para que el resto de la humanidad también disfrute, que compartir es vivir, y que, qué narices, le gusta presumir de ello.

Que no digo que no, que me parece muy bien, pero que hay formas y formas. Y es que el Señor me ha hecho cada una... y no quiero ni imaginar las que me quedan aún.

Aquí la que suscribe, ha intentado alguna vez rebelarse in situ ante tamaña desfachatez (por muy Amo mío que sea, no deja de ser una desfachatez) pero os aseguro que fue peor el remedio que la enfermedad, porque si dejándome hacer, ve mi culo media España, negándome lo ve España entera y parte del resto del mundo.

Así que, después de resistirme un par de veces, he desistido y simplemente obedezco y rezo mientras, por que no lo vea nadie, que al Amo no le dure el capricho mucho tiempo, y que todo pase pronto.

¡Ese Sindicato, por favor, dónde está cuando lo necesitamos!


lunes, 28 de enero de 2013

Cómo cazar Amos

A ver, que sí, que estamos en época de crisis, y que o espabilamos, o nos comen. Que hay que estar a las duras y a las maduras, que ya está bien.

Así que, queridas amigas, aquí os dejo una lista de consejitos para cazar Amos. Todas sabemos que podemos encontrar Amos a patadas, pero que realmente merezcan la pena, vemos pocos. Y de esos que se libran de la quema, algunos son exigentes y nos rechazan, ¡encima! Habráse visto tamaña prepotencia, chulería y descaro, ellos, que tendrían que estar babeando porque una sumisa/esclava nos dignemos a saludarles.

En fin, dará la casualidad de que además, justo ese Amo exigente es el que nos pierde... ¡como si no hubiera más carne en el mercado! Pero las féminas somos así, caprichosas, y si decimos 'ese', tiene que ser 'ese' y no el de al lado. Pues bien, queridas lectoras, vamos a conseguir ese trofeo para nosotras solitas (o no, que lo mismo nos tiene preparada alguna hermanita).

1.- Ser solícita y obediente.

Sí, queridas mías, que Ellos dicen que no quieren jarrones, que quieren sumisas, pero bien que les gusta cuando no rechistamos ante sus caprichos. Si acaso, podemos hacernos las difíciles o las indignadas solo un poquito, para darle juego a la cosa, que si no, es muy aburrida.

Y, en fin, si nos exige algo que realmente nos parece terrorífico, podemos apelar a nuestros límites, lanzar la palabra de seguridad, o amenazar con la denuncia al Sindicato de Sumisas, Esclavas, y Demás Entes.

2.- Hacer como que compartes todos sus gustos.

Si esos gustos compartidos se refieren al BDSM, puede que luego te encuentres en apuros, con lo cual, te remito al último párrafo del punto anterior.

En lo demás, si le gusta la ópera y tú solo escuchas a Justin Bieber, comienza a sacrificarte e inunda tus seguramente maltrechos oídos a base de cantes líricos elevados. Eso sí, memoriza los títulos y los intérpretes. O mejor aún, estúdiate las más comunes y las opiniones que encuentres por ahí sobre ellas. Tranquila, Él no se dará cuenta de nada mientras conserves a Justin para la intimidad.

O si, por ejemplo, le fascina el estudio de los coleópteros ateos y coprófagos, tranquila. Existe Google, y si no, al ser una disciplina poco frecuente, nada será más placentero para Él que escuchar tus preguntas y comprobar tu admiración por sus respuestas... y tu rápido aprendizaje al respecto.

3.- Hablarle de otros Amos con los que también estás en tratos.

Y aunque sea mentira.

Esta técnica implica algo de riesgo. Es un órdago ante el cual, el Amo deseado puede retirarse del juego al sentirse herido o no querer poner en entredicho su orgullo.

Sin embargo, si sale bien, te verá como una joya al ser deseada por varios. Total, como los Amos no suelen hablar demasiado entre ellos (se dan alergia unos a los otros), es difícil que pueda comprobar tu coartada.

4.- Cuidarte mucho.

Mientras, queridas amigas, estemos en el mercado, debemos estar atractivas y presentables. Así que es el momento de retomar esa dieta, de echar mano de los postizos, de maquillarnos aunque no sea nuestra costumbre, ir a la pelu día sí, día también, y gastarnos un pastón en lencería y juguetitos varios.

Luego, una vez obtenida la presa (o Presa, si nos atenemos a los cánones establecidos), podemos descuidarnos un poquito con cualquier excusa. Total, ¡seguro que Él no se cuida ni la mitad de la mitad de la mitad que nosotras, y eso es injusto!

De momento, no tengo más consejitos que ofeceros. Aunque si se os ocurre algún otro, será bienvenido.

Y sin más, os dejo con una significativa imagen de lo que debe ser una sumisa/esclava, que encontré no hace mucho por un concurrido Centro Comercial. Saludos, amigas, y buen provecho.




domingo, 20 de enero de 2013

Descalza al habla



A veces, en el chat, o a través de este blog (de esta sección, en concreto), me llegan consultas de personas que están empezando en este mundo. A través del chat suelo toparme con preguntas de Dominantes o sumisos, y a través del formulario del blog, suelen llegarme dudas de sumisas.

El chat da más juego para conocer a la persona e intentar responder en la medida de lo posible, puesto que mi experiencia es la que es, propia, y subjetiva, con unas circunstancias determinadas. Las conversaciones suelen ser agradables... o no, porque la educación y el respeto son aspectos que continúan brillando por su ausencia en la mayoría de los casos, incluso aunque se esté pidiendo algo.

El formulario del blog, solo permite leer, recoger sin más. Aunque me suelen dejar la dirección de email, normalmente nunca me responden cuando he devuelto su consulta. Supongo que ese formulario sirve más de oído que escucha, u hombro sobre el que llorar, un muro anónimo donde verter pintadas que no se sabe dónde llegarán, ni importa lo más mínimo, una jarra sobre la que verter lo que uno/a lleva, sabiendo que no será juzgado/a, porque no se espera respuesta.

Y... sigue resultándome curioso cómo llegan las personas por aquí:
  • Los Dominantes, se ven atados por convencionalismos BDSMeros que creen universales e imprescindibles para participar de este mundo, tales como demostrar poco cariño hacia la sumisa, o el 24/7 con la fusta en la mano cada segundo, o el látex y el negro sí o sí, o el azotar como única meta sabiendo que no les llena... Después se encuentran con lo típico del chat: sumisas que no responden, sumisas que saltan con atiprivados groseros, o sumisas que responden de manera borde, sin razón para ello.

  • Los sumisos se suelen sentir mal: no cumplen con el rol de macho Dominante que, socialmente, deberían ejercer según su sexo. La sumisión es cosa de mujeres, no de hombres. Con lo cual, se encuentran sin saber demasiado bien cuál es su sitio, ni si lo que están haciendo está bien. A esto se le une que no debe de haber muchas Dóminas, y de entre las pocas que se encuentran, algunas solo pretenden a alguien con una tarjeta de crédito abultada que sirva de chófer y acompañante de shopping.

  • Las sumisas se suelen identificar con algún escrito de los que cuelgo por aquí, y también llegan con cierta culpabilidad. Sienten deseos de entregarse y someterse, pero no saben cómo hacerlo. También vienen cargadas de tópicos, y piensan que una sumisa debe decir a todo "sí, Amo", sin pensar, dejando de ser ellas mismas. Claro, ante esto, se dejan de ver sumisas, lo ven imposible, se frustran, y no saben quiénes son.

  • Los hombres Switchs que empiezan. A veces, ni siquiera son realmente Switchs, simplemente aún no han descubierto su verdadero rol, pero están en ello. Otras, son sumisos, pero ante la dificultad de encontrar Ama, deciden probar como Dominantes (se vaticinan fracasos...).

  • Dóminas y mujeres Switchs que empiezan, suelo encontrarme pocas, por no decir casi ninguna. Las poquísimas que conozco y con las que hablo de tarde en tarde, llevan ya cierto tiempo por estos lares, y saben lo que hay.

Así que creo que, por un lado, internet ha abierto la puerta a personas que, de otro modo, no habríamos descubierto esto nunca pero, sin embargo, también puede ser un obstáculo importante para que personas más inseguras o más sensibles encuentren su auténtico rol.

Que tengáis buena semana.

domingo, 6 de enero de 2013

No han venido los Reyes



No han venido los Reyes, sino que ha venido el Rey, que vale por los tres.

Apenas son las doce de la mañana, y ya me han preguntado varias veces qué me han traído los Reyes. Pero este año mi mejor regalo ha sido no desear nada más, porque tengo todo lo que deseaba y puedo disfrutarlo. ¿Qué más se puede pedir, si tengo la suerte de, además, de ser consciente de ello?

Pues bien, sí, se podía pedir algo más. Y el Rey, mi Rey, ha venido y así me ha hecho el mayor regalo que podía esperar: ha vuelto a recibir a esta esclava que en algún momento, no mereció serlo. Le ha devuelto a su sitio, se lo ha confirmado.Y le ha mantenido todos y cada uno de los escalones que le habían hecho llegar hasta donde estaba antes. Incluso ha añadido alguno.

Distintas razones confluyeron para crear momentos de distintos tipos:
  • Morbosos: cuando los dos queríamos entregarnos a lo que somos, y no dudamos en hacerlo, pese a la circunstancias y el entorno.
  • Sensuales: cuando explotamos sin barreras de ningún tipo, animales.
  • Duros: cuando exprimes la herida a tu esclava para sacar el pus y suturarla como tú quieres que esté.
  • Acogedores: cuando los roles no se expresan con contundencia aún. O cuando se han expresado, y necesitamos volver al nido.
  • Fascinantes: cuando sentiste más de lo que nadie había sentido hasta entonces, y vivimos los dos unos instantes muy especiales.
  • Cotidianos: cuando recuperamos la belleza de lo habitual. Y cuando dentro de esa normalidad, sabemos que seguimos siendo Tú y yo.
Y lo mejor es que, siempre que se repiten, siguen siendo únicos y especiales.

sábado, 5 de enero de 2013

Y con Él me quedé